Descubren la conexión entre dos grandes cuevas de Álava y Burgos

Interior de una de las cuevas conectadas. /
Interior de una de las cuevas conectadas.

El Hayal de Ponata y el Rebollar II superan los 65 kilómetros de galerías y tienen cuatro bocas

MARTA PECIÑA

Miembros del Grupo Espeleológico Alavés, GEA, y del grupo Takomano, con integrantes de Llodio, Bilbao y del Valle burgalés de Losa, lograron desobstruir a principios de noviembre la comunicación que estaba taponada por un derrumbe de veinte metros de piedras y tierra entre dos grandes cuevas de Álava y Burgos. Se trata del sistema del Hayal de Ponata, en la Sierra Sálbada alavesa, descubierto en 1983 por el Grupo Espeleológico Alavés, y el del Rebollar II, en territorio burgalés, que descubrió en 1984 el grupo Edelweiss.

El de Rebollar se encuentra justo encima del Hayal de Ponata y por el punto que estaba obstruido circula "una corriente de aire especialmente intensa", explicaron Rubén Antolín e Israel Robles, que han participado en la apertura del enlace, aunque insisten en que "es un trabajo de equipo". En ese soplido depositaron los espeleólogos sus esperanzas de conectar los dos sistemas y, finalmente, lo han logrado gracias a un duro trabajo de quitar piedras y tierra que comenzó en septiembre pasado y que ha durado varios fines de semana seguidos.

El nuevo acceso "nos permite llegar a la zona final del sistema del Hayal de Ponata", explicó uno de los artífices de la hazaña. Se trata de uno de los sistemas de cuevas más importantes a nivel estatal. Desde el descubrimiento de la boca, hace casi 30 años, se han topografiado más de 65 kilómetros de cuevas.

Llegar desde la entrada hasta el sifón terminal era muy complicado, porque obligaba "a realizar una marcha de doce horas, a dormir en el interior de la cueva, con mucha humedad, sin luz y con una temperatura bastante baja", señalaron los miembros llodianos del grupo Takomano. Por eso, la nueva conexión a través del sistema de Rebollar II proporciona un nuevo acceso al tramo final del Hayal de Ponata, que "nos tendrá ocupados durante las próximas generaciones", aseguran ilusionados. El nuevo acceso permite llegar de una manera mucho más cómoda, con una marcha de solo tres horas hasta el sifón terminal.

Aguas coloreadas

Lo que se pueda encontrar a partir de aquí es todo un misterio, pero esperan que "el número de descubrimientos se sucedan rápidamente y se coloque en el selecto grupo de las cavidades mundiales que superan los 100 kilómetros de galerías. También en el apartado deportivo nos brinda la posibilidad de realizar una de las travesías subterráneas más largas del mundo", añaden.

Por ahora, sólo disponen de algunos indicios. "El GEA hizo hace unos años, una coloración del agua para ver donde salía. Una de las surgencias se localizó en Quincoces de Yuso, a unos seis kilómetros, pero la otra lo hizo muy cerca del nacimiento del Cadagua, en Villasana de Mena, a unos 20 kilómetros".

Estas distancias, medidas en línea recta y en la superficie terrestre, apenas tienen que ver con el sistema de galerías que encontrarán bajo tierra. No hay más que recordar que las doce horas de marcha desde la entrada del Hayal de Ponata hasta el último punto explorado de esta cueva están separados por seis kilómetros en línea recta. "En algunos lugares hay desfondes de 20 metros por los que hay que bajar con cuerdas, o un río".