Mickeal y Salgado

ÁNGEL RESA

Es de destacar la especial preparación de los partidos contra el TAU Cerámica que lleva a cabo el siempre cuidadoso con la pizarra Txus Vidorreta, experto en tender trampas para abatir una pieza de caza mayor como la vitoriana. También la necesidad ineludible que tiene el conjunto alavés de imponer sus reglas de juego -defensa, velocidad y canastas fáciles- con el fin de paliar el pensamiento único de su entrenador, hombre que al divisar la autopista sólo cree en atropellar sin atender a curvas ni meandros. El ideario baloncestístico de Dusko Ivanovic es contundente, busca el k.o. en cada combate; el que pregona su colega muestra mayor ductilidad, se adapta a las circunstancias y gasta más rotuladores.

La matinal de Zurbano albergó, tal vez, la peor versión defensiva del Baskonia adoctrinado por Ivanovic y la más fastuosa puesta en escena adelante que haya interpretado el iurbentia. Todo ello se concentró en el segundo cuarto con un parcial de 20-38. Sobrenatural acierto vizcaíno ante una oposición de cartón-piedra. A la vuelta del descanso se reconoció por fin el TAU con esa vuelta de tuerca atrás que desplomó la puntería visitante. En realidad, el Baskonia se anotó apuradamente el primer asalto por el toque de corneta y la mayor calidad de su plantilla, que hubo de bajar a la mina para someter a un notable adversario.

Sirvan estos dos párrafos para resumir a vuelapluma un partido intenso. De aportar algo nuevo, tal vez convenga detenerse en dos nombres propios, uno por bando: Pete Mickeal y Javi Salgado. Al buen aficionado le importa un carajo que el norteamericano juegue como estadounidense, como búlgaro o como súbdito de la China Popular. Lo importante es que se vista de corto porque 'treses' de semejante calidad, tanta polivalencia y tamaño compromiso con el grupo existen pocos en la Europa del baloncesto. Pete pertenece a esa delgada estirpe de gente que se se siente mejor cuanto más peliagudas son las circunstancias. Su manera de llevar al equipo en andas durante el último cuarto recordó la majestuosa exhibición de la final copera contra el Unicaja. A un talento innato, Mickael añade condiciones de vehículo todoterreno y un espírtitu guerrillero que no le hace perder la cabeza. Fue responsable fundamental del agónico triunfo azulgrana.

Salgado es un icono del baloncesto vizcaíno que madura como los caldos, saben mejor con la experiencia de los años. Da la impresión de que existe un antes y un después de Javi tras la sabrosa estancia de Marcelinho Huertas en Bilbao, una competencia de rango mayor. El base del iurbentia lee el juego mucho mejor que hace un par de años, cuando no aprovechaba los bloqueos de los compañeros por pasarlos demasiado lejos y quedarse sin la presunta ventaja. Ahora, especialmente anteayer, es un timonel sólido, con ascendiente en la pista, que genera baloncesto y mantiene su innata facilidad anotadora. Fue reponsable fundamental para entender una hipotética victoria visitante que hubiese tambaleado los cimientos del cruce.