Un obús de la Guerra Civil en Legutio

La madre de Iraitz posa con el proyectil en la zona de obras. /
La madre de Iraitz posa con el proyectil en la zona de obras.

Los jóvenes responsables del hallazgo dieron la voz de alerta a la Ertzaintza

JUDITH ROMERO

Cuando Markel y Koldo, dos adolescentes residentes en Legutio, se acercaron a las obras de la piscina municipal de su pueblo para observar sus progresos el pasado miércoles, no imaginaban encontrar un artefacto de la Guerra Civil entre escombros y excavadoras. «Ni siquiera tuvieron que revolver el suelo: el obús estaba allí, entre unos montículos y unas vallas», explica Carlos Delgado, vecino de la localidad alavesa y padre de un amigo de los chicos.

Delgado no salía de su asombro cuando su hijo Iraitz le comunicó el hallazgo de los miembros de su cuadrilla. Tras identificar el proyectil, fotografiarse con él y mostrarlo a sus amigos, los jóvenes decidieron mantener el descubrimiento en secreto por un tiempo. «Al parecer, se fueron a casa, se informaron sobre qué modelo era en internet y siguieron hablando del tema por Whatsapp, pero a los adultos no nos dijeron nada hasta el día siguiente», afirma Delgado. Su primera reacción fue alertar a la Ertzaintza, pero los jóvenes de edades comprendidas entre los 14 y 17 años ya habían tomado esa precaución por su cuenta.

«Aún tenía la espoleta y medía cerca de 60 centímetros, así que hicieron lo correcto y dieron el aviso el jueves», relata el padre. Según fuentes del Departamento de Seguridad, se trataba de un obús de 81 milímetros, similar a los que se utilizan en los morteros. Una patrulla de la Ertzaintza se desplazó a la calle San Roque de Legutio a las seis de la tarde con el objetivo de retirar el artefacto.

Los chicos les enseñaron las imágenes que habían tomado el día anterior y los agentes entrevistaron a los obreros que trabajaban en el solar en aquellos momentos, pero no encontraron ni rastro del proyectil durante una primera inspección. «En otras circunstancias podrían haber pensado que los chicos les estaban gastando una broma, así que mi mujer y yo nos acercamos a las obras para explicarles lo ocurrido durante una segunda visita», apunta Delgado.

Dos inspecciones

La actividad de las excavadoras podría haber ocultado el obús bajo un manto de tierra durante las horas centrales de la tarde, porque cuando el retén de la Unidad Especial de Desactivación de Explosivos volvió a visitar la zona a las 21.00 no tuvo problemas para localizar el proyectil y proceder a su retirada para su destrucción posterior. «Nunca habíamos visto nada semejante, los chavales lo vivieron como una aventura», confiesa Delgado. Sin embargo, esta no es la primera ocasión en la que la Ertzaintza encuentra un obús en Legutio: en agosto de 2006 un particular halló otro de estos artefactos entre unos matorrales de una zona montañosa de la localidad. Aquel proyectil tenía una longitud de cuarenta centímetros y se encontraba «en muy mal estado de conservación», por lo que los artificieros se vieron obligados a detonarlo en el mismo lugar de su aparición.

 

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