BUSCANDO, DESESPERADAMENTE, AL LAVAPLATOS DE UN HOTEL DE PARÍS

La premiada del Certamen Universitario de Artículos de Opinión de EL CORREO y la UPV, cántabra de 21 años, estudia tercero de Periodismo en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación

George Orwell, autor de ‘1984’./E. C.
George Orwell, autor de ‘1984’. / E. C.
yolanda segura menéndez
YOLANDA SEGURA MENÉNDEZ

Descansa en Sutton Courtenay, Oxfordshire, pero para mí su imagen siempre permanecerá ligada a los cinco mil ciervos rojos de las Hébridas, en la Isla de Jura, entre las montañas de Oro, la montaña Sagrada y la montaña del Sonido, un lugar dotado de «la arrogancia del absoluto aislamiento». En torno a su casa en Barnhill, en un oasis de naturaleza y silencio, pescaba langostas, cazaba conejos, cuidaba el huerto, paseaba. Y casi perdió la vida en Corryureckan Whirpool tras naufragar en el mar tumultuoso. Este fue su mundo durante dos años, los últimos de su vida, rodeado de una belleza singular, quizá el universo necesario para transmitir a través de su Remington el mensaje que hoy, 67 años después, tanto nos inquieta.

Aquel lavaplatos de hoteles en París y Londres, desgajado por la tuberculosis, vigilado durante doce años por la policía debido a sus ideas, nos decía esto de sus vivencias tras participar en el frente de Huesca en la guerra civil española: «Las noticias de prensa no tenían ninguna relación con los hechos, ni con lo ocurrido, sino de lo que tenía que haber ocurrido. La idea de verdad objetiva está desaparecida. Muy probablemente esas mentiras pasen a la historia. Se escribirá una historia, y cuando hayan muerto los que la recuerden, se adoptará universalmente. A efectos prácticos, la mentira será verdad en un mundo de pesadilla». ¿Profecía o fábula? Nos hemos preguntado muchas veces leyendo sus obras, pero creo que en nuestra sociedad del siglo XXI reviste una palmaria actualidad en su vaticinio: manipular o destruir documentos históricos de todo tipo para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia mantenida desde el poder. ¿Caso Kennedy?

Por eso yo busco desesperadamente a ese escritor que, en su infortunio (o quizás fortunio), tuvo que trabajar de lavaplatos en 1928 hasta alumbrar, junto a los ciervos rojos de la isla de Jura, su gran obra póstuma, aparecida en 1949. Porque creo que su vaticinio cobra pujante actualidad y porque creo que necesitamos recobrar su mensaje. El incremento de ventas de sus obras registrado en Estados Unidos en un año desde la llegada de Donald Trump de un 10.000%, así lo avala. Nos rodea una sociedad monitorizada, con un millón de cámaras de grabación en Reino Unido, vulneración de la privacidad, investigación de la navegación por internet, una premeditada manipulación de datos e informaciones en los medios de comunicación... El mensaje de nuestro autor, dirigido a los periodistas, resulta estremecedor plasmado por su hijo adoptivo Richard, (adoptado en 1944), cuando visitó los escenarios bélicos de su padre en la sierra de Alcubierre: «Se honesto, lo más importante son los hechos que puedas corroborar, no la realidad como a ti te gustaría que fuera». Hoy los periodistas no tienen tiempo para comprobar los hechos y los errores se perpetúan y se multiplican en internet hasta convertirse en una verdad.

Aquel británico nacido el 25 de junio de 1903 en Motihari, India, nos dejó una hermosa definición de periodismo: «libertad de poder decir algo que los demás no quieren oír». Su hijo Richard fijó estas cinco reglas: «No usar una metáfora o símil que estés acostumbrado a leer (los lugares comunes); no usar una palabra larga pudiendo usar una corta; si sobra una palabra, elimínala; no uses la voz pasiva pudiendo usar la activa; no uses un término extranjero o científico pudiendo usar una palabra de uso cotidiano; y rompe todas estas reglas antes de escribir algo que esté fuera de lugar».

Necesitamos a George Orwell, que así es como se llama el lavaplatos de hoteles en París y Londres al que nos estamos refiriendo, porque su obra ‘1984’ escrita en la isla de los ciervos rojos cobra rabiosa vigencia y verosimilitud por el transcurso de la historia desde que la alumbró con su Remington en Barnhill. Los ministerios del Amor, de la Paz, de la Abundancia y de la Verdad tienen perfiles muy reconocibles en nuestra sociedad. Por eso, me gustaría poder reinterpretarle desde la humilde tarea de lavaplatos, como voluntario en la guerra civil española, como profesor, y siempre, como visionario.

 

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