Bocados dulces en Zaramaga que desatan recuerdos amargos del 3 de marzo

La poeta Elisa Rueda lee su texto sobre el 3 de marzo en el local de la asociación en Zaramaga. /Igor Martín
La poeta Elisa Rueda lee su texto sobre el 3 de marzo en el local de la asociación en Zaramaga. / Igor Martín

El colectivo Memoria Gara hace morder al barrio su propia magdalena proustiana para recordar los crímenes de aquella señalada fecha

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Todo ocurre en el hipocampo, esa región del cerebro donde, como en una maraña de cables pelados por el paso del tiempo, chisporrotean los recuerdos a partir de estímulos. Con un sonido familiar que creía olvidado, con una imagen emborronada, con un olor, con un sabor... uno consigue recrear con absoluta nitidez un momento del pasado. Los neurocientíficos más sesudos todavía no han terminado de establecer con precisión por qué diantres ocurre esa conexión, cómo se desata esa memoria involuntaria. Proust lo describió a la perfección en 'Por el camino de Swann' (una de las siete partes de 'En busca del tiempo perdido'). Allí contaba cómo una simple magdalena esponjosa, mojada en un poquitín de té, le bastó para evocar los veranos de su infancia en Combray. Este sábado, han sido los vecinos de Zaramaga los que le han dado un bocado a su propia magdalena proustiana. Fue un bocado dulce que desató recuerdos amargos.

El colectivo Memoria Gara ha invitado a un chocolate caliente y a una magdalena para que los vitorianos evocaran sus vivencias de aquel desgraciado 3 de marzo que pesa como una losa en la memoria reciente de la ciudad. Medio centenar de personas acudieron al acto, que ha tenido un marcado aire festivo.

Además, una veintena de escritores, entre ellos Bernardo Atxaga, Antonio Altarriba, Karmele Jaio o Toti Martínez de Lezea, fueron llamados a participar en una «performance cultural literaria». «Se les ha pedido que narren sus experiencias sobre el 3 de marzo», ha apuntado Nerea Martínez, una de las promotoras de la iniciativa. La mayoría ha excusado su ausencia y ha optado por enviar textos y vídeos en los que, a través de su mirada, han reivindicado que aquellos asesinatos nunca caigan en el olvido.

Otros autores locales como Amparo Las Heras, Rosa Plazaola y Edu Zelaieta sí leyeron sus textos en el local del colectivo Memoria Gara. También la poeta Elisa Rueda, que acudió al acto con una de las cartas que, de adolescente, enviaba a su novio. «Yo tenía entonces 15 años y él estaba haciendo la mili», ha explicado antes de compartir una de aquellas misivas. «Están pasando cosas muy duras, tuve que correr delante de los grises por la calle Dato (...) Tengo miedo, que se me agarra a la garganta y escucho desde mi habitación cómo retumban las pelotas de goma».

Miguitas del pasado

Antes, cucharón en ristre, todo sonrisas, Begoña se ha encargado de servir chocolate espeso de un perol reluciente. Ella «era una cría» cuando aquel dichoso 3 de marzo de 1976 le cogió, por puro azar, en primera línea. Fue una de las enfermeras en prácticas que atendió a los heridos en la residencia Arana. «Más que un recuerdo nítido tengo muchos flashes, recuerdo los cláxones, las sirenas, los pañuelos, la sensación de estar como en una película de guerra. La policía no nos dejó salir de allí en dos días», evoca la mujer, más que dándole un bocado a la magdalena del recuerdo, masticando amargas miguitas del pasado.

Y, sin embargo, a muchos no les hace ninguna magdalena para recordar lo sucedido. Ajeno al acto convocado por la plataforma Memoria Gara, Francisco Cabezuelo rebañaba este sábado las páginas de EL CORREO al sol, en un banco del parque de Molinuevo. Él, entonces trabajador de Forjas Alavesas, estuvo en las protestas. Y, pasados 43 años, recuerda «como si fuera hoy» los «porrazos de los grises», los gritos, los pelotazos. El miedo. Para él, como para tantos otros, aquello fue un bocado amargo que nunca terminará de digerir. Por mucho tiempo que pase.

 

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