Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

GENERAL

La A-8 se completará en 2011 con los últimos 100 kilómetros en Asturias y Galicia
03.05.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Cuarenta años de obras para culminar la autovía del Cantábrico
La A-8 es una carretera con graves problemas de congestión. / EL CORREO
Van a hacer falta casi cuatro décadas para concluir la autovía del Cantábrico, el gran eje de conexión viario de las comunidades bañadas por este bravío mar. Hace 35 años que se estrenaron los primeros tramos, la actual autopista A-8 entre Bilbao e Irún-Behobia, pero aún faltan por ejecutar cerca de 100 kilómetros -sobre todo en Asturias y Galicia- para que sea posible circular desde la frontera francesa hasta Baamonde (Lugo) sin necesidad de cambiar de carretera, siempre al menos con doble carril y a velocidad de autovía. El Ministerio de Fomento se ha comprometido a finalizar el corredor antes de 2012. Pocos ejes troncales de la red viaria española habrán tardado tantos años en completarse.
La A-8 fue una revolución desde la óptica vasca. Fue la carretera de gran capacidad que acercó los grandes núcleos urbanos de Bilbao y San Sebastián, no sólo entre sí, sino también con las comarcas situadas entre ambos. Y también fue, con su continuación hacia Cantabria en la década de los 90, la que permitió a los vascos mirar hacia el Oeste, instalarse en Castro Urdiales y soñar con chalés con perro y jardín en Laredo o Noja. La autovía del Cantábrico, de hecho, ha sido precisamente eso, un «eje vertebrador» de las comunidades del Norte, un «elemento esencial para su integración socioeconómica y territorial», valoró el reconocido ingeniero de caminos José Ángel Blanco en un artículo específico publicado en la revista profesional de obras públicas.
Dentro de los límites de Euskadi, la A-8 es hoy una sufrida autopista con graves problemas de congestión en la vertiente guipuzcoana (44.619 vehículos diarios de media a la altura del peaje de Irún, dato de 2007) y por la que se nota que ha pasado el tiempo. Pero fue en su día la segunda vía de pago que se inauguró en España, un espejo entonces de modernidad. En 1968 se hizo con la concesión la firma Europistas, que la gestionó durante 35 años hasta que en 2003 fue recuperada por las diputaciones forales.
El resto de comunidades cantábricas no pueden decir lo mismo. Aún faltan por completar 130 de los 603 kilómetros que separan Irún de Baamonde, pequeña localidad gallega donde muere la A-8 al enlazar con la A-6, la carretera nacional Madrid-La Coruña. En Cantabria todavía hay que terminar dos tramos, entre Solares y Torrelavega (unos 28 kilómetros). En Asturias, al menos cinco tramos están por completarse, otros 52 kilómetros. Y en Galicia está aún más retrasada. A pesar del reciente estreno de la autovía en la misma frontera astur-galaica, la A-8 es todavía una trinchera en más de la mitad de su trazado por la comunidad gallega, en 51 de los 85 kilómetros. «Una vez que se pasa Santander, hay varios tramos en los que hay que salir y entrar a la autovía. Una auténtica lata», afirma Luis, un joven oriundo del Occidente asturiano que trabaja ahora en Bilbao. «Van abriendo kilómetros poco a poco, pero desde que recorro este corredor en coche recuerdo que ha estado en obras».
Un año después
El Ministerio de Fomento, con el gallego José Blanco ahora como titular, parece tener entre sus planes el impulso de esta carretera, pero por mucho que trate de acelerarse no se terminará antes de 2011, un año después de lo anunciado. La inversión que se necesita para completar la conexión tampoco es baladí: se prevé de unos 890 millones de euros, la friolera de 150.000 millones de las antiguas pesetas, para construir los 130 kilómetros restantes. La complicada orografía de la zona, que requiere costosas infraestructuras como el puente de Los Santos, de 612 metros de longitud sobre la ría donde desemboca el Eo, eleva el coste por kilómetro a casi 7 millones de euros. Aún así, es un precio sensiblemente inferior a lo que cuesta cubrir la misma distancia con una línea de alta velocidad ferroviaria: en Euskadi, cada kilómetro del TAV sale por unos 23 millones de euros.
La A-8 va a ser la conexión de referencia entre las comunidades norteñas durante décadas -sobre todo ahora que el AVE del Cantábrico es un proyecto en vía muerta- y va a sustituir en este cometido a la N-634 (San Sebastián-Santiago de Compostela), la vía que aún hoy se utiliza en aquellos tramos donde no se ha terminado la nueva carretera de gran capacidad. El relevo de una por la otra se sentirá de forma automática. Los vascos ya lo notaron cuando se abrieron al tráfico de forma sucesiva los tramos entre Euskadi y Santander en la primera mitad de los años 90. Pasaron de sufrir interminables atascos camino de Castro y Laredo por la tortuosa e inclemente N-634 a disfrutar de una carretera con varios carriles que ahora, sin embargo, se vuelve a colapsar con la operación salida de cualquier puente festivo. Y es que no hay carretera que pueda con el ansia de disfrutar de los días festivos viendo el azul del mar.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS