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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

ELECCIONES VASCAS
AINTZANE EZENARRO CANDIDATA DE ARALAR

La cabeza de lista de Aralar por Guipúzcoa cree que la izquierda abertzale, centrada en la reivindicación nacional, tiene todavía pendiente de «abordar la gestión de los problemas diarios»
22.02.09 -

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«Leizaran fue un modelo de participación social»
Aintzane Ezenarro y Pello Salaburu decidieron celebrar la entrevista en un parque de San Sebastián. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: J. L. NOCITO
Aintzane Ezenarro (Getaria, 1971) muestra ya la experiencia de una novicia que repite la esperanza. Con las encuestas de cara. De entre los partidos presentes en el Parlamento vasco durante esta legislatura, es la única mujer que encabeza una lista, lo cual no deja de ser significativo. Madre joven, euskaldun, abertzale y de izquierdas. Buen reclamo para incorporar a nuevos votantes y capitalizar el sufragio de quienes no acaban de encontrar otras referencias más claras y el de aquellos que, siendo de izquierdas y abertzales, condenan la violencia de ETA.
Ha sido periodista antes de dedicarse a la política y quizás el hallarse ahora al otro lado de la mesa le incline a manifestar cierta prudencia, o incluso bastante prevención, a la hora de responder a algunas cuestiones: «¿Y esa pregunta se la ha hecho a los demás?» «¿Y le han contestado?» «Eso es mojarse demasiado». Claro, las preguntas las selecciona el entrevistador, no quien vaya a responder. Y aunque no todas se inclinen por saber cómo ha mordido el hombre, o la mujer, al perro (no sigo con lo del género), en alguna sí que se quiere saber lo que pasa tras la mordida humana. El caso es que quiere ir al grano en sus respuestas: «Seré concisa, para que se recoja de forma fiel lo que digo». Pero no le es fácil cumplir y manifiesta cierta ansiedad: el vaso de agua que iba a aliviar la tos se queda en la esquina.
Aintzane Ezenarro no proviene del mundo de Batasuna. Nacida en el seno de una familia obrera, vivió de cerca el sindicalismo y comenzó su andadura en torno a Elkarri, a favor de la paz. Con el nacimiento de Aralar, probó suerte en Getaria, donde la representación obtenida, para empezar, no estaba nada mal. En las elecciones municipales de 2003, la formación obtuvo tres concejales.
Con el tiempo, Aintzane ha acabado en el Parlamento, defendiendo una política «que tenga en cuenta los intereses de la gente». Desde la izquierda, con un claro sentimiento abertzale. O al revés. Cuando se quiere hurgar un poco en sus referencias sobre la izquierda, uno tiene la impresión de percibir un poco de sorpresa: quizás espera otras preguntas. De hecho, el discurso en este punto asombra por lo elemental. Roza la candidez.
Lo cierto es que las experiencias políticas de izquierda contrastables (no me refiero a la socialdemocracia) han generado más problemas de los que han resuelto. Bueno, todos sabemos que hay riqueza en el mundo, que hay recursos y que se pueden utilizar mejor. Pero no hay en ese discurso una reflexión mínima sobre el significado que tiene en nuestra vida un sector decisivo en el sostenimiento de cualquier economía: la labor del empresario. Por muchos recursos y riqueza que haya, por mucho que se repartan, si no hay alguien que se arriesgue, que invente, que lo intente de forma personal, la economía se apaga. Es así de sencillo. No le oí citar la palabra empresario.
Aintzane cree en lo que dice. Piensa que en la sociedad hay que introducir cambios, que eso es posible y que los movimientos sociales deben jugar un papel mucho mayor a la hora de tomar decisiones estratégicas. Apela, incluso, a la buena voluntad de los gobernantes (de izquierda). La autovía de Leizaran como ejemplo.
Piensa que es responsabilidad de todos participar de algún modo en política y está convencida de que en España (en el Estado español) no existe la división de poderes. Condena sin paliativos la acción de ETA. ¿Internet? Solo lo imprescindible: para leer la Prensa. El rojo es el color de su partido. Las sillas de la sede son rojas y negras, los colores del anarcosindicalismo.
-¿Cómo ha sido que ha decidido dedicar su vida a la política? ¿Le viene de familia?
