Ballestas vitorianas para un emperador europeo

Ballesta de fabricación española destinada a la guerra. Cuenta con manivela para tensar el arco y con la cureña de madera oscura./ Museo de Armas de Álava
Ballesta de fabricación española destinada a la guerra. Cuenta con manivela para tensar el arco y con la cureña de madera oscura. / Museo de Armas de Álava
Historias perdidas de Álava

Desde el siglo VIII los habitantes de Vitoria se dedicaron al comercio y a la artesanía de todo tipo, entre la que destaca la dedicada a las armas de guerra

FRANCISCO GÓNGORA

El comercio y la artesanía es lo que diferenciaba a las villas de las aldeas medievales alavesas. Desde el siglo VIII cuando se data la existencia de una población permanente en la colina los vitorianos se dedican a ambas actividades. Las principales calles toman el nombre de los distintos gremios, zapateros, herreros, correeros, cuchilleros, pintores. La vitalidad industrial debió desbordar enseguida las propias murallas. Una provisión de los Reyes Católicos fechada en Nájera el 11 de enero de 1484 desgrana la existencia de curtidores, olleros, tintoreros y barberos, que habitan «el barrio de abaxo», fuera de los muros. Con autorización real, otorgada en el mismo documento, vivían en esa zona otros ‘oficiales de manos’ tundidores, ballesteros, armeros, espaderos y coraceros. Mucha artesanía dedicada a las armas de guerra. El arco de flecha fue el arma más eficaz durante la Edad Media hasta el siglo XV cuando fue sustituido por la ballesta.

Micaela Portilla recoge en uno de sus muchos artículos una referencia muy interesante sobre las industrias del pasado con una especial mención de los ballesteros. «No podemos señalar el montante productivo de la ballestería vitoriana, pero sabemos que de sus talleres salían obras de gran aprecio y calidad. Para muestra un dato: el embajador vitoriano don Martín de Salinas quería en 1533, obsequiar al Rey de Romanos, don Fernando I de Habsburgo, luego emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con unas ballestas; tan especial cuidado había puesto en su fabricación, que escribía al Rey al enviárselas que si no quedaba satisfecho de ellas, «no esperaba en su vida que de ballesta alguna tuviese contento».

Pues bien, Salinas, conocedor de las obras de los artesanos de Vitoria, mandó aquí las vergas labradas, según dice a don Fernando «por el maestro mejor que agora hay en España, y por nunca labró tal verga como esta que V. M. se envía»; y las remitía a Vitoria para «que conforme a las vergas se hagan las curueñas»: es decir, que en nuestra ciudad se podían fabricar los mejores armazones para las mejores ballestas, destinadas a uno de los reyes más poderosos de Europa.

Artesanos alaveses

Partidas sacramentales y protocolos nos transmiten los nombres de varios ballesteros vitorianos del momento: entre ellos, algunos destacados como Juan Pérez de Oñate, ballestero a fines del siglo XV. Era padre de Marina y Juana Pérez de Oñate, las fundadoras del primitivo Convento de Santa Cruz. Juan Pérez de Oñate era conocido por el sobrenombre de ‘el ballestero’ con el que figura en la crónica de fray Juan de Vitoria. Su hijo, llamado también Juan Pérez de Oñate aparece expresamente con su oficio de ballestero entre los testigos del protocolo de compra de las casas en que sus hermanas fundaron el primitivo beaterio, más tarde convento de Dominicas. Y poco después hallamos en la nómina de Cofrades del Rosario a otro ballestero, Juan de Guevara, que debía ser hombre destacado en el oficio por el que sin duda se le conocía tanto como por su nombre en la Vitoria de 1539, año en el que se asienta, junto con su oficio, en el registro de la Cofradía. Estos y otros oficiales, recalca Micaela Portilla, mantenían la alta calidad y estima de las ballestas vitorianas cuando don Martín de Salinas escribía al rey Fernando.

No nos quedan muchas referencias de este talento constructor de ballestas. En el Museo de Armería tenemos ejemplos de buenas piezas pero no nos consta que haya alguna fabricada en Vitoria.

De toda esa tradición en Vitoria y Álava, sí nos queda la Cofradía de Ballesteros de Markinez, un bello pueblo de la Montaña Alavesa, del municipio de Bernedo que acompaña tradicionalmente a la procesión del Corpus. Ya en 1653 es denominada antiquísima con una regla aprobada por la Real Chancillería de Valladolid. El texto que se conserva, según un artículo de la Sociedad Landázuri, «es de 1759 con artículos que se ocupan de los nombramientos de los cofrades, obligaciones, ofrendas, pago de cuota en especie, etcétera». Al frente de la cofradía ha habido siempre un abad. Con el paso del tiempo, la cofradía, que exhibía ballestas, admitió arcabuceros, pero siempre asistiendo detrás de los ballesteros. Esto se debe quizá a la Real Orden de 1761, que prohibía «disparar dentro de los pueblos escopetas dentro de los dominios de España». Ello trajo que desaparecieran los arcabuces. Solo queda como huella el disparo de cohetes en la procesión.

 acompaña tradicionalmente a la procesión del Corpus. La foto es de 2007 al término de la procesión.
acompaña tradicionalmente a la procesión del Corpus. La foto es de 2007 al término de la procesión. / Auñamendi

La fiesta es muy interesante desde todos los puntos de vista. Para su preparación se recogían ramas de saúco, espadañas, hierbabuena, cola de caballo y otras hierbas y flores silvestres para adornar las ballestas y para esparcirlas por las calles por donde pasaba la procesión. A mitad de camino, según la crónica de Landázuri, se montaba un altar desde el que se daba la bendición. Antes de la misa, los ballesteros, acompañados por el tamboril o el gaitero, recogían al abad y al sacerdote en sus casas para acompañarles a la iglesia. Durante la eucaristía los ballesteros ocupaban un lugar preferente haciendo la guardia de honor, presentando armas en el momento de la consagración. Después, la comitiva salía en procesión, mientras se tiraban cohetes, con la cruz parroquial, y detrás los pendones y la custodia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos