Euskadi mantiene su cuota

ÁNGEL RESA
McDonald, en un lanzamiento a canasta./
McDonald, en un lanzamiento a canasta.

Hay momentos en los que a uno le cuesta encontrar el sentido a la fase regular. Siete meses y medio después de empezar el campeonato, la clasificación -salvo matices casi incoloros- no sorprende a nadie. Han terminado como cabezas de serie para las eliminatorias de la ACB los cuatro grandes del baloncesto español, con el incuestionable mérito del TAU Cerámica por batir la marca de victorias o, dicho de otro modo, por rebajar a la categoría de anécdota la derrota. Treinta y dos jornadas han ratificado, además, la valía de un Joventut sin Rudy ni los extranjeros contratados para mantener el nivel y han confirmado al Gran Canaria como un valor estable de la Liga. Entre los 'aspirantes' al título se cuenta la enésima decepción del Pamesa, un club de alma gallega porque arranca cada campaña con los humos subidos para dudar más tarde y terminar balbuceando.

Mérito y orgullo

Pero para mérito, el del baloncesto vasco de elite. Tres representantes en un mapa de dieciséis y todos ellos han validado sus objetivos. El Baskonia porque lidera la competición con la vuelta a casa de Dusko Ivanovic, a quien cabe recordar que la historia se acaba con el punto final, no en el punto y seguido. El iurbentia porque se cuela en los cruces el primer año sin Marcelinho tras vivir más tiempo al otro lado de la raya. El Bruesa porque le han sobrado dos partiditos para mantener la categoría. Con la buena nueva que supone la renovación de Pablo Laso, a la entidad guipuzcoana le aguarda el reto de rejuvenecer su talludito juego interior y cubrir el hueco del decepcionante Marconato.

Motivos de orgullo hallan asimismo los aficionados de Fuenlabrada y Manresa, líderes de 'la otra' Liga y orgullosos de sentirse tan bien representados por sendas plantillas modestas y honestas. A partir de los conjuntos ya mencionados se abre el capítulo de las decepciones, encabezadas por un Cajasol compuesto para ingresar en los 'play off' y al que sólo la calidad del plantel ha rescatado del descenso.

Hablando de perder la categoría, nuevo coscorrón para directivos impacientes. Después de una eterna travesía por el desierto sin una mísera palmera a cuya sombra cobijarse, el CAI recobró hace un año su condición de equipo ACB. Sufriendo, aún veía por el retrovisor a adversarios de fatiga. Destituyó a Curro Segura, sentó a Alberto Angulo en el banquillo y siete derrotas consecutivas le devuelven a la LEB de la manera más cruel posible: la última tarde, en un duelo directo y por un punto. De la segunda división regresa a primera el Valladolid que bajó con Javier Imbroda y asciende con la pizarra de Porfirio Fisac. El ténico melillense, entretanto, aguarda el desenlace del 'culebrón Obradoiro' para no firmar el segundo fracaso consecutivo. Su Menorca funcionaba mejor con Ricard Casas, solvente técnico de grupos menores tras su licenciatura en el campus de Manresa.

Dudas pendientes

¿Habrá dieciocho participantes la próxima temporada? ¿Figurará el cuadro de Compostela en la parrilla de salida? ¿Serán diecisiete? ¿Se disolverá el Murcia aquejado por la enfermedad del ladrillo tras salvarse agónicamente en la pista? Ya sé que parece una encuesta. Si no les apatece rellenarla pueden remitirla a Iker Jiménez, el estudioso de los fenómenos paranormales. Porque ahí, en el terreno de lo esotérico se encuentra el baloncesto, inmerso además en una una guerra civil latente entre los poderosos con ínfulas continentales por una parte y los aspirantes a esa Europa de la primera velocidad que se sienten agraviados con los huérfanos de la fortuna en la trinchera opuesta.