elcorreo.com
Miércoles, 22 octubre 2014
tormenta
Hoy 9 / 21 || Mañana 7 / 18 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
¿Por qué los egipcios acosan a las mujeres?

ARCA DE NOé

¿Por qué los egipcios acosan a las mujeres?

Durante las últimas revueltas contra el Gobierno de Mursi se han registrado decenas de agresiones sexuales

10.07.13 - 01:17 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
¿Por qué los egipcios acosan a las mujeres?
Un grupo de mujeres lanza consignas contra Mursi en la plaza Tahrir. /Efe

¿Por qué los egipcios acosan a las mujeres? Esta pregunta se la planteó, en octubre de 2008, Alaa Al Aswany, brillante y valiente escritor de El Cairo, en un artículo que completa el contenido del libro ‘Egipto: las claves de una revolución inevitable’ ( Galaxia Gutenberg), publicado tras las revueltas que acabaron con Mubarak. Son análisis de la etapa prerrevolucionaria, pero dan muchas pistas de un movimiento que cogió al mundo por sorpresa y que todavía hoy ha tomado un rumbo inesperado. Al Aswany habla del autoritarismo del régimen, de la brutalidad policial, de la corrupción y de la extrema pobreza, y aborda, también, la hipocresía religiosa y el acoso que sufren las mujeres. Durante los últimos disturbios, centenares de mujeres han sido agredidas sexualmente en la plaza Tahrir y en sus alrededores.

Al Aswany saltó a la aldea global en 2002 gracias a su novela ‘El edificio Yacobian’ (editorial Maeva), un complejo en el que el trabajaba como dentista, y que le sirvió para hacer un retrato de la sociedad egipcia. La obra, de la que ha vendido mas de un millón de ejemplares en todo el mundo, ha sido traducida a más de una veintena de idiomas y llevada al cine. En 2006 publicó ‘Chicago’, sobre la vida de los estudiantes árabes en Estados Unidos tras los atentados del 11-S, lo que le reportó feroces ataques de los fanáticos religiosos. Yo tuve la oportunidad de llegar a la literatura de Al Aswany de la mano de Ana Aizpiri, periodista de ETB que ha pasado un tiempo en Egipto empapándose de la cultura sociopolítica del mundo árabe. El escritor es un intelectual que merece la pena seguir: vaticinó la caída de Mubarak y predijo el final de Mursi.

Al Aswany es consciente de que existe represión sexual, retraso en la edad del matrimonio, pobreza, desempleo, infravivienda, frustración, vacío existencial y sentimiento de ausencia de justicia. En su opinión, son factores importantes, pero solo contribuyen al fenómeno. Desde su punto de vista, «la razón de fondo es el cambio en la forma de ver a la mujer». Defiende que en Egipto prevaleció una visión civilizada de la mujer como ser humano, «frente a la forma retrógrada de mirar a la mujer, según la cual ésta solo es un cuerpo deseado por los hombres y es considerada como una hembra de principio a fin. Es decir, un instrumento de placer, una fuente de tentación y una máquina para producir niños. De esto modo cualquier actividad suya fuera de sus funciones femeninas es secundaria y marginal», describe. Un periódico cairota entrevistó en una ocasión a varios acosadores y todos ellos aseguraron que «si una mujer sale a pasear en un día de fiesta es porque quieren que los hombres la acosen». Son ideas regresivas.

Pioneras en el mundo árabe

Las egipcias, sin embargo, fueron pioneras en el mundo árabe. «Fueron primeras en recibir educación, trabajar en todos los ámbitos, conducir coches, pilotar aviones y entrar en el Parlamento y en el Gobierno». El escritor recuerda que tras la gran revuelta egipcia de 1919 contra la ocupación británica, la pionera Hoda Shaarawi «se quitó el burka turco en una celebración pública como símbolo de que la liberación del país era inseparable de la liberación de la mujer». El cambio lo sitúa Al Aswany a finales de la década de los setenta, cuando los egipcios cayeron bajo la influencia de las ideas fundamentalistas y se extendió la corriente wahhabi –corriente religiosa musulmana que destaca por su rigor en la aplicación de la sharia, mayoritaria en Arabia Saudí–, «apoyada por los petrodólares, bien a través de las televisiones vía satélite propiedad de fundamentalistas, o a través de los millones de pobres egipcios que trabajaron durante años en Arabia Saudí y volvieron a casa impregnados de ideas fundamentalistas». A partir de ahí volvió a aparecer el niqab –el velo integral– en Egipto.