-En la universidad conocí Elkarri, que suplió la sensación de orfandad política que tenía. Me vinculé a Elkarri profesionalmente y viví el proceso de Lizarra de forma cercana. Pero luego se frustró aquello y vino la ruptura de la tregua. El alto el fuego de ETA generó una gran esperanza, pero la ruptura fue muy frustrante. Entonces nació Aralar.
El trabajo de concejal
Ezenarro vivió casi como espectadora el surgimiento de su partido. Pero en las elecciones municipales de 2003 decidió presentarse bajo esa marca en Getaria, tras haber organizado una candidatura de la noche a la mañana. El 20% de los votos a su favor les otorga tres concejales, aunque ocupan sólo dos escaños. Luego vinieron las Juntas: «Debía hacerlo; cuando te piden que te mojes no es coherente decir que no». De ahí, en 2005, al Parlamento, aunque siga siendo concejal.
Reivindica el papel del político en la sociedad. No sólo eso: «Todas las personas deberían ser en algún momento de su vida concejales de su pueblo, para que sepan lo que es administrar con recursos limitados».
-¿Es bueno que la política se profesionalice?
-Si quieres hacer una aportación en política, necesitas cierta experiencia, como en cualquier otro trabajo. Es preciso buscar un equilibrio. Las ideas necesitan también su tiempo. Es peligroso no haber trabajado con anterioridad.
Huye del discurso facilón, del discurso de taberna que demoniza la actividad de la que ella forma parte: «Hacer una apuesta por la política es mojarse por unas ideas, dejar el anonimato y perder parte de tu intimidad. Es demasiado fácil criticar a los políticos. Se necesita gente que apueste por la política y por las ideas». Aintzane considera que su labor es, por encima de todo, la gestión del bien común y le molesta el reproche fácil, el de quienes se quedan en permanente adolescencia política, como si en este punto no hubieran madurado. No todos los políticos son iguales. La descalificación tiene como consecuencia que casi nadie quiera participar en la política. En otros países europeos ese trabajo se valora de forma mucho más positiva que aquí.
-El caso es que muchos políticos viven bajo la amenaza.
-Esta sociedad tiene una enorme carga de sufrimiento. No podemos ni debemos olvidar esa amenaza. Es una situación muy grave. Mire: mi entrada en política está relacionada con esto, porque no quiero que haya personas viviendo con escolta en este país. Quiero la paz. Se puede defender una política abertzale y de izquierdas sin armas, y que nadie tenga que vivir esta situación. Es muy duro que en este país haya personas amenazadas.
-¿Por qué no ha sido capaz Aralar de atraer el voto de los desencantados de Batasuna?
-La izquierda abertzale tradicional es más que un partido: es una cultura, una forma de vivir, de relacionarse con círculos de amigos... No es fácil romper esa cosmovisión sólo en un punto. De todos modos, no olvidemos que votan las personas, no las organizaciones. Y en ese sentido hay un trasvase continuo de votos. Los bloques no son estancos.
-Pero quizás esperábamos una efectividad mayor.
-Si incluimos a Nafarroa e Ipar Alde, la balanza cambia de forma considerable. Somos abertzales, pero sabemos que hay tres ámbitos de decision, y cada uno tiene sus ritmos. Apostamos por la política en toda su dimensión: junto a las reivindicaciones nacionales está la gestión de los problemas concretos diarios. Trabajamos por la unidad de acción abertzale para conseguir el derecho a decidir, pero hay que abordar los problemas diarios de gestión. Esto está por hacer en la izquierda abertzale tradicional.
La parlamentaria de Aralar dice conciliar los roles profesional y familiar como puede, porque incorporarse a la política, y a la vida laboral en general, con hijos pequeños es complicado. Una corresponsabilidad compartida en la pareja asegura la igualdad. Ella, en cualquier caso, procura cambiar la cultura masculina que impera en este asunto: basta intensificar el trabajo en las horas centrales del día para poder dedicar a la familia las iniciales o finales.
-Me gustaría saber su opinión sobre tres referentes de la izquierda: Castro, Morales y Arafat.
-Cuba me parece una experiencia interesantísima, aunque tenga defectos, porque hay que compatibilizar socialismo y democracia: elecciones libres con una economía muy nacionalizada. El bloqueo, mucho más político que democrático, tiene consecuencias graves para la población (cuando la visité había apagones que duraban 18 horas). Es totalmente injusto, y al final lo acaba pagando la población.
