«La anorexia o la bulimia empiezan cada vez a edades más tempranas, hasta a los 12 años»

Edgar Ilg, frente al centro de asociaciones donde tienen la sede. /
Edgar Ilg, frente al centro de asociaciones donde tienen la sede.

Edgar Ilg, psicólogo colaborador de la Asociación Contra la Anorexia y Bulimia de Euskadi, destaca que «no acudir a especialistas agrava un trastorno de alimentación»

PAULA NAPAL

Edgar Ilg, psicólogo colaborador de la Asociación Contra la Anorexia y Bulimia de Euskadi (Acabe) en Álava, afirma que las nuevas tecnologías han viralizado los trastornos de alimentación, y que aunque la ciudadanía es más consciente de que se trata de un problema de salud, las ayudas públicas y el tratamiento en centros hospitalarios es todavía muy mejorable. Estas enfermedades afectan de forma grave a 125 personas en Álava cada año y se realizan sobre ellas 1.600 consultas médicas anuales. Según Ilg, «no acudir a especialistas agrava un trastorno de alimentación».

¿Se ha notado alguna variación en la edad mínima a la que aparecen los primeros trastornos alimenticios?

Cada vez empiezan antes. Hace un tiempo, los 14 años era la edad más temprana en la que se detectaban casos. Ahora hay niños que a los 10 tienen ya trastornos de alimentación. Si la mayoría antes comenzaba con 15 o 16 años, ahora esa media está entre los 12 y los 14.

En cuánto al número de casos, ¿hay más o menos?

Más. Llevo diez años colaborando en la asociación. Si al principio atendíamos a veinte personas al año que venían buscando información, orientación o apoyo, ahora son cien.

¿A qué se debe este aumento?

Por un lado, antes la gente no era tan consciente de que se trataba de un problema. Hay gente que viene con 30 o 40 años y que empezaron con los trastornos a los 15. Todavía es una enfermedad que se esconde aunque no tanto como antes, hay más conciencia y por tanto los afectados piden ayuda. Independientemente, se han multiplicado los casos porque ha aumentado la presión social respecto al canon de belleza. También son un agravante las redes sociales, puesto que la aparición del ciberbullying el acoso escolar realizado a través de plataformas digitales ataca la confianza de muchos niños.

¿La sociedad hace todo lo que debería?

Hay cosas que se hacen mal. Últimamente el número de chicos va en aumento, aunque todavía sean minoría en proporción de un niño por cada diez niñas, debido por ejemplo a la actitud de entrenadores deportivos. Con 10 años, ya les pesan y les incitan a adelgazar, a veces con expresiones como culo gordo. Reciben una presión que no pueden manejar. Esto siempre ha sucedido en disciplinas como el ballet o la gimnasia rítmica y no se le da la importancia que debería.

Recortes institucionales

¿Y qué papel juegan las instituciones?

Están recortando en subvenciones cuando cada vez hay más gente. Además, aunque hay una unidad de trastornos de alimentación en el hospital Santiago, que está muy bien, sólo atiende a jóvenes a partir de 16 años. Si tienen menos, les derivan a la Unidad de Psiquiatría Infantil, donde les dan una cita para dentro de un mes porque están saturados y, de esta manera, se cronifica el trastorno. Lo mejor que les puede pasar es ir a peor y que a los 16 años les ingresen en el hospital. Pero en ese tiempo el niño ya ha perdido un par de cursos escolares y parte de su adolescencia. Y esto es difícil de remontar.

¿En el ingreso se hacen distinciones entre los trastornos de alimentación y otro tipo de enfermedades psiquiátricas?

Antes tenían camas reservadas únicamente para las personas con trastornos de alimentación, ahora todos van a la planta de Psiquiatría. Así, un joven con anorexia puede tener como compañero un adulto con esquizofrenia.

¿Cuáles son los primeros síntomas que se perciben en una persona que empieza con trastornos de alimentación?

Hay síntomas emocionales y conductuales. Se altera la relación con la comida, ya sea saltándose alguna al día o comiendo de forma compulsiva; la persona se empieza a preocupar mucho por su peso, está más triste e irascible y se vuelve introvertida. Puede haber también conductas compensatorias, como hacer muchísimo deporte o ir después al baño. Se debe entender que es un problema emocional, no son personas superficiales. Es un síntoma de que la persona sufre y en su origen puede haber desde abusos sexuales hasta suspender unos exámenes; y para sentirse mejor quiere verse físicamente bien. Es su forma de levantar cabeza y se acaba convirtiendo en un problema añadido.

Prohibir páginas peligrosas

Hay padres que deciden intentar cambiar la situación de su hijo desde casa sin recurrir a especialistas.

Es negativo, significa no entender todo lo anterior ni el sufrimiento que le ha llevado a ello. La conducta no es el problema, es todo lo que hay detrás. Eso acaba en desastre seguro. No acudir a un especialista agrava los trastornos alimentarios.

Todavía en España se permiten páginas web en las que se incita a tener anorexia o bulimia y se ofrecen consejos para ello.

Son peligrosas y se deberían cerrar por ley al igual que se ha hecho en Francia. No es libertad de expresión, es atentar contra la salud pública. No hay debate en si se deben cerrar páginas de pederastia, porque se atenta contra la salud física y mental de menores. Estas páginas pro anorexia y bulimia hacen lo mismo. Incluso, a partir de ahí los afectados forman grupos de whatsapp y eso es aún más peligroso porque no se puede controlar.