Un informe revela que la gran secuoya de Vitoria, junto a Urkide, "está muerta"

La secuoya centenaria, enferma en su pequeño jardín/
La secuoya centenaria, enferma en su pequeño jardín

El estudio constata que un hongo ha provocado la muerte del mayor árbol de la ciudad, único catalogado de singular, pero propone conservarlo "como símbolo" dado que puede mantenerse durante años en su estado actual

SERGIO CARRACEDO

El árbol más grande de Vitoria está «totalmente muerto». Así de contundente lo afirma un informe encargado por el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación de Álava, que ha analizado las causas del mal aspecto que presenta la secuoya situada junto al colegio Urkide, único árbol catalogado como singular en la capital vasca.

Las alarmas sobre el estado de salud del ser vivo más grande de la ciudad saltaron al principio de verano cuando sus hojas se tornaron de color marrón. Desde que Juan Ibarrondo lo plantó en 1860, tras adquirirlo en la exposición universal de Bruselas de 1858, el tronco se ha ido estirando en busca del cielo hasta alcanzar más de cuarenta y dos metros de altura. Sus hojas siempre habían estado sanas, pero en los últimos tres meses, en lugar de reverdecer, el aspecto enfermizo de la conífera se ha generalizado y destaca por su languidez entre los árboles de su entorno.

El diagnóstico de los expertos ha determinado que el hongo "Armillaria mellea" está presente en el 90% de las raíces evaluadas, lo que ha producido su muerte. Ese hongo provoca que se pudran las raíces y que la planta muera por inanición, al no poder absorber agua ni nutrientes del suelo. Durante el verano, el singular ejemplar ha sufrido «una muerte» de sus hojas «muy intensa», que ha afectado de forma «muy grave» a su fisiología y a su valor general.

Los peritos aseguran que la capacidad de recuperar el árbol «es nula» y consideran que está «totalmente muerto». Sin embargo, la empresa encargada del estudio, Doctorarbol, propone su conservación total o parcial «como símbolo». Y plantea dejarlo tal y como está, limpiar el primer metro de raíces y reducir las ramas antes de que el tronco lo requiera. Una vez que la secuoya tenga una estabilidad reducida se rebajaría una parte importante de las ramas y del tronco para, en último término, dentro de 40 ó 60 años, proceder a tumbarlo y mantenerlo así hasta su deterioro final.

Posibilidad de conservación

El servicio de Biodiversidad de la Diputación, encargado de su mantenimiento -por su condición de especie singular-, no ha tomado todavía una decisión acerca de su futuro. «Estudiaremos qué se va a hacer», aunque «siempre desde el punto de vista de la seguridad», anteponen fuentes del Ejecutivo foral. «Hay que ver si se puede conservar», anuncian. El informe encargado por las instituciones aporta varios ejemplos de robles o pinos monumentales que permanecen en pie, incluso 100 años después de su muerte, algunos sin requerir «ningún tratamiento».

En el caso de que se mantenga la secuoya en el pequeño jardín junto a Urkide, no sería la primera vez que Vitoria conserva parte de un árbol de este tipo después de muerto. Hace cuatro años, en el jardín de los Echanove, en el Casco Viejo, el artista vitoriano Santiago González terminó de tallar, tras 12 meses de trabajo, una escultura en el tronco muerto de un árbol, que fue alcanzado por un rayo un año antes. La centenaria secuoya "recobró" la vida convertida en "Peregrin@", junto al viejo camino de Santiago alavés.

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