Un 'uppercut' a la exclusión

Zacarias llegó a Vitoria desde Marruecos hace cinco años. JESÚS ANDRADE/
Zacarias llegó a Vitoria desde Marruecos hace cinco años. JESÚS ANDRADE

El programa Escuela de boxeo, de la Fundación Vital y la federación alavesa, busca la integración de jóvenes procedentes de entornos marginales, que comparten 'ring' con otros aficionados alaveses

SARA LÓPEZ DE PARIZA

En el gimnasio de Mendizorroza vuelan los puños, pero en el ambiente se respira un buen rollo y un compañerismo total. Son las siete y media de la tarde, fuera la temperatura se acerca a los 30 grados y dentro más de una veintena de chavales suda la gota gorda desde los primeros minutos del entrenamiento. Comparten su pasión por los guantes y algunos pertenecen al programa Escuela de boxeo, una iniciativa de la Fundación Vital en colaboración con la Federación Alavesa de Boxeo para la integración en la sociedad de jóvenes procedentes de entornos marginales y familias con problemas. Sobre el cuadrilátero, sin embargo, resulta imposible adivinar quién está dentro del programa y quién no.

«Al final somos como una gran familia. Se crean vínculos de amistad y los fines de semana los chavales quedan para salir a cenar, planeamos actividades o nos vamos a alguna velada», ilustra Bartolomé Torralba, máximo representante de la Federación y uno de los entrenadores de los chavales junto con Ángel García Abad, David García, Francisco Ruiz y Sabino Palacios. Pero, ¿por qué precisamente el boxeo como método de integración? Bartolomé lo tiene claro: «Inculca disciplina y respeto, es un deporte en el que reina la caballerosidad y eso al final, lo aplicas a tu día a día. Además, ayuda a canalizar la rabia y el dolor, sentimientos que muchos de los chicos llevan dentro». Los entrenamientos se realizan en grupos, algo que sin duda, favorece la comunicación entre las personas y como son mixtos permiten trabajar cuestiones relativas a la igualdad y la convivencia entre hombres y mujeres.

Zacarías Ait Ichou llegó a Vitoria desde Marruecos hace cinco años, solo. No conocía a nadie en la capital alavesa y el boxeo le ayudó a socializar y a integrarse, de hecho el gimnasio de Mendizorroza fue uno de los primeros lugares que pisó. El joven, de 32 años, ya peleaba en Marruecos y en cuanto tuvo conocimiento de la Escuela de boxeo no se lo pensó dos veces. «Al principio fue difícil, pero a la segunda semana ya sentía esto como una gran familia. Me dio una seguridad que me hubiera costado mucho más tiempo conseguir», se sincera Zacarías mientras venda sus manos con precisión antes de enfundarse los guantes. «Al final tengo más relación con ellos y les veo más que a mi madre. El estar aquí me ha abierto muchas puertas», comenta en referencia a la gente que ha conocido gracias al programa. Con ellos va al cine, queda a tomar algo y al fin y al cabo, hace lo mismo que cualquier cuadrilla. Hace tres años encontró empleo en el sector de la seguridad privada y desde entonces combina su trabajo con los entrenamientos para competir en la categoría amateur. En 2014 se proclamó campeón de Euskadi y para mantener el nivel (no aspira a pelear en profesional por la edad) entrena todos los días de la semana durante una hora y media.

'Boom' del boxeo femenino

Cuestionado sobre qué le aporta este deporte, piensa unos instantes y afirma que «me da adrenalina y me quita el estrés. Entreno el cuerpo pero también la mente, porque te obliga a pensar todos y cada uno de los golpes que das». Y animaría a otros chicos en su situación a probar la iniciativa porque «es una alternativa perfecta para que no anden por la calle y puedan caer en cosas peores como las drogas». De hecho, Zacarías ya ha metido a varios de sus amigos el gusanillo del boxeo en el cuerpo.

El convenio de colaboración entre la Fundación Vital y la Federación Alavesa de Boxeo permite, además, desarrollar un trabajo enfocado a las mujeres en una doble vertiente, como deporte de competición y como herramienta de defensa personal. «En 1995 no había ni una chica y ahora estamos viviendo un 'boom' del boxeo femenino. 2012 supuso un punto de inflexión porque fue la primera vez que apareció como deporte en los Juegos Olímpicos. Ahora vienen muchas chicas», cuenta Bartolomé Torralba.

Ana Salcedo es una de ellas y una de las primeras que llegó a lo que ahora es la gran familia del gimnasio de Mendi. «Empecé hace seis años con una amiga y después estuve un par de años como única mujer. Entré por casualidad, por probar, y me enganché. Siempre me he sentido una más», relata todavía con la respiración entrecortada tras el calentamiento. «Aquí hay muy buen rollo y tienes oportunidad de conocer y compartir experiencias con gente de otras culturas. Los viernes solemos ir a tomarnos algo después del entrenamiento», añade esta vitoriana de 30 años. En el programa participan personas de países tan diversos como Colombia, Venezuela, Cuba, Marruecos, Argelia, Rumanía, Italia o Burkina Faso. «El idioma suele ser el principal obstáculo, pero aprenden rápido. Para chicos que vienen de otras culturas el entrenar con chicas resulta chocante, pero saben que no hay otra y eso es determinante para que se integren en la sociedad vitoriana», explica el entrenador David García.

A sus 18 años, Sergio Sojo se prepara para hacerse un hueco entre los grandes en el mundo del boxeo. «¡Es el número uno!», grita su entrenador. Lleva año y medio entrenando y ya ha participado en un combate, «aunque a mis padres no les hace mucha gracia». Practica dos horas durante cuatro días a la semana para conseguir su sueño. Al igual que sus compañeros, destaca el buen ambiente reinante en el gimnasio y las relaciones de amistad que surgen gracias a este deporte.