Alarma en Vitoria. «¡Policía, unos ladrones están entrando en casa!»

Policías locales en el registro del piso franco de una banda de ladrones de pisos. /Javier Mingueza
Policías locales en el registro del piso franco de una banda de ladrones de pisos. / Javier Mingueza

Una banda accede de madrugada a un piso de San Martín con sus ocupantes dentro. La capital vasca padece la segunda oleada de robos a pisos de este verano

David González
DAVID GONZÁLEZ

Habían colocado discretos marcadores de plástico en las puertas de entrada de los pisos del edificio, enclavado en una conocida calle de San Martín. Hicieron lo propio en varios portales adyacentes. Esos testigos transparentes son su mejor aliado. Pasan desapercibidos para los inquilinos cuando acceden o salen de sus hogares.

Quienes los pusieron en la tarde del lunes fueron ladrones especializados en 'limpiar' domicilios. Volvieron, ya de noche. Que el 'chivato' -una pieza de unos pocos centímetros - siga en el mismo sitio indica que la vivienda puede estar vacía. Bien porque los ocupantes andan de vacaciones o porque no vive nadie. Descartan aquellas casas en las que los marcadores se han caído ya al suelo. No quieren imprevistos. Pero en la madrugada de ayer, tras ingeniárselas para sortear la barrera del portal, al menos «dos ladrones» anduvieron de revisión por este bloque de San Martín. En una de las puertas comprobaron que la pieza de plástico aguantaba donde la habían dejado. Pensaron que disponían de vía libre. Este tipo de delincuentes busca un golpe rápido: dinero y joyas.

Según ha sabido este periódico, los desconocidos comenzaron a forzar la cerradura. Sin embargo, sí había personas en el interior. Dormían plácidamente ya que pasaban unos minutos de las dos de la madrugada. Los golpes en la cerradura les despertaron. Al parecer, también escucharon las voces de, como mínimo, «dos personas».

Ante el temor de que lograran acceder, empezaron a gritarles. Sorprendidos por la presencia de personas en el interior, los ladrones frenaron de golpe. Cogieron sus bártulos y se precipitaron escaleras abajo. «No son violentos. Huyen del enfrentamiento», describen fuentes policiales. Eso sí, el susto experimentado por la familia del piso asaltado no se lo quita nadie.

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Inmediatamente marcaron el 092, el teléfono de emergencias de la Policía Local. Alertaron del intento de entrada. El reloj marcaba las dos y cuarto. La práctica totalidad de las patrullas operativas a esas horas enfilaron hacia la dirección señalada. Aunque peinaron el interior del inmueble y continuaron por los alrededores, los ladrones se habían esfumado. Probablemente porque contaban con un cómplice, el tercer integrante de la célula, que les aguardaba en un vehículo con el motor en marcha.

El caso produce desconcierto en las filas policiales. Ni resulta habitual que estos cacos actúen de noche -en Aguirrelanda hacía meses de la última denuncia por intento de robo en piso en ese tramo horario- ni tampoco que se internen en un domicilio con personas dentro. En esta ocasión, los marcadores les jugaron una mala pasada. Continuaban en su sitio porque, indican los medios consultados, «los dueños no habían salido a la calle».

«Son nuestros ojos»

Lo que también indica el incidente de ayer es que Vitoria se halla inmersa «en la segunda oleada de robos en pisos de este verano». Desde el domingo y hasta este martes, sólo la Policía Local ha registrado media docena de denuncias de víctimas de asaltos en sus propiedades. La anterior ola data de la última semana de junio.

En Aguirrelanda lo saben y unidades especializadas como Investigación han aparcado otras vías para centrarse en esta lacra, que en estos meses se intensifica. «Pero no podemos estar en cada portal. Necesitamos que los vecinos que vean algo sospechoso nos den la alerta. Por llamar no pasa nada. Si tienen sospechas fundadas deben avisarnos. Son nuestros ojos», solicitan medios policiales.

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