«Si tiramos la toalla es cuando de verdad se convierte en un desaparecido»

La madre y el hermano de Borja Lázaro no quieren que el caso caiga en el olvido./
La madre y el hermano de Borja Lázaro no quieren que el caso caiga en el olvido.

Los familiares de Borja Lázaro reclaman al Ministerio de Exteriores «más apoyo» al cumplirse 2 años de la desaparición del vitoriano en Colombia

DANIEL GONZÁLEZ

Si algo tienen claro los familiares de Borja Lázaro es que no van a tirar la toalla. A pesar de la falta de buenas noticias y de los «duros momentos» que hacen que su ánimo flaquee, no están dispuestos a perder la esperanza y rendirse. Ni siquiera cuando sólo falta un día para que se cumplan dos años de la desaparición de este vitoriano durante su estancia en la localidad colombiana de El Cabo de la Vela, en el departamento de La Guajira, una de las etapas de su viaje por Latinoamérica. «Mientras no se resuelva el caso no se puede tirar la toalla, ni nos podemos callar, porque si lo hacemos es cuando de verdad se convierte en un desaparecido. Tenemos que seguir manteniendo el caso vivo, que la cara de Borja sea visible», explica Ana María Herrero, su madre.

En estos últimos 24 meses han peleado sin descanso, siempre a la espera de esa llamada con una buena noticia, o al menos una novedad que les dé ánimo. «No puedes hacer planes para ninguna otra cosa, siempre estamos pensando en esto. Estuvimos en el Parlamento Europeo para pedir más implicación de las autoridades; en un foro que organizó Paco Lobatón en Baeza para acoger a familias de desaparecidos; en un encuentro en Arrigorriaga... Es nuestro objetivo prioritario, seguir peleando», añade. Y mañana, con motivo del aniversario, han convocado una concentración a las 19.30 en la plaza de Correos.

En ella esperan volver a recibir el apoyo que les han mostrado los vitorianos. «Eso nos ayuda a seguir, porque es difícil. Borja no está, pero su vida aquí sigue funcionando. Todo lo que le implica a él sigue en marcha», traslada su hermano, Sergio Lázaro. «Hay que tenerlo todo preparado, esperando al día en que él vuelva», añade la madre. Por eso, jamás se han olvidado de hacer la llamada correspondiente a la Ertzaintza para saber cómo prosigue la investigación en Colombia. «Ellos son los que tienen el contacto con las autoridades de allí, y nos informan que el caso sigue abierto, pero sin nuevos indicios, por lo que no hay una búsqueda activa, como al principio, sobre el terreno», plantea Sergio sin poder ocultar su decepción.

Falta de respuestas

«Confiamos en que la Policía colombiana está trabajando en ello, aunque no tenemos a nadie allí que pueda comprobarlo, y eso es lo que echamos en falta: el compromiso de las instituciones para que haya alguien allí interesándose por el caso», añade la madre. Porque a pesar de sus numerosas peticiones de ayuda al Ministerio de Asuntos Exteriores, y aunque llegaron a reunirse con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, durante la visita que hizo a Vitoria en octubre de 2014, sienten que no se está haciendo lo suficiente por parte del Gobierno central para supervisar el caso. «Se supone que cuando hay un embajador y un cónsul, que son representantes de nuestro país, tienen que implicarse», insiste la mujer, indignada por la falta de respuestas, ya que sabe que ese apoyo es fundamental para que continúen las pesquisas.

Y es que La Guajira es una región desértica en la que habita una etnia, los Wayúu, en pequeñas granjas desconectadas de los núcleos urbanos, «aisladas y con unos caminos difíciles de recorrer». Pese a que una de sus zonas es un destino turístico al que acuden los mochileros, allí abunda el contrabando de combustible, y operan desde los paramilitares y bandas criminales hasta las FARC, lo que convierte a esta zona en un punto peligroso.

 

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