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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Miranda

Deportes

Los dos goles de Haritz y el conseguido por Palacios llevan al delirio a 6.000 almas quedebieron contener la respiración hasta el final

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Estallido en Anduva
Iván Agustín, perseguido por Tato, Palacios, Cabero, Haritz y Pablo, corre hacia la grada para celebrar uno de los goles que daba cierta tranquilidad a los rojillos. / AVELINO GÓMEZ
«Adiós a Tercera, adiós». Este fue el cántico más repetido por parte de los seis mil espectadores instantes antes de que David Giménez decretase el final del partido de un encuentro que sirvió para que el Mirandés alcanzara la gloria tras lograr de una vez por todas el ascenso a Segunda B. Ha costado, vaya que sí ha costado, pero por fin se ha conseguido. La alegría de Pablo cuando subido en hombros agradeció el apoyo de todos fue uno de los momentos más emotivos de los muchos que se vivieron desde primeras horas de la mañana en la ciudad.
El equipo de Miranda jugará la próxima temporada en la división de bronce tras superar ayer en Anduva al Jerez por 3-2 y hacer bueno el 0-1 de la ida. Costó, y se sufrió. Ya se preveía porque enfrente, sobre el tapete del municipal, los de Julio Bañuelos se encontraron con un muy buen rival, que vendió cara su derrota. Pero el Mirandés ha firmado un 'play off' impecable -los seis partidos ganados- y ha sido superior en el global de la eliminatoria al cuadro andaluz.
El estallido de los alrededor de 6.000 espectadores nada más concluir el encuentro y la invasión del campo de varios miles de aficionados rojillos sirvió para dar rienda suelta a una euforia contenida tras las decepciones anteriores, ya afortundadamente olvidadas.
El ambiente fue el de las grandes ocasiones. Una ciudad completamente rojilla, entregada y que ya desde las cinco de la tarde se fue movilizando hacia Anduva. Esta vez no se podía escapar porque ya tocaba. La ventaja en el campo de La Juventud y el buen momento futbolístico del equipo hacía presagiar lo mejor y que está vez la Segunda B no se iba a ir de las manos.
Tras los instantes típicos de tanteo de cada partido llegó la primera jugada polémica. Era el minuto 6 cuando Pablo sorteó a Fali, salió a su paso el central Mere y el delantero acabó en el suelo. Podía existir la duda de si la acción era constitutiva de penalti pero, desde luego, se antojaba inconcebible que finalizase con tarjeta amarilla para el rojillo cuando el choque sólo daba sus primeros pasos. Parecía claro que el árbitro no iba a regalar nada, como así se comprobó posteriormente.
Tres minutos después fue el mismo Pablo quien chutó para que atajase Bello, y cuando se cumplía el 11 se produjo la primera explosión de jubilo de la tarde. Candelas se fabricó la jugada, avanzó hacia el área y disparó con su pierna izquierda para que Haritz desviase la trayectoria del balón, que finalmente se coló en la portería del Jerez.
Se cumplían las previsiones, marcar pronto y, sobre todo, en primer lugar. Pero no iba a resultar sencillo. Los blanquiazules frenaban las jugadas de ataque mirandesistas con constantes faltas, pero el colegiado no estimaba que eran merecedores de cartulina. El distinto rasero de siempre.
En el 27, Tato protagonizó otra de las jugadas, cuando menos dudosa, al colarse en el área tras driblar a dos defensas. Pero cuando intentó lanzar a portería fue trabado. No se señaló nada. El Jerez, por su parte, no creaba peligro, hasta el punto de que tuvo que esperar al minuto 30 para lanzar por primera vez entre los tres palos. Lo hizo por mediación de Carrasco.
Mejoría visitante
En la reanudación cambió la decoración sobre el césped; los visitantes mostraron su mejor imagen y se hicieron con el partido en los primeros compases. Así, en el minuto 47 Caro completamente solo cruzó en exceso. Era el primer aviso de los jerezanos antes de que Iván Agustín botara de forma rápida una falta y Pablo provocase la estirada del guardameta adversario.
Acto seguido llegó el jarro de agua fría al rematar Carrasco a placer desde el punto de penalti. El 1-1 originó que aparecieran viejos fantasmas. En la grada más de uno comenzaba a temerse lo peor. Pero esa sensación duró apenas cuatro minutos más, hasta que se produjo la que quizás fue la jugada determiante del duelo. Selu, en una acción muy infantil, golpeó por detrás a Gebara, ayer uno de los más destacados.
La expulsión del industrialista supuso una reactivación en las filas rojillas. En el 64 el lateral izquierdo lanzó con maestría una falta y Palacios de cabeza hizo inútil la estirada de Bello. Un premio a uno de los futbolistas más en forma del equipo y que ha demostrado una proyección impresionante. El 3-1 hay que anotárselo a Haritz tras una cesión de Pablo. Faltaban veinte minutos, pero se sufrió porque en el 82 Chema empujo a la red tras un mal despeje. Los momentos de agobio por los que pasó el Mirandés sólo sirvieron para festejar con más euforia el salto de categoría. Se merece la Segunda B.
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