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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Miranda

22.01.09 -

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4 testigos ratifican que Marisa fue introducida a la fuerza en un coche que «salió disparado»
«Oímos unos gritos de socorro, ¡suéltame, déjame! que procedían de un portal y, de modo muy rápido, vimos cómo la metieron a la fuerza en un coche, que salió a toda velocidad». Pasaba poco más de un cuarto de hora de las tres de la tarde del 7 de diciembre de 2004 y los protagonistas de ese incidente eran Marisa Villaquirán y su marido. Así lo confirmó, «sin ningún género de duda», una de los cuatro testigos de los acontecimientos, que ayer declararon en la segunda sesión del juicio oral por la detención ilegal de la mirandesa. Lo hicieron, a petición suya, separados por un biombo de los bancos de los procesados, con los que se negaron a tener contacto visual durante su comparencia.
M.A.F., que se encontraba junto a su marido paseando al perro y que ya entonces conocía «de vista» a Marisa y Rafael, tuvo tiempo de ver cómo la mujer era llevada «en volandas» a un coche que se encontraba aparcado en doble fila con la puerta trasera abierta y en el que fue introducida «a la fuerza, sin ningún cuidado» al final de la calle Francisco Cantera.
Un hecho del que no tardaron en dar cuenta a la policía. Fue su marido S.B.P. el que tras unos primeros instantes de no saber qué hacer, se fue directo a Comisaría. «Tardaría un minuto, dos a lo sumo, en llegar», apuntó. Allí relató lo sucedido momentos antes y llegó a facilitar la marca y la matrícula del coche. «Era un Passat matrícula de Bilbao, ahora no la recuerdo completa, pero entonces sí di todos los datos», aseveró.
De hecho, también pudo identificar al conductor del vehículo. «Sé quien es. Al principio observé a una persona un poco agazapada al volante, como asustado, esperando. Pero después giró la cabeza en mi dirección y le pude ver bien», explicó. Ahí acabó la secuencia. Una vez que Rafael metió a Marisa en el coche «se echó encima; la inmovilizó. La sujetó hacia abajo en el asiento trasero».
El vehículo «salió rapidísimo», tomando la curva con República Argentina en dirección a Comisaría». Tan rápido como para que llegara a «derrapar y culear», como explicó un vecino. Eso sí, aunque el abogado de Isaac Duval preguntó a cada uno de ellos sí podrían fijar la velocidad, ninguno de ellos la pudo precisar. Coincidieron, de todos modos, en que no respetó la señal de ceda el paso que hay en el cruce de ambas vías.
Su relato ante los agentes de la Policía Nacional motivó en ese mismo instante la salida de una patrulla para tratar de localizar el coche por la ciudad.
Con las llaves en la puerta
Algo menos detallada fue la narración de los hechos de dos de los vecinos del portal en el que estaba trabajando Marisa. Ella, M.E.R. se disponía a entrar al inmueble cuando se cruzó con «una persona que llevaba aupas a otra». Los tuvo muy cerca, tanto que «si llego a estar un paso más cerca me llevan por delante», especificó. Una proximidad que le permitió identificar con claridad a Marisa, de la que señalo que, en ese momento, iba vestida de calle y llevaba una coleta. A él le vio de espaldas y apenas tuvo tiempo de mirarle. «Todo fue cosa de muy poquito tiempo», insistió.
Lo que tiene muy claro es que en el portal, fuera del cuarto destinado a los útiles de limpieza, había al menos «un recogedor» y «las llaves estaban puestas». Así lo vio en las «2 ó 3 veces más que ese día entró y salió de casa». Después no sabe qué pasó con ese juego, pero la comunidad optó por cambiar las cerraduras que se abrían con esa llave. Algo que también confirmó su vecino, J.F.S., quien ese día fue testigo de los hechos desde la terraza de su vivienda. «Vi como paraba un vehículo en doble fila, dejaba la puerta de atrás abierta y al poco rato oí voces y chillidos pidiendo socorro. Un hombre llevaba a una mujer en volandas y la metió rapidísimo al coche».
Él fue el único que no dio nombres. No puede asegurar quienes eran los implicados. «Desde arriba no los vi bien. Fueron unos segundos». Sí vio que se marchaban en un Passat matrícula Bilbao.
De manera más o menos prolija, los cuatro testigos del momento clave de la desaparición narraron el mismo desarrollo de los hechos. Sólo en un punto de la historia surgió la contradicción: en el modo en el que Rafael sujetaba a Marisa cuando la metía en el coche, cuyo conductor en ningún momento se apeó. Mientras que el matrimonio que se encontraba paseando se mostró casi seguro de que ambos miraban en la misma dirección, a los vecinos les parece recordar que estaban uno frente al otro. Pero, en todos los casos aseguraron que ella iba «aupas», sin tocar el suelo con los pies.
La contradicción puesta de manifiesto y que quedó sin resolver «será la sala quien la valore», zanjó el juez, Francisco Martín Ibáñez, ante la insistencia del defensor de 'El Dani'. El juicio continúa hoy.
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