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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

CAMBIO HISTÓRICO EN EUSKADI

«Eso no pasaba desde el 36», lamentan los jeltzales, que vieron con disgusto las «innovaciones» en el acto solemne

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Malestar en el PNV por la presencia del «tricornio» en la Casa de Juntas
Patxi López saluda al jefe superior de Policía del País Vasco ante el coronel delegado de Defensa y un general de la Guardia Civil . / IGNACIO PÉREZ
Los parlamentarios y cargos institucionales del PNV que acudieron ayer al acto de toma de posesión del lehendakari Patxi López abandonaron la Casa de Juntas en dirección al batzoki de Gernika con un malestar difícil de disimular. El protocolo diseñado por el PSE para la solemne ocasión, un híbrido entre las fórmulas tradicionales utilizadas por los nacionalistas y la impronta personal del nuevo jefe del Ejecutivo vasco, no sólo no les convenció, sino que les provocó un evidente disgusto.
Sobre todo, por la invitación cursada a representantes en Euskadi de las Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ministerio de Defensa. «Tener que ver un tricornio en la Casa de Juntas...», lamentaba ayer un cualificado representante peneuvista presente en la ceremonia, molesto como sus compañeros y los parlamentarios de Aralar por la presencia de uniformes -un general de la Guardia Civil, un coronel delegado de Defensa y el jefe superior de Policía del País Vasco- de «las armas españolas» en el interior del histórico edificio mientras la Ertzaintza «se quedaba fuera». «Esto no pasaba desde el 36», apostillan desde el PNV, en alusión al comienzo de la Guerra Civil y la entrada de las tropas franquistas, poco antes de la jura del lehendakari Aguirre con la histórica fórmula que ayer López modificó. «Según el fuero histórico, ahí no entraban ni uniformes ni curas ni abogados».
Los jeltzales no desaprueban especialmente la fórmula laica que utilizó el lehendakari para prometer su cargo -aunque hay quien saca punta a la contradicción entre la elección de López y el crucifijo que preside las tomas de posesión ante el Rey de los ministros en Madrid-, pero sí su intento de modernizar y dotar de personalidad propia a una ceremonia que juzgan debe ser simbólica, protocolaria, «sobria y digna». «Para eso se podían haber quedado en Lehendakaritza, sin tanto boato y ya está», apuntan. En el PNV jeltzale no ha gustado, de hecho, que el líder socialista haya decidido dar un nuevo sello al Pleno extraordinario del Parlamento precisamente en Gernika, símbolo histórico de la foralidad vasca.
Los peneuvistas no sólo creen que las «innovaciones» introducidas por el PSE, con el asesoramiento del artista José Ibarrola, han pecado de desafortunadas, sino que el resultado final ha sido una «mezcolanza» que raya -apuntaron- en lo «friki». No les gustó ni la versión del 'Agur Jaunak' ni el reparto de folios con la letra del 'Gernikako Arbola', una canción popular en euskera que -subrayaron- habla de «árbol santo por Dios plantado». «No parece muy coherente con la eliminación de la Biblia y el crucifijo», recalcaron. «Ha sido un quiero y no puedo, un intento de demostrar que son vascos pero no abertzales que, al final, les ha quedado folclórico».
Impedir los «desmanes»
En el partido de Iñigo Urkullu no se oculta el enfado y la «preocupación» por la carga simbólica de los primeros pasos de López porque, piensan, «si esto empieza así, cómo seguirá». De hecho, Ibarretxe, en su despedida de la Cámara vasca, subrayó que el giro vasquista que preconizaba el nuevo lehendakari se ha tornado en un «giro españolista» de la mano del PP.
El propio presidente del partido, Iñigo Urkullu, advirtió ayer -desde la jornada que compartió en Bilbao con partidos demócratas cristianos de Europa y Latinoamérica y que le impidió asistir a Gernika- de que sus treinta parlamentarios y los cargos institucionales del PNV permanecerán vigilantes para evitar que el nuevo Gobierno cometa «desmanes». Aseguró que ejercerán una oposición «responsable», pero que en ningún caso serán «cómplices» de López, cuya mano tendida «no es una mano limpia», a su juicio, porque ya se la había ofrecido antes al PP.
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