LAS AGUAS QUE VOLVIERON A SU CAUCE

El embalse de Ullíbarri-Gamboa cumple sesenta años pleno de vida, y eso que su construcción despertó recelos en el valle. Abastece a Vitoria y Bilbao y les proporciona electricidad

El embalse de Ullíbarri-Gamboa es un escenario ideal para la práctica de diversos deportes naúticos./Igor Martín
El embalse de Ullíbarri-Gamboa es un escenario ideal para la práctica de diversos deportes naúticos. / Igor Martín
José Ángel Martínez Viguri
JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

Hubo un tiempo de recurrente polémica entre vecinos de provincias en torno a unas aguas cuidadosamente estancadas. El embalse de Ullíbarri-Gamboa, enclavado en un espacio natural estratégico al norte de Álava, muga con Bizkaia y Gipuzkoa, solía ser motivo de frecuente discusión por el uso que de su contenido se hacía desde el Gran Bilbao. Como si se observara en ello usurpación de un bien común. Pero la historia y los hechos, que hicieron correr ríos de tinta, pusieron las cosas en su lugar. Encauzadas. Se aparcaron los recelos iniciales y desde hace décadas se comparte la sustancia de la vida.

También pasan los años para Ullíbarri-Gamboa. El sábado, 25 de agosto, nadie le soplará las sesenta velas por su nacimiento en 1958, pero tampoco habrá quien discuta ya el valor de su existencia. Lleva una vida abasteciendo a Vitoria y Bilbao. Les ofrece lo mejor de sí mismo contenido en 1.874 hectáreas –como otros tantos campos de fútbol–. Con una capacidad de 147 hectómetros cúbicos, el gran pantano alavés reparte entre las dos ciudades y sus áreas de influencia agua potable y genera electricidad, aportes esenciales en pleno siglo XXI. 1,2 millones de habitantes, la mitad de la población de Euskadi, se nutren de los beneficios que retiene en sus entrañas. ¿Qué sería de nosotros sin él?

Erróneamente se ha ligado su construcción a la figura de Franco. Aunque fue el dictador quien lo inauguró el 25 de agosto de 1958 en un acto de apenas siete minutos junto a la presa, la idea surgió como treinta años antes. En 1926. Fue del bilbaíno Manuel Uribe-Etxebarria, un ingeniero nacionalista que, para responder a la carencia de electricidad en la creciente industria vizcaína, reparó en la magnífica orografía e hidrografía de Gamboa.

Por el precioso valle alavés discurría, y discurre, el río Zadorra, destino de afluentes y arroyos que bajan de los montes cercanos. Vamos, un caudal inagotable. A 500 metros de altitud sobre el nivel del mar, el salto de agua natural hacia la costa cantábrica era y sigue siendo idóneo para generar la necesaria energía hidroeléctrica. Esta se produce en la central de Barazar desde hace lustros.

Franco paró unos minutos ante la presa para la inauguración.
Franco paró unos minutos ante la presa para la inauguración. / A. M.

Así lo vio entonces Uribe-Etxebarria, cuya primera solicitud para crear Ullíbarri-Gamboa encontró la negativa del Ministerio de Obras Públicas por lo inapropiado de desviar flujos entre cuencas. Pero en 1934 el Gobierno de la II República ya sí le autorizó a ejecutar el primer gran trasvase de aguas en España. Sin embargo, la Guerra Civil abortó sus planes y el emprendedor vizcaíno marchó al exilio. En 1945, en una dudosa operación mercantil, la imponente Altos Hornos de Vizcaya (AHV) le compró la licencia y dos años después, en 1947, la filial de esta, Aguas y Saltos del Zadorra, comenzó la grandiosa infraestructura.

Diez años de construcción

Con los trabajos empezaron también los problemas. Y los recelos entre los muchos afectados. Con el tiempo, 630 vecinos fueron expropiados y poco menos que forzados a dejar sus casas, el ganado y las tierras que los sustentaban a cambio de indemnizaciones que no en todos los casos fueron justas. Con el dinero marcharon a Vitoria, Eibar o Alto Deba, al ámbito industrial, a reiniciar sus vidas.

El lago artificial se tragó una docena de localidades, cuyos restos aún son visibles en época de sequía. 3.500 obreros llegados de toda España se emplearon en los diez años que duró la construcción más emblemática de cuantas ha soportado Álava en su historia. Unos cuantos murieron. Se removieron 1.100.000 metros cúbicos de tierra hasta el llenado, el 20 de abril de 1958, de tan inmensa cubeta, hoy la principal reserva de agua de consumo humano para Álava y Bizkaia. La factura ascendió a 1.500 millones de pesetas.

En 2008, la historiadora Txus Bilbao, vecina de Ullíbarri, escribió el libro 'A 50 años de...', en cuyas páginas recuerda las vicisitudes del pantano. Reconoce a todas aquellas personas que de una manera u otra intervinieron y les agradece «darnos la oportunidad de vivir un gran desarrollo demográfico y económico». Otro del lugar, Josemari Velez de Mendizabal, presidente de los Celedones de Oro, se refiere al embalse como «el anuncio del gran cambio social que sufre Álava esos años». Ullíbarri-Gamboa es hoy algo más que un manantial. Es un remanso de ocio y paz al mismo tiempo. Un paraíso a unos pocos kilómetros de la ciudad verde.

Ocho jóvenes ahogados un mes antes de la inauguración

De los dos embalses del Zadorra, el de Ullíbarri-Gamboa ha ahogado en seis décadas la vida de más de setenta personas, en su mayoría bañistas y navegantes que acudieron a él a pasar un día de 'playa' y acabaron sorprendidos por la fatalidad. La mayor de las tragedias sucedió un mes antes de su inauguración. El 25 de julio de 1958, ocho guipuzcoanos de entre 21 y 30 años perecieron al zozobrar su embarcación por una feroz tormenta que se desató inesperadamente.

Formaban parte de un grupo de treinta amigos del Alto Deba que habían disfrutado de un soleado Día de Santiago en la isla de Zuaza comiendo cangrejos. Prepararon el regreso por tandas. La primera, siete chicas y dos chicos para remar. Por un repentino y voraz cambio del tiempo, naufragaron cerca del viejo molino de Landa, a unos 300 metros de tierra firme. Un noveno ocupante de la chalupa tuvo la suerte de alcanzar la orilla, pero no la de salvar a su hermana, que falleció, como otros siete conocidos.

El único superviviente, José María Echevarría, recordó así la tragedia años después. «Traté de sacar a Julita, que no sabía nadar, y le dije que se agarrara a la parrilla del bote. Pero debió golpearse en la cabeza y la perdí. Creo que se enganchó a un árbol del pinar sumergido. Se echó la niebla y empecé a gritar... Nos vieron desde el jardín de Nanclares de Gamboa. Llegué agotado a la orilla».

Monolito en Landa

Siete mujeres y un hombre, todos de Escoriaza, excepto una joven de Eibar, se hundieron bajo el agua. La tormenta y la maleza dificultaron las posteriores tareas de auxilio. Mientras llegaban las asistencias desde Vitoria, algunos bañistas se lanzaron en ayuda, sin conseguir su propósito. Se sumaron luego hombres-rana de Bilbao y San Sebastián y dos motoras de Mutriku provistas de garfios. El último cuerpo fue recuperado diez días más tarde.

En recuerdo a las ocho víctimas, el Ayuntamiento de Escoriaza levantó un monolito con forma de quilla atravesada por un obelisco en la carretera de Vitoria a Landa.