Al Aswani defiende que el islam «jamás» exigió a las mujeres que se cubrieran la cara. El intelectual egipcio sostiene que el islam «respetó a la mujer y le concedió derechos iguales a los del hombre. La opresión contra las mujeres no empezó hasta que los musulmanes entraron en periodos de decadencia». Para sostener esta posición alude a un libro escrito por los grandes ulemas de al-Azhar –la institución más prestigiosa del islam suní– en el que mantienen que el niqab «es una costumbre y no una forma de culto. En él demostraban con pruebas obtenidas de la sharia (ley islámica) que el niqab no tiene ninguna relación con el islam, que no es un mandamiento divino». Al Aswany certifica que el niqab «impide a la mujer vivir como un ser humano con derechos y obligaciones iguales a los de un hombre. El aspecto mas peligroso del niqab es que deshumaniza a la mujer», denunciaba.

Falsa religiosidad

El escritor inisite en que el islam no obliga a las mujeres a taparse el rostro y que ‘encarcelar’ a las mujeres detrás del niqab «no impide el vicio». De hecho, se han dado casos de violación en mujeres vestidas con el isdal, el manto que cubre el cuerpo de la cabeza a los pies. Por eso arremete contra lo que considera una falsa religiosidad. Al Aswany carga contra los fanáticos religiosos «que creen con absoluta certeza que el islam solo tiene una forma, una opinión y una visión del mundo. Todo lo que contradiga su opinión no tiene nada que ver con el islam, de manera que todo aquel que se oponga a ellos es o bien un ignorante, o un degenerado o un conspirador contra la religión al servicio de las fuerzas extranjeras». El escritor recuerda que los musulmanes «sorprendieron al mundo durante siete siglos por su capacidad para asimilar otras culturas e integrarlas en la gran civilización islámica».

Al Aswany desmonta los argumentos de quienes se sienten los únicos devotos verdaderos, «desde una fuerza psicológica que los lleva a la arrogancia y a la presuntuosidad». Advierte que lo mas peligroso que tiene esa ‘religiosidad de pacotilla’ es que separa completamente lo privado de lo público. Y avisaba de que quienes defienden esa religiosidad fanática «viven en un Egipto donde millones de personas padecen pobreza, desempleo, ignorancia y enfermedad, donde hay gente que muere en las colas para conseguir pan u obtener agua potable. Creen que esa situación es un castigo no una prueba de Dios. Son incapaces de verla como un resultado natural de la corrupción y del autoritarismo».

En la etapa prerevolucionaria, Al Aswani sostenía que había dos batallas en Egipto. Una a favor de democracia y a favor de la libertad y la justicia, y una segunda batalla paralela, no menos importante, en la que Egipto «defiende su interpretación abierta y civilizada del islam frente a la invasión de las ideas reaccionarias y regresivas wahhabies que tienen el peligro de borrar nuestra herencia cultural y convertir a nuestro país en un emirato talibán».

Cubrir el cuerpo

«Los extremistas siguen mostrando un interés excesivo por el cuerpo de la mujer y por cubrirlo completamente», denunciaba. «Ser estricto a la hora de cubrir el cuerpo femenino es una forma fácil y cómoda de lucha religiosa. En Egipto podemos ver decenas de sheijs wahhabies que llaman con excesivo entusiasmo a tapar el cuerpo femenino, pero no pronuncian una sola palabra contra el despotismo, la corrupción, el fraude o la tortura», les espetó.

Al Aswany apela en sus escritos al lector ecuánime de la historia islámica. «Desde los tiempos del profeta hasta la caída de Al Andalus, la mujer musulmana se mezclaba con los hombres, estudiaba, trabajaba, comerciaba y tenía responsabilidades financieras separadas de las de su padre y su marido. La civilización occidental concedió esos derechos a las mujeres muchos siglos después del islam. El extremismo religioso es la otra cara del autoritarismo político. No nos podemos deshacer del primero si antes no acabamos con el segundo», reclamaba.

El Gobierno de Mursi también ha fracasado como guía del nuevo Egipto. Al Aswany, comprometido con el cambio democrático de su país, decepcionado, considera que la hermandad vive en un mundo virtual «totalmente ajena a la realidad». Son los interrogantes de la democracia islámica. «El encuentro entre las sociedades árabes y la modernidad es difícil», constata Shlomo Ben-Ami, vicepresidente del Centro Internacional de Toledo por la Paz. La crisis, según el análisis del exprimer ministro británico Tony Blair, ahora enviado del Cuarteto para Oriente Medio, ha abierto, también, un interesante debate sobre el papel de la religión en la política de la región. Hablamos, por supuesto, de unas coordenadas distintas a las que construyeron una visión reaccionaria de la mujer, amparándose en la religión, aunque ésta, como sostiene Al Aswany, sea inocente de la misma.

Ver todos los artículos de Arca de Noé

TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
--%>
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.