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Miranda

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Tres trabajadores de Rottneros montan un campamento contra el cierre de la planta en el 'techo' de Miranda; a 113 metros de altura
15.09.09 -

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Tienen 37 y 45 años. Dos de ellos son padres y los tres temen perder sus puestos de trabajo. Ayer tomaron una de las decisiones más arriesgadas: encaramarse a 113 metros de altura y montar un campamento en esa chimenea que un día fue el símbolo del desarrollo industrial y que hoy da sentido a nueve meses de una reivindicación laboral que empapa a toda la ciudad. Forman parte de la plantilla de Rottneros; más de 160 familias en vilo por la decisión de cierre tomada en Estocolmo.
Hace apenas una semana dieron un paso al frente ocupando la planta papelera para exigir una solución a la multinacional, pero también la actitud más contundente posible hacia ella de las administraciones estatal y autonómica.
«Nos hemos subido a la chimenea a la desesperada. Ya tomas todas las decisiones a la desesperada porque intentamos llamar la atención como sea para que la gente se dé cuenta de nuestro problema y Rottneros deje de ponernos trabas». Quien así se expresa es uno de los empleados que se encaramó a la chimenea. A través del móvil expresó a EL CORREO sus sensaciones a última hora de la tarde, con un fuerte viento en esa 'cima' industrial y una sensación térmica de «alrededor de 5 grados».
Los tres pidieron no ser identificados públicamente. Rehusaron el protagonismo «personal». Pero también son conscientes de que este último movimiento «puede rozar lo ilegal, aunque lo que estamos haciendo es algo pacífico», apostilla.
Por sorpresa
Ya el pasado martes comprobaron las condiciones de seguridad de la estructura de ladrillo. Y si bien en un principio decidieron no subirse, durante el fin de semana optaron por un cambio de estrategia. Por sorpresa, como ha sucedido con las otras dos acciones anteriores (el encierro-acampada en la sede administrativa de la Junta y la toma de la empresa), y ayudados por el resto de compañeros, lograron burlar la vigilancia del guarda a primera hora de la mañana. Utilizando arneses, cuerdas de escalada y la escalera de emergencia se encaramaron a lo más alto en cuestión de minutos.
Una pancarta improvisada en la que puede leerse 'Solución, ya', que les sirve también de cortavientos, cuelga del anillo metálico que existe en la chimenea para tareas de mantenimiento. Ellos han decidido utilizarlo como campamento-protesta. Es una especie de balcón, de apenas 1,20 metros de anchura. «Estamos justos para dos tiendas. Nos hemos colocado hacia el otro lado, porque del lado de la calle nos pega todo el viento», explica este operario.
¿Por cuánto tiempo? «Todo depende del cabreo que nos dé y también depende de las condiciones, del clima. No sabemos el frío que puede llegar a hacer. Estamos montando las tiendas y la idea es quedarnos hoy y mañana. Luego ya lo iremos viendo».
Comida, café y una baraja
Sus compañeros les suministraron durante todo la mañana comida, café caliente «y una baraja». Y ellos «no pararon» durante toda la tarde de reforzar las condiciones de seguridad. La chimenea dispone de una línea de vida (un arco de acero que rodea toda la estructura). Han colocado otra línea adicional para estar en todo momento anclados. «Llevamos un mosquetón amarrado a un cable de acero y hemos hecho otro con una cuerda atado a una escalera por si acaso la estructura fallase. De esta manera, estamos enganchados también en otro sitio».
Están forrados con ropa de montaña -«camiseta térmica, polar térmico, todo térmico...»-. Disponen de un pequeño camping-gas en el que van a cocinar y de varias linternas con las que iluminarse. Carecen de suministro de red de cualquier tipo y aseguran que sólo se les puede obligar a bajar de una manera: cortándoles la posibilidad de recibir provisiones. «Si nos cortan la posibilidad de recibir suministros, lógicamente tendríamos que acabar bajando. Si llega a pasar eso, pues bueno, lo que aguantemos con lo que tenemos aquí. Lo importante es dar un toque de atención».
La posibilidad de que pueda intervenir la Policía Nacional no se barajaba ayer. Fuentes consultadas por este periódico aseguraron que continúa sin existir una denuncia por parte de la propiedad y que, por tanto, «no cabe cualquier acción mientras no exista una orden judicial de desalojo». Tras una semana de ocupación de las instalaciones de la papelera, se evidencia total desinterés.
De hecho los trabajadores están convencidos de que la multinacional sueca se ha decidido a «liquidar la empresa de todas todas. No le interesa que nosotros salgamos adelante bien como papelera bien con otro tipo de trabajo, lo que sea. Ellos sólo quieren sacar dinero y ya está». En el mismo sentido, este trabajador, cuya narración tenía el respaldo de los dos compañeros que se encontraban a escasos metros, subrayó que «tenemos pocas esperanzas, pero hay que probarlo todo. Y cada vez iremos a más».
¿Y la familia? «Por supuesto que no le ha hecho gracia, pero comprende el problema y me apoyan, ¿qué van a hacer?. Me han dicho que nos estamos metiendo en un follón, pero...». Dentro de lo complicado de la situación para su propia integridad, inciden en que intentan correr «los menores riesgos posibles. Dentro del riesgo que tiene esto, la verdad es que estamos bastantes seguros... Vamos a dormir atados».
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