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Álava

18.07.09 -

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«Cómo voy a tener miedo, si esto es lo que te da la vida»
Un enfermera de la sección de Arritmias controla unos gráficos./ BLANCA CASTILLO
A Jorge Calle Garrido su desfibrilador le salvó la vida hace dos años cuando acababa de poner un pie en el suelo de Cracovia. Este ferroviario jubilado de 68 años iba a pasar unas vacaciones junto a su mujer en la bella ciudad polaca cuando, tras un agotador viaje en avión, se desfalleció. «Me caí redondo, pero desperté y me encontraba feliz, sin saber bien lo que había pasado», relata el jovial paciente cardiaco. Lejos de acobardarse, Jorge Calle agotó sus días de vacaciones y al regresar a su hogar descargó los datos de su marcapasos, llamó a su enfermera y le contó lo sucedido. «El médico me explicó luego lo que había pasado, que el aparato me había dado una descarga porque le estaba viendo la barbas a San Pedro», agrega.
Después de saber que ese ingenio que lleva alojado en su pecho desde abril del pasado año le había devuelto el aliento, se siente más tranquilo. «¿Cómo voy a sentir miedo si sé que esto es lo que te da la vida?», relata.
Sus dudas se han disipado doblemente desde que participa en el programa de telemedicina del equipo del doctor Martínez Ferrer. Al principio tenía que enviarles los datos de su desfibrilador cada mes y pasar consulta cada medio año. Ahora transmite una vez cada dos meses y las visitas presenciales a su médico se van distanciado.
Cada día que toca poner a funcionar el transmisor, Jorge Calle desayuna como siempre. Se va a la cocina o al salón de su casa y conecta la consola que le ha facilitado Txagorritxu a la línea de teléfono. «En dos minutos ya te avisa de que ha descargado toda la información, pero yo me quedo esperando a que termine todo el proceso y los datos vayan hacia Alemania o Londres», relata, haciendo gala de una muy buena información. Después, este jubilado da su largo paseo diario y medita sobre cuál será su próximo destino.
Gran viajero
«A mí y a mi mujer nos encanta viajar a Europa y a destinos de España. Vamos por nuestra cuenta, ¿sabe? Nada de viajes organizados, yo me preparo los planos y las fotocopias con todo lo que hay que ver», relata. No renuncia a ningún plan por su desfibrilador y si toca transmitir viaja con la maleta de la consola. «En diciembre tuve que enviar desde un hotel de Benidorm», agrega.
Lourdes Ceciaga Zubillaga también ha incorporado el transmisor a su vida cotidiana con toda normalidad. Esta empresaria de 51 años recuerda con mucha nitidez y susto la tarde que perdió el conocimiento en el centro comercial El Boulevard, delante de sus hijas y una amiga. Fue el pasado 13 de enero y en febrero, cuando le hacían pruebas en Basurto para analizar su arritmia, le dio otra crisis mayor de la que salió con desfibriladores.
Los médicos tuvieron claro que debía vivir a partir de entonces con un desfibrilador en su pecho. «Al principio me sentó mal, pero cuando te das cuenta de lo que te ha pasado te resignas», relata. Todavía intenta acostumbrarse a ese bulto del lado izquierdo que se ve con las camisetas de tirantes, pero está convencida de que es lo mejor para ella. «Sé que si me pasa algo igual esto me va a salvar y yo estoy mucho más tranquila y mis hijas también», explica.
Desde el primer momento es de las que envía los datos de su pulso a Txagorritxu a distancia. En concreto, desde la oficina. «Yo me voy con mi maletín y cada quince días hago la transmisión», agrega. Y si tiene dudas o está preocupada, envía datos en días 'extra', es decir, aunque no le toque. «La enfermera nos controla genial. Ve los gráficos, te llama y te dice si todo va bien y eso te da gran seguridad», indica.
A Lourdes Ceciaga tampoco le duelen prendas si tiene que añadir el maletín a su equipaje en los viajes. Esta misma Semana Santa se ha llevado el transmisor al sur de España. «Lo primero es lo primero, y esto es mejor que depender de los días que tienes consulta».
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