La tragedia del bar Carabanchel

La noche del 12 de febrero de 1955 murieron cinco jóvenes acribillados a balazos

FRANCISCO GÓNGORA
Toda Vitoria quedó conmocionada y muchísimos acudieron al sepelio/
Toda Vitoria quedó conmocionada y muchísimos acudieron al sepelio

La trágica noche del 12 de febrero de 1955 se produjo el crimen con mayor número de víctimas de la historia en Vitoria tras la guerra civil sin contar el 3 de marzo. Los fallecidos eran jóvenes, muy jóvenes. Cinco muertos, cinco amigos, cinco vidas segadas en unos segundos mientras hablaban en la barra del bar Carabanchel, en el cruce de San Antonio con Florida. Pertenecían a la flor y nata de la sociedad vitoriana de entonces: universitarios, triunfadores, con buenos empleos y mejores familias. «Nos reíamos del mundo. Éramos una piña. Jugábamos a las cartas en aquel bar y formábamos una tertulia de las de entonces. No sé qué le pudo pasar a aquel hombre. Nunca he entendido por qué los mató, ni tampoco la cantidad de tonterías que se dijeron luego», confesaba uno de los testigos, amigo de las víctimas. El podía haber estado entre los difuntos si segundos antes no se vuelve y habla con otro amigo un poco alejado de la barra. «Aquello me salvó. El asesino sólo cruzó tres palabras con nosotros. ¿Me invitáis a un coñac?, nos dijo. Le contestamos que no, que no le conocíamos. Un hermano suyo sí alternaba a menudo con nosotros. Entonces entró en el servicio, salió y sin mediar palabra comenzó a disparar. Yo no me enteré hasta que le oí a Paco Santamaría gritar ¡llama a un cura!, mientras se desangraba en un rincón. Fue horroroso», exclama el superviviente.

Arturo Santamaría, el pistolero que descerrajó los cinco tiros, contaba 37 años. Pese al apellido no era familia de sus víctimas. Se había exiliado durante la guerra y volvió en 1947. Alguien quiso ver en su ideología republicana un móvil político al crimen. «Eramos apolíticos. Nuestras familias tenían tendencias de todo tipo», recordaba uno de los amigos que salió ileso, y que se tuvo que marchar de la ciudad incapaz de asimilar el drama de ver morir a sus cinco amigos. Cuatro en el mismo bar y Beiztegui, 14 días después. El asesino fue abatido la madrugada siguiente por un tirador de élite de la Guardia Civil en la estación de Renfe.

La crónica periodística lo recogía de esta manera. Sobre las once y media de la noche, se registró un trágico suceso en el Bar Carabanchel, muy popular en esta capital, situado en la calle de Carlos VII (actual Florida) . Resultaron cuatro personas muertas y una herida de gravedad.

Según la versión que recogimos de uno de los testigos, aunque no del todo precisa, por su natural estado de ánimo, el hecho ocurrió de la siguiente forma: Penetró en dicho establecimiento un joven que dicen llegado de Francia no hace mucho tiempo y perteneciente a una familia vitoriana. Se situó en la barra del bar, dejando el paraguas en la misma. Al tiempo que lo hacía, mostró ciertos deseos de hacerlo constar a los que se encontraban en aquel lugar. Uno de ellos, al parecer, le invitó a tomar un vaso de vino, y permaneció en el establecimiento sin infundir sospechas. Posteriormente llegó un grupo de amigos que a diario tienen allí la tertulia.

También con éstos cruzó el joven unas palabras, pero sin que tampoco en ese instante hubiera sospecha de la tragedia que se cernía en aquel lugar. Uno de éstos que penetraron últimamente cambió con el joven unas palabras, invitándole asimismo a que tomara una copa. La conversación se deslizó amistosamente entre todos los presentes y a la media hora aproximadamente de todo esto, el joven se metió en el lavabo del bar y salió a poco empuñando una pistola de regulares dimensiones. Sin mediar una palabra, comenzó a hacer disparos, huyendo seguidamente por la calle de San Antonio hacia la estación del Norte. Los testigos se quedaron atónitos y se dieron cuenta de que en el suelo había cinco personas en estado gravísimo. Poco después morían cuatro de ellas, ya que los disparos les alcanzaron órganos vitales.

Inmediatamente se dio aviso a las autoridades, personándose el Juzgado de Instrucción, que ordenó el levantamiento de los cuatro cadáveres y su traslado al depósito judicial. También acudió al lugar del suceso, y más tarde al hospital, el fiscal de la Audiencia.

Los muertos resultaron ser don Francisco Santamaría Garagalza, procurador de los Tribunales, de 31 años de edad; su hermano, don Pablo, de 29 años, empleado del Ayuntamiento; don José Martínez Muñoz, de 30 años, juez municipal suplente en esta capital, y don José María Lejarreta, de 31 años, hijo del que fue alcalde de Vitoria, don José Lejarreta . Todos ellos, personas de muy estimada familia y muy queridos en la capital. El otro agredido fue Julio Beiztegui, que padece una herida gravísima causada por la bala, que le atravesó la clavícula y fue a incrustrarse cerca del corazón.

Las autoridades tomaron todo género de precauciones para localizar y proceder a la detención del sospechoso, lo cual consiguieron gracias a un tirador de élite de la Guardia Civil que le dio muerte de un certero disparo cuando se encontraba en la estación de ferrocarril. No hay sospechas de que existieran resentimientos por su parte.