Un trío que mira muy alto

Madelén Urieta, entrenadora del Araski; Martín Buesa, del Araberri, y Tony Sánchez, del Zuzenak./
Madelén Urieta, entrenadora del Araski; Martín Buesa, del Araberri, y Tony Sánchez, del Zuzenak.

El Araski, el Araberri y el Zuzenak comparten el premio ‘Alavés del mes’ de EL CORREO por sus ascensos a Liga Femenina, LEB Oro y División de Honor

OLGA JIMÉNEZ

Decía el gran José Saramago que si tenemos paciencia los hilos de la vida se unen y las cosas se cumplen como fueron soñadas. Hay sueños que culminan tras caer rendido, exhausto por el esfuerzo. En estas carreras de fondo situamos a tres clubes vitorianos que cumplen con las premisas y han llegado a la meta coronándose como absolutos vencedores. Araski, Araberri y Zuzenak han escrito una página irrepetible en el baloncesto alavés, que con el tiempo tendrá mucho más valor, pero que EL CORREO distingue con su Premio Alavés de Mayo.

Los tres proyectos nacieron «con un balón de baloncesto bajo el brazo», porque en Vitoria eso se cumple en lugar de lo del pan. En sus sueños, no exentos de todas las dificultades, siempre ha estado una añoranza llena de ambición, siempre deportiva, que desde sus máximos dirigentes ha tenido el ingrediente de la humildad y el trabajo. Los clubes humildes se han revelado en la capital alavesa, reivindicando con tres ascensos el lugar que les corresponde. Por derecho, el Araski lo ha hecho en una temporada de fuegos artificiales, donde Mendizorroza, el templo del baloncesto alavés, ha sido el rincón de la ilusión de un grupo en su mayoría con ADN vitoriano, dos americanas y una argentina de raza, Cecilia Liñeira, que han levantado de la butaca a más de uno ante su entrega.

Las guerreras de Made Urieta entendieron la solidaridad grupal como camino hacia la gloria. Y detrás, una presidenta, Livia López, que desde su profundo amor a este deporte mantiene como promesa devolverle al baloncesto todo lo que éste le dio a ella. Seguro que el desembarco en Liga Femenina no será fácil, pero demostrado queda que estas mujeres darán todo y más por consolidar una realidad.

Esa que ha colocado al Araberri en la segunda categoría del baloncesto nacional. Un ascenso a LEB Oro casi impensable. Cierto es que todo lo que llega de manera inesperada sabe mejor. De un descenso a EBA con una fractura importante en lo deportivo, a una reconstrucción de un proyecto que, sin olvidar la presencia alavesa, empezó a dar lecciones de baloncesto en la pista. Bajo la mano de un gran entrenador como Sergio Jiménez, que ha sabido exprimir hasta la última gota de baloncesto, donde vitorianos como Dani Lorenzo o Martín Buesa han brillado a un alto nivel, siempre desde la luz y el talento de un americano, Beau Levesque, que trajo el sol de su California natal al gris gasteiztarra. Comunión sin fisuras en un club que, bajo la batuta presidencial de Óscar Vázquez desde hace 22 años, quiere y puede, a pesar de la sombra alargada del Baskonia.

Discapacidad que no impide

Una de las añoranzas de Julio Roca, presidente del Zuzenak, siempre ha sido tener un equipo de baloncesto en silla ligado al Baskonia. Pensar en clave americana es ir varios pasos más allá, pero este niño de la polio siempre se ha caracterizado por su capacidad para vencer y convencer. El secreto del Zuzenak es Julio Roca. Un personaje imprescindible en el escaparate de la ciudad.

36 años después de la creación de este club, la entidad ha dado el paso, con un nuevo ascenso a División de Honor que, esta vez, asumirá con orgullo aunque consciente del desafío. Desde una estructura deportiva sólida gracias al técnico Lander Lozano, el futuro llama a la puerta con jóvenes dispuestos al relevo. Desde la normalidad y la inclusión, Zuzenak ya no es un club de discapacitados, es algo más. Es una identidad, unos valores trabajados a golpe de insistencia. Ser discapacitado ya no impide, sino que abre las puertas de la esperanza a quienes se sintieron diferentes.

El deporte como canalizador de tantos sueños, que desde la emoción que nos han trasladado los tres equipos, ha calado muy hondo en nuestro gen de baloncesto. Ese que portamos los vitorianos, desde el primer minuto de existencia. Un deporte imprescindible que identifica a una ciudad Green pero sobre todo Basket Capital.

 

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