20.000 más iba

No hay mejor manera de saber cómo está el tema de la inmigración en Vitoria que sentado en un banco de Siervas de Jesús

Un par de jubilados conversan en un banco del parque de Judimendi. /Jesús Andrade
Un par de jubilados conversan en un banco del parque de Judimendi. / Jesús Andrade
Ramón Loza Lengaran
RAMÓN LOZA LENGARAN

Todo empezó como una discusión típica de jubiletas que intentan disolver su mala leche al 0,25 por ciento. El uno juzga, pues nada más la tara tiene que pesar.... pero no puede terminar de ajustar el peso; porque la tara no aparece. El otro no lo ve claro, cómo puede ser que no se vea la tara, si tienen que llevarla bien puesta. Pues no se ve y un camión de esos tiene que pesar por lo menos... pero no hay manera. El camión va en blanco inmaculado por todas partes. Apenas un dibujito con el anagrama de la empresa, pero la tara no aparece. Pero esos camiones tienen que pesar por lo menos 16 toneladas. ¡Anda, hombre!, que no puede ser tanto. Pues yo te digo que sí. Y, entonces, ¿la carga?... Uno de estos con cisterna grande, ¿cuánto puede pesar?... Pues depende de la cisterna pero si es de las grandes grandes, igual lleva 15.000 litros, o sea 15 toneladas. Es imposible... si sumas te da, por lo menos 35 toneladas...

Llegó el camión, y se le preguntó al operario por la carga. Por la tara oculta no, por no comprometerle: este camión lleva unos 15.000 litros, ¿no?... Respondió, con tanta ingenuidad como orgullo: ¡20.000! Lo ves, ¿qué te decía yo?... ¡Joé...! así se explica todo...

La controversia se producía en un banco a la entrada de la calle Siervas de Jesús. Los protagonistas, bragados cada uno en cien mil azares de la vida, se sentaban en él para ver pasar gente. Y entretenerse en formular mil apuestas falsas sobre el resultado. Me la juego a que hoy van a pasar más magrebíes que subsaharianos. Pues no, hoy es el día que pasan los sudamericanos... ¡Ya veremos! La calle Siervas de Jesús es el mejor termómetro de la ciudad para medir la presencia de llegados. Yo diría que todos, sin exagerar, pasan por ella. No hay mejor manera de saber cómo está el tema de la inmigración en Vitoria que sentado en un banco de la calle Siervas de Jesús.

Si los del 0,25% hablaban así fue porque recataron en que, de vez en cuando, ocurrían dos cosas. Una, cotidiana, que cuando llegaba el camión con los 20.000 litros más la tara incógnita, los baldosines crepitaban mientras se iban cascando a su paso; y, otra, que tras su paso llegaba la brigada del IBA, Intervención sobre los Baldosines Accidentados, para reparar los que acababan de ver escachofillados por el camión sin tarar de los 20.000 litros.

Al principio, a ellos y a nosotros, a todos los de la calle, nos hizo gracia el descubrimiento. Luego ya no. Durante un tiempo nos comentábamos, ¡mira cómo están rompiendo los baldosines el camión de regar y su compañero, el de las basuras, ¡verás lo que tardan en aparecer los del lBA...!. Pero, al cabo de los años, la cosa fue perdiendo gracia. No ya porque el suelo se fuera coloreando de mil matices sobre el original, que llevaba su diseño laberíntico muy bonito, sino porque el caleidoscopio resultante no traducía más que sensación de abandono, desidia, chapuza, remiendo, etc. Además porque las patrullas del IBA, aunque se afanaban en un cumplimiento encomiable de su función reponedora, no daban abasto para cambiar los baldosines, según los rompía el de los 20.000 más tara anónima, con lo que a la sensación ya descrita se sumaba la de ruina y desastre total.

Ya sé que, a estas alturas, están pensando muchos lectores: qué nos cuenta ese Loza que no sepamos, si en mi barrio pasa lo mismo, o peor; si no han asfaltado desde...; si los alcorques de los árboles, que son de esos que echan aceite y te desgracian el coche, está todos levantados, rotos..., etc. Cuento con ello, y me alegro porque todo es sumar. Pero yo, además de hablar de mi calle y su problema, estoy hablando de la calle más utilizada peatonalmente de todo Vitoria, lo de las bicicletas va aparte y además hoy no quiero acabar enfadado de verdad, ni diciendo pecados, que estoy escribiendo en Pascua, de la calle más activa, más empleada por todo tipo de ciudadanos/as vitorianos/as para ir y venir, para pasar y repasar, para centraer y volver a los arrabales... La calle realmente principal de Vitoria. La que, de ninguna manera, -las demás tampoco- debe mantenerse en el estado de abandono en el que está.

Y, ahora nos vamos a apartar porque vienen los 20.000 litros sobre su camionazo de peso ensombrecido. Durante un rato no vamos a poder ni hablar con el ruido que mete, así que nos vamos a ir a la plaza de la Provincia que hasta allí la manga no riega. Claro que lo haremos con cuidado. Por edad y porque, como el suelo está todo roto y los baldosines sueltos, no por falta de maña de los del IBA, y como, además, no se lo pierdan, vamos a tener que ir sorteando sus isletas, las que montan los del IBA, precisamente, para quitar algún baldosín, elegido por razones que se nos escapan de entre todos los demás para ser sustituido por otro que nunca tendrá el color del anterior y tienen que echar el pegotito de masa y poner el nuevo y dejar que fragüe, y esto ocurre por todas partes de la calle hasta convertirla en una especie de gincana, deberemos extremar el cuidado y la habilidad para no caernos; no vaya a ser que encima nos acusen de ser nosotros los causantes de romper los baldosines.