Ánimo de ceniza

Vista de la calle San Prudencio, donde se encuentran algunas de las lonjas vacías del Ensanche. /Jesús Andrade
Vista de la calle San Prudencio, donde se encuentran algunas de las lonjas vacías del Ensanche. / Jesús Andrade
ÁNGEL RESA

Pues ya siento pasar por cenizo, encarnación en hombre del polvo gris con el que manchan los curas la frente un miércoles de invierno. Preferiría reflejarme en el espejo como el icono risueño que irradia chispas por los ojos. Pero la compañera ha pulsado el ánimo de la resistencia -entiéndase por ella el personal dedicado aún al comercio en el Casco Viejo y, sobre todo, el Ensanche- y no puedo por menos que compartir, a mi pesar, su falta de esperanza. Ayer publicó este periódico una noticia sobre los casi tres centenares y medio de lonjas vacías en tales zonas del centro municipal geográfico y las claudicaciones sonaban exactamente a lo que son: una barbaridad.

Hay preguntas de turistas sin el menor ánimo de molestar ni meter el dedo en el ojo que castigan la ya quebrada moral del sector. Visitantes en plena calle Dato o su entorno a quienes les interesa saber dónde cae la zona de tiendas en esta ciudad. Ojo al parche, que hablamos de la antigua ‘milla de oro’ y afluentes antaño también de tronío como Postas y Fueros. Vendría a suponer, de funcionar la cosa, que le interrogaran a uno acerca de la célebre vegetación vitoriana en pleno anillo verde. A botepronto, descorazonador, ¿que no?

En algunos artículos anteriores he aludido a ese cierto gusanillo de inquietud que recorre los órganos internos de uno cuando sale del cine -prefiero las salas urbanas a las pantallas de los centros comerciales- pongamos que un martes a las diez de la noche. Mirada de mago: nada por aquí, menos por allá. Hasta cabe la posibilidad de toparse con más gente a esa misma hora en una calle de barrio que en lo que fue kilómetro y pico de gloria pasada. Y a todo esto contribuyen las farolas tenues y mortecinas que rinden tributo a la letra vieja del tango. “Y todo media luz”. Sé que responderán con el progreso de las ‘led’, pero me resisto a bajar del burro de noche por miedo a no distinguir el suelo.

 

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