Una alhaja histórica de Laguardia

Entrada antigua a la Casa Primicia, en la calle Páganos./T. R.
Entrada antigua a la Casa Primicia, en la calle Páganos. / T. R.

La Casa Primicia, datada en el siglo XV, es el edificio civil más antiguo de la villa dedicado en su origen a almacén de los diezmos de la iglesia

Tino Rey
TINO REY

Fue Sancho VI de Navarra, apodado el Sabio, quien otorgó el fuero a Laguardia mediante un legado leído en la Ermita juradera de San Martín. Era un 24 de mayo de 1164: «In nomine Domini nostri Jesu Christi.....Yo, Don Sancho, por la gracia de Dios, Rey de los pamploneses, fago esta carta a todos pobladores de Laguardia, también a los presentes como a los porvenir, en cualquier manera vos quiero buenos fueros e buenas costumbres...».

El monarca navarro marcó los límites jurisdiccionales que fijó a la villa, tierra y aldeas de Laguardia. «Se extenderán desde Salinillas de Buradón hasta el Soto de Iñigo Galíndez (Viana) y el Norte estará guardado por la Sonsierra de Navarra que se dilata entre el Ebro y los montes Altos de Álava...». Las aldeas censadas en aquellos vetustos años eran Lapuebla de Labarca, Elciego, Navaridas, Leza, Villabuena, Páganos, Samaniego, Baños de Ebro, Lanciego, Elvillar, Oyón, Moreda, Cripán, Yécora, Viñaspre, Berberana, Quintanilla, Murriat, Esquide, Las Casetas y Pazuengos. Quedó configurada así lo que es hoy Rioja Alavesa.

Don Sancho pasaba el invierno en Tudela, con el fin de soslayar los fríos del invierno, y se refugiaba en verano en Pamplona donde el rigor del sol era mucho menor. En el año 1194 cayó gravemente enfermo. Fue atendido por su alfaquín, o médico de la corte, y murió cristianamente. Fue muy llorado por sus vasallos ya que fue un rey amabilísimo y que por donde hollaban las patas de su caballo sembraba el bien y su sabiduría.

Antes de la divulgación de la Carta Magna de Don Sancho a sus súbditos en 1164 hay una pregunta que flota en el aire ¿Cómo era Rioja Alavesa? Muy poco o nada ha quedado escrito al respecto. Todo son conjeturas e hipótesis. La nebulosa del tiempo se lo ha engullido todo. Con el añadido que la gran mayoría del pueblo era absolutamente analfabeta, fue la Santa Madre Iglesia quien impregnó y manipuló a su manera a las pobres almas de la fe de Cristo.

Historiadores acreditados aseguran que fueron las legiones romanas quienes plantaron viñedos en Rioja Alavesa. Se asentaron en la ribera del Ebro a sangre y espada y se adueñaron de aquellas fértiles tierras pobladas de frutales, enebros, jaras, carrascales, encinares y de la más variopinta flora y fauna del lugar. Hay vestigios de su asentamiento en infinidad de lugares. Uno de ellos fue en Assa, a distancia de legua y media de Laguardia, donde en un arco, en la entrada de la ermita de Nuestra Señora de Assa, hoy desaparecida, inscribieron en latín una leyenda «T.Sempronio Amellianus et Pompel Materna Nurus».

En el siglo VI hay indicios de que los fieles satisfacían a la iglesia con un tributo denominado Diezmos y Primicias. En el primero se pagaban «la décima parte de los frutos o provechos lícitamente percibidos por los fieles». El segundo era la donación de los primeros frutos del campo (Primicias) que recogían en sus fincas los campesinos y labriegos. El momento histórico culmina hacia el siglo XI y XII con el máximo apogeo del feudalismo.

En el cerro donde se levantó Laguardia, una fortaleza inexpugnable para los ejércitos invasores, con sus castillos, almenas, saeteros, fosos y puentes levadizos, en la zona Norte se encontraba, tal cual hoy, la Iglesia de Santa María de Los Reyes. Y en la zona Sur, la de San Juan Bautista, que los vecinos de la villa tienen como patrón y celebran sus fiestas a lo grande el 24 de junio.

Del cabildo de San Juan

Nos retrotraemos al siglo XV donde los cabildos de ambas iglesias cobraban a sus fieles los correspondientes impuestos y prebendas. Cada una tenía sus habituales despensas donde almacenaban lo que incautaban al pueblo. Una de ellas era la casa solariega de la Primicia, sita en la calle Páganos, número 78, y perteneciente al Cabildo de la iglesia de San Juan. Era un palacete donde la madera y la piedra formaban buena parte de su estructura. Se recolectaban preferentemente trigo y centeno, cereales más comunes en Rioja Alavesa. Sin embargo, en excavaciones llevadas a cabo en esa casa, se han encontrado pepitas de uva y los moldes y estructuras de aquellas viejas prensas donde se exprimía el zumo de la uva, por lo que se deduce que los curas se dedicaban a elaborar uno de los placeres de la mesa, el vino, que también lo utilizaban para consagrarlo en sus oficios.

La Casa Primicia, sin lugar a dudas una alhaja histórica, es también por derecho propio el edificio civil más antiguo de Laguardia. Una placa en su frontispicio puesta por el Concejo hace unos años da fe de esta afirmación. Con la llegada de las Cortes de Cádiz (1812) llegó la desamortización eclesiástica y el Estado incautó muchas propiedades a la Iglesia y pasaron a ser de dominio público. Por esta causa la Casa Primicia dejó de pertenecer al cabildo de la diócesis de San Juan y no sale a pública subasta hasta 1866. Su precio de salida es de 1.500 escudos. Se le adjudica al vecino de la villa Prudencio Marzana y López por la cantidad de 4.700 escudos. A principios del siglo XX es la familia Díez Corral quien se hace con las riendas del inmueble.

Reforma en 2006

Pero el verdadero artífice del resurgir de esta mansión fue Julián Madrid Cadarso. Un viticultor versátil, amante del arte de elaborar el buen vino y cofrade de las tradiciones que le legaron sus antepasados. Se puso en contacto con la familia Díez Corral en la década de los setenta, para pactar el arriendo de aquella antiquísima casa. Firmó un acuerdo, que no fue rubricado ante notario, con una firma en un papel fue suficiente, y cumplió uno de sus grandes sueños rumiados en su juventud.

Sus hijos, Roberto, Rodolfo y Juan Ramón, recogieron más tarde el testigo a la muerte de su progenitor. Compraron la Casa Primicia y realizaron unas obras dignas de admirar (2006), respetando rigurosamente el entorno medieval del pueblo. Conservaron los lagos y la cueva (calado) donde duermen esos caldos en barricas de roble, que en un futuro próximo degustarán los muchos devotos del dios Baco.