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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

JUICIO POR LAS CONVERSACIONES CON BATASUNA

El archivo de la causa sorprendió a la sala y dejó sin palabras a Ibarretxe y López cuando hablaban sobre el frío y la posibilidad de que se suspendiera alguna jornada por mal tiempo

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Se quedaron helados
Hay un cuadro a las puertas de la sala de vistas que podría resumir lo que se vivió ayer en el banquillo de los acusados. La pintura, obra del bilbaíno Alfonso Gortázar, uno de los representantes de la figuración española, reflexiona sobre el vacío creativo con un autorretrato en el que el autor fija su mirada en un cuadro en blanco. 'In albis', sin comprender nada. Así se pudieron quedar Rodolfo Ares, Patxi López, Arnaldo Otegi y Juan José Ibarretxe cuando escucharon el dictamen del tribunal. Sobre todo Ibarretxe, que negaba contrariado con la cabeza al asumir que la causa sobre la que había pedido llegar «hasta el final» pasaba a ser archivada. Hasta tres veces tuvo que repetir el presidente, Manuel Díaz de Rábago, que el proceso penal se resolvía con lo que técnicamente se conoce como sobreseimiento. «Que no se celebra». «Que no hay juicio».
Helados, sin palabras. Casualmente, antes de que el fallo sorprendiera a la sala, esos fueron los términos con los que se había abierto la sesión en el Palacio de Justicia. Sentados en el banquillo de los acusados por segundo día, Ibarretxe intercambió unas palabras con el líder del PSE tras un cortés apretón de manos. El candidato del PNV comentó la helada con la que Vitoria había amanecido. «De espanto», la calificó. El aspirante socialista apuntó la posibilidad de que se suspendiera alguna jornada del juicio «si el tiempo empeoraba».
Son conversaciones intrascendentes para pasar casi siempre un mal trago, un encuentro protocolario, una charla de ascensor. En la reunión celebrada en 2006 en un hotel de San Sebastián entre la delegación socialista y los representantes de la izquierda abertzale se habló de las elecciones en México y de la «amabilidad» de los periodistas japoneses desplegados entonces para cubrir el llamado proceso de paz. Eso, antes de cerrar la puerta.
Fue al grano
La meteorología suele ser un buen aliado para estas ocasiones en las que se pueden dar violentos silencios, pero el presidente del tribunal fue ayer al grano al anunciar «el libre sobreseimiento de las actuaciones». En apenas unos minutos, Díaz de Rábago dio lectura a lo que los imputados esperan que sea un punto y final. El 'fuera caretas' de la primera jornada, cuando las defensas desvelaron sus estrategias y el letrado del lehendakari anunció que prefería el juicio antes que su archivo, dio paso ayer a una bajada del telón. En una sala preparada para un largo proceso, el archivo podría tener una lectura teatral: Batasuna pierde un escenario, los socialistas evitan un foco incómodo en vísperas electorales y el PNV pasa página a un protagonismo judicial que le provoca contradicciones a la hora de concentrarse en los problemas de la calle, como la crisis.
Fue breve la última jornada, pero hubo tiempo para la escenografía. Ibarretxe salió a las nueve de la mañana de la sede del PNV, a escasos metros del tribunal, mientras sus simpatizantes desplegaban una pancarta en la fachada de Sabin Etxea con el lema 'todos con el lehendakari' -'lehendakari, zurekin bat!!!'-, debajo del cartel del 'Think Gaur'. Ayer se incorporaron a su comitiva el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, la vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, y el diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano.
Dentro, López y Ares evitaron de nuevo a Arnaldo Otegi, quien se acercó a saludar a Ibarretxe. Éste se levantó y charló con él, como luego haría su mujer. Anunciado el archivo y una vez digerida la sorpresa inicial, los socialistas compartieron corrillo con la letrada Jone Goirizelaia y después se fueron con sus parejas. El lehendakari también se despidió de todos los abogados.
Terminó así lo que éste había definido con sorna como un «'pase-misí'». Entre los ya ex imputados, López y Ares dejaron los primeros el Palacio de Justicia. Después, Otegi con los suyos, salvo los cuatro acusados presos por otras causas. Por último, Ibarretxe, quien pedía a sus seguidores de vuelta a Sabin Etxea que tuvieran «cuidado con el semáforo en rojo».
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