El vitoriano González-Vigil estrena su primer largo

El realizador vasco presenta 'Naranjo en flor', película que ha tenido que rodar en Argentina ante la falta de ayudas institucionales en su tierra

J. FIESTRAS | VITORIA
Eduardo Blanco, protagonista de 'Naranjo en flor'./ EL CORREO/
Eduardo Blanco, protagonista de 'Naranjo en flor'./ EL CORREO

Tiene una vida de película. Antonio González-Vigil abandonó sus estudios para viajar. 'Se aprende más en la calle que en la escuela', dice la máxima, y el cineasta vitoriano la hizo suya sin dudarlo. Seis largos años recorriendo Europa, África y América Latina. Un largo viaje que concibe como «un proceso vital y formativo». González-Vigil es un alavés desconocido, que regentó bares en su ciudad, organizó conciertos de cantautores y, con el dinero que logró, abandonó su tierra para irse a Uganda. Entre nativos y leones, el realizador sintió la llamada del séptimo arte y, una vez más, dio un giro al timón de su vida y regresó a España con la idea de hacer un largometraje diferente.

A González-Vigil le gustaban los Hermanos Marx y Buster Keaton; no era niño de dibujos animados. Luego vio 'La caza', de Carlos Saura, y aquella cinta le marcó de por vida. «Me di cuenta de que el lenguaje cinematográfico servía para acentuar el discurso, que una historia podía ser muy distinta contada de una forma u otra», reflexiona. Su vuelta a sus raíces, después del prolongado periplo internacional, fue compleja. Tenaz como él solo, el cineasta inició otro peregrinaje, esta vez por todas las instituciones oficiales, en busca de una subvención. Pese a su empeño, no la logró. Fue el primer cartucho que cargó la escopeta que se dispara en los títulos de crédito de 'Naranjo en flor'. Porque González-Vigil, en su primer largometraje en solitario, carga contra la política de subvenciones al cine español y se ceba especialmente en las ayudas que el Gobierno vasco le denegó en su casa. «El cine español necesita ayuda, pero aquí somos los pioneros del cine digital: el dinero público se entrega a dedo», declaró en la presentación de su filme en el Festival de Málaga.

La ausencia de dinero no le impidió, hace dos décadas, realizar su primera película. Pertinaz, el vitoriano reunió la cantidad necesaria huyendo de políticos y convenció a estrellas como Antonio Banderas, Fernando Fernán Gómez o Adolfo Marsillach para participar en ella. 'Delirios de amor' fue su debut en compañía. En este viaje le arroparon amigos como Félix Rotaeta, Luis Eduardo Aute y Cristina Andreu. Un póker de directores noveles para una misma aventura, que acabó siendo también una serie televisiva.

Cambios en el guión

Han pasado 23 años y González-Vigil se estrena, por fin, en solitario. Encontró la semilla de este 'Naranjo en flor' en una novela de Manolo Merinero, aunque el proyecto ha sufrido muchos cambios desde sus inicios. Ante la imposibilidad de rodar en Euskadi, el realizador hubo de replantearse las cosas. El vitoriano había elegido a otro alavés, el actor Karra Elejalde, para protagonizar su película, y Javier Gurruchaga iba a ser un obispo, pero no pudo ser. Curiosamente, Argentina le abrió sus puertas y le proporcionó los medios necesarios para que rodara en el país del tango, «una historia de amor, sexo y corrupción, con estructura de thriller y atmósfera de tango, donde los buenos acaban haciendo cosas malas pretendiendo seguir siendo buenos», define el cineasta 'exiliado'. Argentina y Uruguay son los escenarios en los que tiene lugar la historia de Malena (María Marull), una psicoanalista de mediana edad que mata accidentalmente a un policía y decide ocultar el crimen. El argentino Eduardo Blanco, conocido por su papel en 'El hijo de la novia', es el protagonista del largometraje, cuyo inesperado final sorprende al espectador.

La falta de ayudas no sólo motivó el cambio de localizaciones y actores, también varió la profesión de los personajes. La protagonista, por ejemplo, iba a ser dobladora de películas al euskera. González-Vigil la reconvirtió en torera cuando el País Vasco le negó su ayuda, y acabó siendo psicoanalista en Argentina. «El cine español es un moribundo reanimado artificialmente por subvenciones públicas. Aquí se hacen películas que ganan dinero siendo un fracaso, y grandes éxitos que llevan a la ruina a sus productores», declaraba a EL CORREO. Curiosa paradoja la que dibuja el cine, según el director vasco.

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