Agnosticismo civil

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

La semana pasada planteé el tema a las dos personas que accedieron a mantener un diálogo sustancioso para este periódico. Comenté a Elisa Rueda y a Roberto Ercilla qué harían sobre los terrenos de Vitoria ahora cautivos por la cremallera ferroviaria abierta, presuntamente liberados en el futuro, y manifestaron sus deseos de ver ahí un sólido equipamiento cultural o un gran corredor que proporcione aún más clorofila a la capital alavesa. Reconozco que formulé la pregunta con el descreimiento que otorgan tantos años baldíos y las palabras ayer del delegado del Gobierno central en Euskadi ratificaron mi 'agnosticismo' en esta materia concreta de la ingeniería civil.

El propio Jesús Loza, veterano político socialista curtido en mil asuntos públicos, vino a abundar en mi modo de contemplar la nunca sobrevenida alta velocidad bajo tierra como el guion de 'Bienvenido mister Marshall'. Muchos preparativos y quién sabe, confiemos en que no, si un paso efímero de la autoridad ¿competente? sin descender del coche. El representante del Ejecutivo que encabeza Pedro Sánchez en la comunidad autónoma puso la fecha de 2023 para soterrar el tren a su paso por Vitoria entre signos de dudosa interrogación. Peor aún, en la pregunta viajaba la negativa implícita. El mismo Loza recordó que siendo él concejal hace dos décadas ya se manoseaba la posibilidad de una promesa incumplida. O, al menos, en flagrante entredicho.

Y de esa duda bastante más que razonable habló el delegado del Ejecutivo al presentar las inversiones contenidas en un proyecto presupuestario que todavía requiere aliados. Aquí, al menos en Álava, no caerá tanto premio como en Cataluña. Incluso menos que el peso específico del territorio foral dentro del conjunto vasco. También reparó el representante gubernamental en la escasa pedrea para Foronda, en comparación con Loiu, y aludió algo así como 'corto me lo fiais' en cuanto a la devolución en abril del H-24 para el aeropuerto vitoriano. Vamos, lo que se dice una juerga de mañana, piensa uno mientras barrunta la posibilidad de fosilizarse a la espera de la alta velocidad sumergida.

 

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