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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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El ciclismo se convirtió en el verdadero protagonista de los actos que el Ayuntamiento de Bilbao programó para el largo periodo de celebraciones de agosto de 1939

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Fiestas sobre ruedas
Plaza de La Casilla, llamada de Calvo Sotelo en 1939. / E. C.
El programa de fiestas de Bilbao de 1939 era ambicioso. Según dispuso la Comisión de Gobernación del Ayuntamiento, el periodo festivo arrancó el 12 de agosto a las cinco de la tarde, hora en que fue inaugurada la feria instalada en la plaza de Calvo Sotelo -en la actualidad plaza de La Casilla-, y se extendió hasta el 2 de septiembre, día en que, a las diez de la noche, terminaron los actos con un concierto en el paseo del Arenal a cargo de la Banda Municipal y la Sociedad Coral. Los bilbaínos pudieron disfrutar de una variada programación pensada para edades diversas.
Además de las misas de rigor, todos pudieron recrearse con los gigantes, los cabezudos, el Gargantúa y hasta con las más típicas romerías que se celebraron en la Plaza del antiguo Ayuntamiento de Begoña, en la Campa de Basurto y en La Peña. También se pudo disfrutar, el día de la festividad de la Virgen, de un interesantísimo concurso de parejas de baile «a lo suelto», en el que, quien más quien menos, pudo dejar constancia de sus habilidades rítmicas sin roce alguno. Obviamente, y tal y como establecían las renovadas costumbres oficiales, religiosas y sociales, parte de los platos fuertes del programa festivo estuvo formada por espectáculos nocturnos compuestos por las representaciones de dos autos sacramentales: 'El Hospital de los locos', de José Valdivieso, y 'El Casamiento engañoso', de Torrente Ballester, conducidos por la compañía del Teatro Nacional de Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Cine al aire libre
También hubo conciertos varios protagonizados por las bandas municipales de Bilbao y Baracaldo, así como muestras de folklore típico vasco. Curiosa fue la ascensión, más bien caminata, hasta la ermita de San Roque, en el Pagasarri, llevada a cabo por una comisión municipal acompañada por chistularis y guardias locales que portaban las insignias y banderas correspondientes a la extinguida anteiglesia de Abando.
En la citada ermita se celebró una solemne misa tras la cual se bailó un aurresku de honor para las autoridades. Ya por la tarde, y hasta las nueve de la noche, tuvo lugar una animadísima romería en Ventabarri. Por supuesto, no faltaron los toros. Hubo dos corridas que se programaron los días 20 y 24 de agosto, en las que torearon los diestros Barrera, Noain, Rafaelillo, Ortega y Juanito Belmonte. También se anunció que «en diversos días del periodo festivo se celebrarán sesiones de cine al aire libre en varios lugares de la villa».
Pero si por algo se caracterizaron las fiestas de 1939, fue por su inusitada vocación por el deporte de las dos ruedas, el ciclismo. Tres fueron las pruebas ciclistas. El domingo 13, se corrió el Primer Circuito Begoña, organizado por la Sociedad Deportiva de ese lugar. El recorrido, pequeño y local pero duro, partió de la Basílica, ascendió por la cuesta de 'Los Forales'y bajó por Zabalbide hasta entrar por la carretera del 'Pavo Real'. Al llegar a la Campa de Basarrate salió por la calle Santuchu y desembocó en Zabalbide, frente al frontón, para posteriormente bajar y entrar por Expósitos, Zumárraga y la carretera de la Maternidad. Desde ahí subieron por Zabalbide hasta la Baracaldesa para descender después por la calle de la Virgen de Begoña y, otra vez, enganchar la subida de 'Los Forales', hasta el 'Pavo Real'.
En total, 25 kilómetros que tuvieron como meta la Baracaldesa. La prueba, muy competida a pesar de lo accidentado del terreno, la ganó Ángel Bilbao, que se embolsó las 50 pesetas del primer premio. El segundo, tercero y cuarto cobraron 30, 20 y 10 pesetas, respectivamente. Todos los participantes tuvieron que abonar dos pesetas en el momento de la entrega del dorsal, de las cuales devolvieron una a los que lo retornaron sano y salvo.
Federico Ezquerra
El 15 de agosto se celebró otra prueba ciclista: el II Cinturón de Bilbao. De más entidad que la anterior, sirvió de anticipo del auténtico plato fuerte deportivo de las fiestas, el Circuito Ciclista del Norte, que tuvo lugar entre los días 20 y 27 del mes. De hecho, el II Cinturón de Bilbao reunió entre sus participantes al mismísimo Federico Ezquerra, el auténtico ídolo bilbaíno del momento. El recorrido de esta prueba ya era mucho más ambicioso y exigente que el del campeonato de Begoña. Fueron 115 kilómetros que comprendieron «Bilbao, Enecuri, Asúa, Umbe, Urdúliz, Plencia, Andracas, Munguía, Morga, Andra Mari, Larrabezúa, El Gallo, Galdácano, Dos Caminos, Arrigorriaga, Miravalles, Areta, Llodio, Oquendo, Sodupe, Alto de Castrejana» y, de nuevo, Bilbao. La meta estuvo situada en la Avenida de José Antonio Primo de Rivera -hoy de Sabino Arana-. El vencedor fue, tras un sprint emocionantísimo, Federico Ezquerra.
Pero, sin duda alguna, la competición estrella de la semana festiva-deportiva de 1939 fue el Circuito Ciclista del Norte. Toda una carrera por etapas que, además de Vizcaya, se adentró por carreteras de Santander, Burgos y Guipúzcoa. La participación fue estelar, ya que se contó con dos de las primeras figuras del ciclismo nacional, tales como Cañardo y Ezquerra. La pena fue, a pesar de las enormes esperanzas que había en ello -y, sobre todo, de la ilusión que hacía que estuviera el gran ciclista italiano Bettini-, la nula participación de extranjeros. No vino ni uno. Así que todo quedó en casa. En la prueba corrieron equipos de Vizcaya, La Rioja, Santander, Madrid, Cataluña, Aragón y Guipúzcoa.
El vencedor fue, con una autoridad tan sólo discutida por Trueba y Ezquerra, el gran Mariano Cañardo, que, además de haber controlado la carrera desde las primeras jornadas, se permitió el lujo de entrar el primero en la meta de Bilbao en la última etapa.
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