-¿Pero aquello es una dictadura o no?
-No se puede calificar como tal. No hay una democracia al estilo occidental.
-¿Hay algún otro tipo de democracia?
-Es verdad que no hay libertad de elección, ni de manifestación u opinión. Pero han podido erradicar el hambre. Tampoco creo que hay democracia en los países que se dicen democráticos, pero no aseguran el pan a sus gentes. ¿Es democracia que haya elecciones libres y luego los ciudadanos no tengan donde caerse muertos? A ningún niño cubano le falta la leche. Pero quiero creer que es posible compatibilizar socialismo y democracia.
La voluntad de Evo
-¿Morales?
-Me cae simpático. Es un sueño hecho realidad para muchísima gente: indígenas marginados durante tantos siglos han llegado al final al núcleo del poder. Todos los que queremos cambiar el mundo tenemos que llegar al poder. Evo Morales puede cometer errores o no, pero tiene la mejor de las voluntades (es lo mejor que se puede decir de un político) y no está en política ni para enriquecerse ni por el poder. Hay que dejarle margen.
-¿Y Arafat y su rica viuda en París?
-Al pobre Arafat lo envenenaron. Estuvimos en Palestina en un viaje del Parlamento, y allí nos lo decían muy claramente. ¿Pero por qué no hablamos de otras corrupciones? Me pone usted ejemplos de personas de izquierdas, asociándolos a su mala gestión.
-Señale usted algún otro ejemplo de izquierda diferente.
-Allende: no le dejaron ni vivir. Chile era un ejemplo de democracia con elecciones libres y con un cambio radical en lo social. Ése es un ejemplo. ¿Por qué hablar de los fallos que puedan tener algunos? Todos somos humanos. Arafat era una persona muy querida por su pueblo y un líder carismático. Hoy hay división y falta de liderazgo o de objetivos claros, que la OLP sí había conseguido. Hay corrupción también en Europa y no la destacamos.
-¿Pero usted cree que todos los gobernantes europeos son corruptos?
-Todos no. Pero me disgusta que se saque punta a estas personas, que además han dado la vida, y casi no se hable de otras. No se puede ser despiadado con algunos y tener manga ancha con otros.
-No quiero ser despiadado. Si pongo estos ejemplos de la izquierda es porque no encuentro otros en el mundo. Déme usted alguno.
-¿No hay otros? Bueno, el caso es que en este mundo pesa más el mercado. Claro, después viene lo que viene: todos los ultraliberales pidiendo rescates. Esa es la muestra de la gran mentira del liberalismo. Desde Adam Smith diciendo lo mismo, y cuando ha fallado, viene el rescate público. Esto me parece obsceno, desde todos los puntos de vista. Nunca se ha hecho un plan de estas características para solucionar otros problemas: para erradicar el hambre, por ejemplo. Y esto no es populismo o demagogia: es real. A la gente le indigna mucho eso: fondos públicos para salvar a la banca, y sin condiciones. La izquierda tiene sus contradicciones, pero la del liberalismo es la mayor mentira que hemos padecido.
-Querría saber su opinión sobre tres asuntos que han sido bandera de la izquierda: el TAV, los transgénicos y las antenas parabólicas.
-Nuestra posición sobre el TAV la hemos dejado clara. No estamos en contra de modernizar el tren. No compartimos ni el modelo ni este trazado de hace veinte años. La 'Y' está pensada desde Bilbao: para ir de Donostia a Gasteiz hay que pasar por Elorrio. No tiene ningún sentido. Es cierto que el TAV no puede parar en todos los sitios, pero muchos pueblos van a ver pasar el tren sin aprovechamiento alguno. El proyecto ha tenido una contestación social y política importante. Se podían haber estudiado otras posibilidades, como en su día se hizo con la autovía de Leizaran. Por supuesto que ETA no pinta nada en todo esto. Pero en la autovía hubo un proceso con Lurraldea: se barajaron distintas posibilidades y se llegó a un acuerdo. Aquello se gestionó muy bien: nadie consiguió todo lo que quería, pero se llegó a un acuerdo.
-Pero, ¿para qué estan los partidos, los parlamentos, las instituciones.? Las reglas de juego son las que son.
-Cualquier democracia consolidada tiene instituciones o partidos, y luego tiene grupos de participación...
