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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

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El escándalo de las falsas inscripciones se explica por la precipitación en mostrar los hallazgos y la inconsistencia académica de algunos 'expertos'

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La semana que hoy termina podría denominarse 'la del calvario' porque fue el miércoles cuando cinco investigadores destaparon el fraude del dibujo de la crucifixión de Jesús grabado en una cerámica del siglo III, en el yacimiento alavés de Iruña-Veleia.
Además de desmontar el supuesto descubrimiento de la primera cruz de la Cristiandad hasta ahora conocida, los expertos calificaron de «burdas invenciones» de época contemporánea las palabras escritas en euskera, junto a términos en latín, hebreo o en lenguaje jeroglífico. Después de dos años y medio de engaño -los hallazgos se presentaron en junio de 2006- la arqueología alavesa se ha visto envuelta en un segundo escándalo, no menos monumental que el de las pinturas rupestres de Zubialde.
En noviembre de 2006, tres acreditados catedráticos de la Universidad del País Vasco -Joaquín Gorrochategui, Joseba Lakarra y Juan José Larrea- hicieron públicas sus sospechas sobre la falsedad de las colecciones epigráficas. Sus voces no fueron escuchadas por el director de las excavaciones, el arqueólogo Eliseo Gil, ni por ninguna institución. Así, la bola de Veleia crecía y crecía con la puesta en circulación de nuevas teorías sobre la llegada del cristianismo al País Vasco o el origen alavés del euskera.
Frente al cuento, las explicaciones científicas resultaban aburridas y farragosas. Por el contrario, el relato de Eliseo Gil sonaba fantástico. Sólo así puede entenderse la historieta de la rica familia que vivía en la casa de Pompeia Valentia, una villa de más de mil metros en la que, en el siglo III, se habilitó una escuela para niños, que hablaban en euskera. El maestro, un oriental -con toda probabilidad un egipcio-, les enseñó la escritura jeroglífica, desaparecida quinientos años antes, además de latín. El mismo pedagogo pudo ser el transmisor de la doctrina de Jesús.
¿Cómo una mentira de este calibre y con vocación de cambiar la historia ha durado tanto tiempo? La respuesta no es fácil. Sobre todo porque son pocos los expertos que quieren hablar en público para no mezclarse con tan chusca manipulación. En privado sí hay argumentos para explicar lo ocurrido.
El primero es, sin duda, la precipitación al presentar los hallazgos. Si es verdad que las piedras, huesos y cerámicas con textos y grabados se encontraron en 2005 y 2006, los expertos no tuvieron tiempo suficiente para estudiar dos colecciones -la de temática cristiana y la de textos en euskera - que sumaban más de mil piezas. Prueba de ello es que algunos de l os investigadores se quejaron, después, de que apenas habían visto el material.
Un físico nuclear
¿De quién fue la prisa? No hay contestación. Eliseo Gil ha asegurado que no tuvo «presiones» por parte de EuskoTren -empresa pública que financia las excavaciones con 3,7 millones de euros en una década- para obtener una rentabilidad de su patrocinio. Medios próximos al arqueólogo, sin embargo, aseguran que hubo «cierto empuje» por parte de la compañía para hacer públicos los descubrimientos.
Nadie entiende que el responsable de las excavaciones no se rodeara del mejor equipo para validar o no las inscripciones. Pero no lo hizo. En la invitación para acudir a la presentación de los descubrimientos se anunció la participación en el acto de la egiptóloga de la Universidad de Barcelona Montserrat Rius. Más tarde se dijo que era miembro del equipo de Arqueología de la Universidad de Tübingen (Alemania). A día de hoy, ningún entendido en la materia tiene referencias sobre la supuesta especialista en Egiptología.
Para las sofisticadas pruebas de laboratorio, se contó con Rubén Cerdán, quien se presenta como físico nuclear. ¿Lo es? Responsables del Ayuntamiento de Legutiano, donde trabajó como técnico de Medio Ambiente y no le fue renovado el contrato, señalan que «nunca vimos el certificado académico». Él, en cambio, asegura que terminó la carrera en la Universidad de Tel Aviv (Israel). El título, como comprobó EL CORREO en el Ministerio de Educación y él mismo admitió, no ha sido convalidado en España. Eliseo Gil guarda silencio.
Precipitación e inconsistencia académica de algunos expertos son los dos ingredientes principales del último 'calvario' de la arqueología alavesa. El tercero es el respaldo ciego de las instituciones a una noticia «que nos llenó de ilusión», comenta un ex responsable de la Diputación, propietaria del yacimiento y de un importante museo de Arqueología que ahora va a estrenar nueva sede.
Tampoco se cuestionó nada el Gobierno vasco que, a través de EuskoTren, financia la excavación. Además, el Obispado de Vitoria bendijo los hallazgos en dos ocasiones a través de sus boletines. La primera vez informa del descubrimiento. En la segunda, en 2007, defiende la «solvencia» del equipo investigador frente a las sospechas. En esta historia, la diócesis también carga con su cruz.
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