Aviso a detractores

Pocas citas anuales como el FesTVal promocionan tanto Vitoria y sacuden de los hombros un Ensanche mortecino

Aviso a detractores
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Aviso a los detractores del FesTVal. Hay dosis suculentas de enjundia en este certamen que algunos reducen a gritos de voces agudas más allá de los decibelios aconsejables. Detrás, o delante de chillidos adolescentes como reclamos de atención para los paseantes famosos de la alfombra naranja y de gentes más talluditas entusiasmadas, asimismo, con la visión a un palmo de las celebridades catódicas existen talleres profesionales. Junto al estiramiento de brazos para los 'selfies' (llámenme antiguo por definirlos como autorretratos) que procurarán en el futuro trabajo a los traumatólogos caben cuestiones medulares y de sustancia. Pocos cónclaves anuales como éste que prologa el advenimiento del otoño promocionan tanto Vitoria en un ejercicio de proyección exterior. Y también contadas citas anuales compiten con el certamen dedicado a las pantallas (así, en plural, que ahora las hay de todos los tamaños) a la hora de sacudir por los hombros un Ensanche mortecino de lonjas cerradas y prometidas obras sin arrancar.

¿Espectáculo vital y callejero? Sí, ¿por qué no? A cada cual le asiste el derecho de hacer con su tiempo un sayo e invertirlo como quiera dentro de la legalidad. Cierto que abundantes asistentes, con predominio femenino de chicas jóvenes a la cabeza, van adquiriendo con los años la solera de expertas en 'voyeurismo' de rostros conocidos, cuerpazos en ciertos casos y vestidos de gala. Chicas que 'madrugan' con el fin de reservar los sitios que consideran propios con sillas bajas y plegables y avituallamiento para ingerir líquidos y hasta sólidos antes de que los intérpretes giren el ángulo recto entre Fueros y San Prudencio. Pero conviene recordar a quienes repudian las frivolidades que la capital alavesa, va para once años, alberga a comienzos de septiembre estrenos muy importantes que se emiten en el Teatro Principal y no en recintos de otras ciudades.

Se trata de ocupar nichos de mercado. A nadie se le ocurre competirle a San Sebastián su Zinemaldia y quizá deberíamos valorar lo nuestro. Todo cuanto distingue, por supuesto, a la capital vasca y el territorio histórico para bien -ecología urbana, equipamientos sociales, solidaridades demostradas, recuperaciones patrimoniales…- y también, insisto en el ¿por qué no?, este FesTVal que contribuye a rotularnos con trazo ancho en el mapa. Detrás de los confetis y las serpentinas hay reuniones de trabajo sobre el apasionante mundo de la reflexión y el entretenimiento.

Aquí acogemos durante seis días las muestras de un mundo cambiante, que abraza como pocos las nuevas tecnologías y abierto en abanico o cola de pavo real. De aquella televisión bicolor de dos canales por decreto apenas quedan ecos museísticos. Las nuevas plataformas, la exitosa Netflix como ejemplo paradigmático, han encontrado por fin en Vitoria un puerto de tierra adentro donde atracar. Por no insistir en la internacionalización del certamen con la serie de Telemundo y el toque local que encarna Almudena Cid, figura exportable que lo mismo clavaba un ejercicio de gimnasia que te cocina el almuerzo o ejerce de actriz.

Cómo cambian las percepciones. Aquel modo de emitir despreciado durante un tiempo (la televisión) frente al cine eterno que los dioses del celuloide mantengan por siempre en la gloria a las series -muy notables algunas- como consumo masivo de ficciones audiovisuales. Generaciones pretéritas de intérpretes que antaño utilizaban 'la pequeña pantalla' como un mal menor y alimenticio ceden el paso a nuevas camadas que no entienden el progreso de sus carreras al margen del 'nuevo' medio. El mismo del que Joseba Fiestras no teme confesarse casi un 'friki' y con el que arrancó su particular 'thriller' allá por 2009.

El certamen por el que ha tenido propuestas, también respaldadas por el dinero público, para llevárselo más o menos cerca. Sería entonces, muy probablemente, cuando los negacionistas del FesTVal se echarían las manos a las pantallas si en vez de extenderse la alfombra naranja en San Prudencio, y todo lo que ello acarrea, 'asfaltara' con su tono cálido otras breas. Aquí, donde se ha puesto de largo 'El corredor de la muerte', existe una semana al año que el corredor se llena de vida.