Abierto hasta el amanecer en Álava

Subida al Zaldiaran, un clásico. /RAFA GUTIÉRREZ
Subida al Zaldiaran, un clásico. / RAFA GUTIÉRREZ

Miles de vitorianos tomaron discotecas y bares para recibir el 2019; otros muchos lo reciben hollando cumbres

Saioa Echeazarra
SAIOA ECHEAZARRA

Doce campanadas regadas de champán, uvas, confeti, música, emoción y, como no podía ser de otro modo, la gélida meteorología que incluye el particular paquete de ocio de la Nochevieja vitoriana. Básicamente esos son los elementos con los que la ciudad dio la bienvenida al 2019. Un Año Nuevo que los más montañeros recibieron hollando cumbres. Unos y otros disfrutaron del cambio de curso, cada uno a su estilo. Mención aparte merecen los artículos pirotécnicos, protagonistas cada vez más indeseados de una velada que muchos comenzaron prendiendo mechas y provocando escandalosas explosiones. Los petardos –sólo podían lanzarse durante 15 minutos– conformaron la banda sonora que atronó, no hubo más remedio, toda la noche. Cuando el reloj posó sus agujas en el doce, se dio por inaugurado el desmadre.

Los valores negativos del mercurio (se alcanzaron varios grados bajo cero) ni mucho menos amedrentaron a un personal que tomó discotecas, bares y salas de fiesta ataviado con sus mejores galas de fin de año. Cócteles, bolsas de cotillón, cenas frías a las tantas o el chocolate con churros con las primeras luces del 1 de enero sirvieron de avituallamiento al singular ejército de parranderos que echó mano de corbatas, vestidos y tacones de aguja, desafiando al frío y a las más que elevadas probabilidades de contraer un buen constipado. Ya se sabe, todo es poco cuando se trata de la primera juerga del año. Por ejemplo, en la sala Mitika, la velada fue redonda. «Las entradas estaban agotadas desde hace ya más de diez días. El local se llenó por completo sobre las 3.30. Fue una fiesta para no olvidar», relató Mario Blanco, uno de los Djs.

Pero antes de abarrotar bares, discotecas y salas de fiestas, y de forma previa llenar el buche con los pantagruélicos ágapes familiares, la muchedumbre se dio cita, como marca la tradición, en el epicentro de la ciudad, concretamente en el bar La Unión de la plaza de España, con el cántico de la Cirila. Una costumbre nacida en el antiguo Felipe, en su emplazamiento de la calle Fueros, que echó el cierre en el 2014. Pero su popular pasodoble no se perdió. Recogió el testigo el local hostelero de la explanada diseñada por Olaguíbel, que volvió a congregar a una gran multitud de asistentes (se contaron por centenares) a la voz de 'Soy el corneta de más pupila/ el más granuja del batallón', como vocalizaron centenares de asistentes emplazados en la fachada junto al Banco de España. La cita tuvo fines benéficos, ya que la recaudación (se donó la voluntad) se destinará a colocar paneles solares en una escuela de Benín (África).

Lleno para cantar 'La Cirila'.
Lleno para cantar 'La Cirila'. / IGOR MARTÍN

Las campanadas sonaron con ganas igualmente por el resto de la provincia, especialmente en Rioja Alavesa. Y es que Laguardia acogió una emisión en directo de ETB donde sus presentadores despidieron el año en el incomparable marco de la villa amurallada.

En Zaldiaran y Gorbea

Unos entre viñedos y otros en plena naturaleza, el 2019 amaneció soleado aunque frío en el territorio. Porque el nuevo curso también se estrena pegándose un buen madrugón y haciendo cumbre en los altos emblemáticos de la provincia, es decir, en el Zaldiaran y el Gorbea, escenarios muy concurridos cada 1 de enero. Hasta el primero ascendieron, como es tradición, 'mendizales' de todas las edades; familias y numerosos grupos de aficionados a la montaña.

También lo hicieron varios conocidos rostros alaveses que causaron expectación en la subida, como Almudena Cid, Martín Fiz o Paul Urkijo.