Así se hicieron ricos los alaveses en América

En la Cádiz que conoció Ruiz de Apodaca ya es reconocible la actual 'tacita de plata' /
En la Cádiz que conoció Ruiz de Apodaca ya es reconocible la actual 'tacita de plata'

El indiano Tomás Ruiz de Apodaca, nacido a los pies del Gorbea en Manurga, fue navegante, naviero y prohombre en México. Una de sus hijas fue retratada por Francisco de Goya

FRANCISCO GÓNGORA

América siempre fue un lugar de oportunidades desde su descubrimiento por Colón en 1492. Ya fuera bajo el dominio imperial español hasta 1898 o bajo los nuevos países surgidos de la independencia el nuevo continente mantiene el imán de la fortuna, de la aventura y del éxito para los más decididos. Una larga lista de alaveses cruzó el charco en busca de una nueva vida o mantuvo desde España una actividad ligada con la milicia, la religión o el comercio en América. Entre otras muchas obras quiero destacar Presencia alavesa en América y Filipinas, escrita por el periodista e investigador Ángel Martínez de Salazar. Más de 500 nombres de alaveses aparecen en el libro cada uno con su peripecia personal.

Una hermosa cita de Eduardo Galeano describe ese momento. Hace dos siglos que creció el mundo, y se hizo redondo, y desde entonces los perseguidores de alucinaciones se marchan, desde todos los muelles, hacia tierras de América. Al amparo de un dios navegante y conquistador, atraviesan, apretujándose en los navíos, la mar inmensa. Junto a pastores y labriegos que Europa no ha matado de guerra, peste o hambre, viajan capitanes y mercaderes y pícaros y místicos y aventureros. Todos buscan el milagro. Al otro lado de la mar, mágica mar que lava sangres y transfigura destinos, se ofrece, abierta, la gran promesa de todos los tiempos

Es el caso del mercader y aventurero Tomás Ruiz de Apodaca, un alavés, completamente desconocido, cuya vida ha sido descubierta gracias a las labores de investigación de los historiadores. Concretamente, el miembro de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP) José Garmendia Arruebarrena ha escrito un artículo dentro del libro Presencia vasca en América, editado por el Gobierno vasco, en el que se recorre la existencia de este comerciante y naviero alavés.

Navegante

Puede sorprender a alguno que haya habido una importante nómina de marineros, navieros, militares de la Armada, comerciantes coloniales nacidos en Álava, pero así ocurrió, especialmente en el siglo XVII y XVIII. Y, además, Ruiz de Apodaca dejó tras de sí una importante saga de navegantes. Garmendia hace referencia a la suerte de haber podido analizar tanto el Archivo de Indias como un archivo personal de dos mil cartas, diarios, viajes y cuentas comerciales donde Tomás ha reflejado su propia vida. No es normal contar con toda esa documentación que nos sirve además para comprender cómo se hacían las fortunas con América de fondo.

Nace Tomás Ruiz de Apodaca en 1702 en la localidad de Manurga, en las estribaciones del Gorbea, un pueblo que llama precisamente la atención por contar con una iglesia monumental, desproporcionada en volumen para una aldea. Algo que tiene mucho que ver con nuestro personaje y otros ilustres que se volcaron en hacerla muy grande.

Otro lugar importante en esta historia es Cádiz. Es el puerto de América durante el siglo XVIII y quien quiera hacer una carrera comercial debe vivir allí. Todo pasa por el puerto de la tacita de plata. En la ciudad está ya en 1716 protegido por una importante colonia alavesa. Existen compañías vascas que comercian con América o una cofradía vasca del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, fundada un siglo antes por un capitán guipuzcoano.

En este ambiente, hace su primer viaje hacia México el 7 de agosto de 1720. Llegó a Veracruz el 26 de octubre. El barco pertenecía a otro alavés, Andrés Martínez de Murguía. Iba acompañado de su amigo y paisano Julián Martínez. Tres años después, ya con 23 años, es maestre del navío Nuestra Señora de la Concepción, propiedad de Martínez de Murguía y realiza otro viaje. De nuevo a Veracruz y México donde se dedica a comerciar.

El tercer viaje se produce en 1729. El barco lleva, como curiosidad, 46 cajones de libros para el arzobispo de México. El naufragio llegó en su cuarto viaje el 15 de julio de 1733 en el canal de Las Bahamas a causa de un huracán. Durante el quinto viaje Tomás es maestre de dos buques.

En 1738 nuestro hombre vuelve a su aldea alavesa. Allí se levantaba el palacio de su protector Andrés Martínez de Murguía. Muy creyente y ya disponiendo de fortuna ordena levantar capillas e incluso la torre de la iglesia. La huella de América, su riqueza, se desparrama un poco en las estribaciones del Gorbea. La parroquia de Manurga es una impresionante catedral en tamaño. Aquellos comerciantes del siglo XVIII sentían nostalgia de su tierra y mandaban dinero para su iglesia.

Naviero

Tomás llegó a ser propietario del navío Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo, por cierto, una devoción muy vitoriana. El barco llevaba una tripulación de 133 hombres. Y cargarlo de mercancías podía costar hasta seis meses. Quintales de hierro, acero, clavazón, barriles de vino, aguardiente, almendra, azafrán, constituían las mercancías que trasportaba en uno de sus viajes. Hizo una fortuna, pero no fue fácil. En el año 1739, cuando estaba todo preparado para uno de los viajes, se declara la guerra contra Inglaterra y todas las misiones se suspenden. En total realizó once viajes siempre a Nueva España (México). Murió en el año 1767 en Veracruz, mientras realizaba la última travesía.Fue enterrado con hábito franciscano en el convento de esta orden en la ciudad mexicana. Dejó 5 hijos, entre ellos, Juan, futuro conde de Venadito, Sebastián y Vicente, todos ellos grandes marinos.

La vida de Tomás Ruiz de Apodaca ilustra sobre la manera en la que se ganaban la vida los alaveses que tenían que salir de su tierra. América era la gran promesa. En algunas cosas fue un adelantado a su tiempo. Leía muchísimo, escribía también numerosas cartas de todo tipo. Recibía la Gaceta de Madrid y Mercurio. Dejó la educación de sus hijos a un capellán. Les hizo estudiar inglés. A tres hijos los envía a la escuela de guardia-marinas.

Afincada la familia en Cádiz, los Ruiz de Apodaca fueron una de las grandes familias con vocación marinera. Sebastián llegó a ser general de la Marina. Juan, Capitán general y virrey de Nueva España, fue el famoso Conde de Venadito. En Cádiz hay una alameda Apodaca que le recuerda. Vicente también fue un ilustre militar. Una de sus hijas, María Dolores, se casó con Churruca, el héroe de Trafalgar. Goya pintó un cuadro de María Teresa Ruiz de Apodaca, hija también de Tomás.