El mazo de Descartes

Tiago Splitter./
Tiago Splitter.

A pareció Descartes con su mazo para inaugurar las semifinales de la ACB. El padre de la filosofía moderna, el defensor de la lógica que encadena causa y efecto, habría pronosticado los triunfos locales en la apertura de ambas series. Más aún, también incluso el desarrollo de los dos encuentros. El Fernando Buesa albergó la victoria incuestionable del TAU Cerámica, más rico en recursos que un Real Madrid a quien nadie puede regatearle la casta que conforma su idiosincrasia. Ganó el Baskonia mediante un marcador abultado (91-80), consecuente al reunir la mayor facilidad encestadora del campeonato -la azulgrana- con merengues capaces también de anotar. El Palau acogió un duelo distinto, pero también ajustado a las identidades de los equipos. Se citaron a la misma hora las dos mejores defensas del campeonato y parieron el tanteador rácano que se esperaba (70-62).

Si quieren añadir cartesianismo al arranque de los cruces pueden encontrar motivos para ello. En Vitoria se enfrentaban el primero con el cuarto y la cancha se encargó de convalidar esos tres peldaños de distancia. El Baskonia hubo de trabajar con la seriedad prusiana que le caracteriza pese a ciertas lagunas defensivas, pero el 1-0 no anduvo sujeto a marejadas ni zozobras. El mediodía dominical de Barcelona, en cambio, se movió con apreturas incómodas, acordes al áspero combate de un segundo contra un tercero. Excelente arranque local, mejor continuación malagueña, equilibrio durante el tercer cuarto y resolución del Barça en el último. Como tantas otras veces, el viejo Palau con demasiados asientos sin sus culos correspondientes, obró el efecto dilatador que le distingue. Ningún recinto como ése consigue estirar desesperadamente los partidos para el cuadro que lo visita. Los cuarenta minutos que siempre parecen más son el continente de las ya célebres reacciones catalanas.

El sábado rindió un homenaje a los hombres grandes. Escribiendo de Splitter, interprétese en los dos sentidos de la palabra. Hace ya años que bauticé en una crónica al pívot brasileño como 'El Caminante' porque parece el modelo longitudinal sobre el que el creador basó la escultura del Arca. Ahora caigo en la cuenta de que el apodo también le encaja porque Tiago siempre anda, avanza su baloncesto con cada paso, jamás se detiene. A su categoría innata y mucho trabajo responsable, Splitter suma la virtud de una esponja. Ha aprovechado cada cátedra de Scola, empeñado en dictar lecciones magistrales antes de viajar a Houston. Primero pidió los derechos de autor a su amigo porteño con el fin de reeditar junto a Prigioni el bloqueo y continuación de toda la vida. Después ha rememorado la extraordinaria habilidad de Luis para aprovechar la línea de fondo y aparecer bajo el aro donde nadie lo espera.

Más pívots. McDonald, el hombre que se camufló en su propia sombra la campaña anterior, el Guadiana que unos días fluye y otros se oculta, cuajó frente al Madrid la actuación que se le venía reclamando. Serio, eficaz y comprometido. Este Will sí vale para el proyecto alavés; el que juega al escondite, no. Ese sume a Tiago en una soledad inmerecida. Cambiemos de escenario y acudamos de nuevo al Palau. Allí compareció Andersen, el joven de las expectativas como cordilleras en su etapa italiana de Bolonia, el fruto de alta calidad ya maduro en el frío de Moscú, el irreconocible elemento que ha deambulado meses por la geografía de la ACB, el formidable pívot de última 'Final Four', la pieza determinante junto a Fran Vázquez para imponer la ley de los grandes en la zona del Unicaja. La batería interior del Barça no parece de este mundo.