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Cultura

26.12.08 -

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Harold Pinter hizo frente a muchas adversidades, entre ellas el cáncer que se le diagnosticó en 2002, una enfermedad que 'combatió' también con la poesía. Así, mientras se sometía a tratamiento de quimioterapia escribió el poema 'Células cancerígenas'. Fue otra prueba de su carácter indomeñable. Como actor, productor, poeta y guionista para el cine y la televisión, este autor e intelectual izquierdista siempre destiló un afán crítico que le granjeó un pleno reconocimiento internacional y la etiqueta de 'la voz más airada' de la generación de 'los jóvenes airados' que marcó las letras británicas en la segunda mitad del siglo XX.
Tras la invasión de Irak, no dudó en calificar a Tony Blair como un «criminal de guerra que exhibe una encantadora sonrisa cristiana». Fustigó tanto a Bush y su Gobierno -«una pandilla de delincuentes»- como a los críticos teatrales, a los que siempre juzgó de «innecesarios». Por cuestionar, llegó a poner en solfa la política antiterrorista aplicada por el Gobierno británico a raíz de los atentados de Londres. No se mordió la lengua al referirse a la guerra de Irak como «un acto premeditado de asesinato en masa».
Verdugo y víctima
En 2005, poco antes de recibir el Nobel la BBC ofreció un drama político-musical de Pinter que tituló 'Voces'. El dramaturgo británico se basó en sus últimas cinco piezas: 'La última copa', 'El lenguaje de la montaña', 'El nuevo orden mundial', 'Tiempo de fiesta' y 'Cenizas de las cenizas'. Su hilo común: el ejercicio del poder, las desiguales relaciones entre el verdugo y la víctima, el maestro y el esclavo, y el torturado y el torturador. «La obligación del dramaturgo no es darle a la audiencia lo que quiere, sino insistir en que acepte lo que uno le da».
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