-Claro, pero dentro de un proceso marcado previamente.
-Ante proyectos estratégicos hay que arreglar modos de participación no sólo vía consulta. Es necesario dar un cauce a las opiniones. La gente no ha podido hacer sus aportaciones por esta otra vía. En las democracias consolidadas se hacen este tipo de cosas con toda naturalidad.
-Su opinión sobre los transgénicos.
-No soy especialista, pero no está probado que sean inocuos para la salud. Y todo el tema está vinculado al negocio privado. Mientras nadie nos garantice que no son nocivos, tendríamos que estar en contra. Lo dice gente que sabe del tema. Pero este tipo de cuestiones están fuera de lo que pueda decidir el Parlamento vasco.
-Me gustaría conocer su opinión sobre la política del Gobierno en materia de vivienda.
-Debemos superar el esquema de las VPO. La inversión pública debe seguir siendo de control público. El alquiler social es lo que mejor garantiza esto. Y cuando las necesidades quedan cubiertas, porque la renta del inquilino ha mejorado, ese bien debería servir a otra persona. Creo que esa es la dirección por la que apuestan todas las políticas de vivienda desde un punto de vista de la izquierda.
Esta estrategia fue defendida hasta por el PNV, agrega Ezenarro, aunque finalmente el Ejecutivo mantuvo las VPO. La política en este terreno durante la legislatura actual se ha quedado coja, porque la ley de vivienda, que iba a garantizar el derecho subjetivo a una casa como algo reclamable (no en propiedad), ni siquiera se ha presentado al Parlamento: «El propio consejero dijo que los grupos de izquierda no lo habían querido acordar con él. El consejero no ha llevado ningún proyecto de ley. Ni siquiera ha pasado por el Consejo de Gobierno. Reclamamos una política mucho mas dura contra las viviendas vacías (canon, política fiscal, etcétera). En la próxima legislatura, si el Gobierno no toma la iniciativa, nosotros presentaremos de inmediato una proposición de ley sobre esta cuestión».
-¿Qué opinión le merece la labor de este Gobierno? ¿Cree que la coalición PNV-EA-IU ha sido beneficiosa para el país?
-Hemos coincidido en algunos puntos, como la ley de consulta. Habrá que seguir en esta lucha. Pero otras cosas han quedado por el camino: los modelos lingüísticos, la ley de vivienda, el tema de las víctimas. En este caso nos parece importante tener una mirada abierta con respecto al sufrimiento padecido en este país en la historia reciente. En informes realizados por la Dirección de Derechos Humanos se habla de 109 muertes a raíz de excesos de violencia policial, básicamente, en controles, manifestaciones, etcétera. Estas personas no han tenido ni la verdad, ni la justicia ni el reconocimiento debido a cualquier víctima. El Gobierno ha fallado en esto. Y en política lingüística, en donde apenas se ha hecho nada. No estoy de acuerdo con el documento 'Euskara 21'. No vamos por ahí. Hay que exigir más: mis hijos no saben castellano, pero no tengo un pediatra que sepa euskera.
-¿Cree usted que la libertad de expresión está garantizada en Euskadi?
-Es obvio que no. La amenaza de ETA está ahí, y lo hemos visto con la bomba puesta en ETB. Tampoco hay otros derechos garantizados en este país. La ley de partidos ilegaliza organizaciones, pero el derecho penal indica que los delitos son personales. Y hay que tener pruebas. La diferencia con Francia es clara: allá no han encontrado estas vinculaciones y han quedado en libertad. Aquí hemos visto que incluso personas que se han manifestado públicamente en contra de la violencia de ETA han sido encarceladas por pertenencia a banda armada. Eso sólo pasa aquí. La Audiencia Nacional se tendría que erradicar. En el Estado español no hay división de poderes. La ley de partidos es 'ad hoc' y se activa cuando le interesa al Gobierno.
Ezenarro lo tiene claro: sólo dará el voto a un lehendakari que no sea de «obediencia estatal». Pondrá el programa encima de la mesa y se verá si es posible llegar a acuerdos. Cree que Aralar será la llave para que el Gobierno sea abertzale y gire a la izquierda. Porque es un partido progresista: «Todos los de izquierda somos progresistas». Es por eso que pide el voto: «Pido el voto a quien se sienta de izquierda y abertzale. El voto útil de la persona de la izquierda es la izquierda».
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