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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Álava

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34 alumnos de la ikastola Adurtza inauguran un programa de visitas que patrocina la UAGA para concienciar a los niños sobre la importancia del sector primario
16.11.08 -

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Dos minutos antes del horario previsto, para envidia de los británicos, el autobús escolar alcanza la iglesia de Larrea. Son casi las diez y cuarto de un viernes gris, meláncólico y humedecido por la llovizna. Eva López de Arróyabe, ganadera y directiva de la UAGA, espera a los 34 alumnos de la ikastola Adurtza que cursan segundo de Primaria. Chavales de siete años con la diversión y la curiosidad pugnando por reinar en sus mentes despiertas.
Forman la primera expedición que ha respondido afirmativamente a la convocatoria de los ganaderos alaveses. La UAGA se ha propuesto trabajar la cantera, «buscar alianzas entre la ciudadanía con el fin de dar a conocer la importancia del sector primario para esta sociedad como suministrador de alimentos de calidad y como principal contribuyente al mantenimiento de un medio natural sostenible y un entorno rural vivo». Vamos, educar desde el comienzo, mostrar vacas a chiquillos que identifican la leche con el rectángulo en tres dimensiones de un 'tetra-brik'. Los alumnos de Adurtza abren un programa dirigido a ikastolas y colegios que cuenta con una notable acogida.
El plan incluye desplazamientos a agroturismos, explotaciones de cereal y olivo, ganaderías vacunas y ovinas de carne o leche, de porcino, producciones de patata, remolacha, trufa y uva. Hasta la opción de contemplar bodegas de vino y txakoli.
El autocar se detiene ante la explotación Uriburu, que regenta Eva con su marido (Javi) y un empleado a la vista de Begoña, madre de la ganadera. Algarabía que alegra una mañana de otoño crudo, calzas de plástico para aliviar el efecto del barro en zapatos y pantalones. La primera reacción de la chavalería agrupa prácticamente a la treintena larga de jóvenes excursionistas. Dedos que forman pinza en la nariz, un modo de paliar el olor fuerte a establo que entra por las fosas y se aloja en las médulas. Tan intenso como fácil de acostumbrarse a él. Unos cuantos críos acarician al perro atado, sorprendido por la avalancha de foráneos. Otros focalizan todo su empeño en tocar el lomo de unos preciosos terneros blanquinegros que nacieron la semana pasada.
Máquinas ordeñadoras
Hace falta imponer un cierto orden, que Eva logra con mano izquierda y la complicidad de las andereños. Los alumnos pasan delante de la cámara frigorífica que conserva la leche a 4,6 grados, el líquido que sale a 37 desde las ubres. José Antonio se fija en un recipiente adosado a la nevera y formula una pregunta al alcance de muy pocos iniciados. «¿A esta temperatura mueren las bacterias?», en alusión a esos 4,6. «Es que hemos visto un vídeo y se nota que algunos han estado muy atentos», se felicita Ana, profesora del grupo.
Los escolares se arremolinan sobre el foso donde Javi coloca las máquinas ordeñadoras en las ubres de cuatro vacas. Han parido recientemente -la semana pasada contabilizaron nada menos que quince alumbramientos- y dan entre siete y once litros. «Cuando más producen es al mes del parto, pero el promedio por vaca y día es de unos treinta litros diarios», explica Eva, quien recuerda en euskera a los chavales la vida sacrificada del sector. «Hay que ordeñarlas todos los días, también los sábados y los domingos». Primera noticia para muchos que identifican lo rojo del calendario con la bendición de la bartola.
Nada más llegar en el autobús, los alumnos de Adurtza han visto unas cabañas individuales montadas con mimo donde habitan terneros de días. Allí se dirigen, tras observar la extracción de la leche en las madres, para alimentar a esos proyectos de vacas que pasarán al establo cuando cumplan dos meses. Luego toca repartir el desayuno a ejemplares de una semana. Y se arma un tumulto para tocarlos. Es el imperio de los sentidos: la vista, el olfato y... el tacto. Algunos se quejan de que tal acumulación de críos les impide ver. «¿Quién desayuna en casa tan rápido como éste?», pregunta Eva. Y se escucha un orfeón. «Yoooo...». Menos lobos.
Ariana no había estado nunca en una explotación ganadera y se muestra encantada de acercarse tanto «a las vacas y a los perros». A Eneko le han cautivado «las vacas pequeñas». Lo dicen justo antes de que la propietaria anuncie la posibilidad de montar en tractor y la calma estalle por los aires. Estampida de chavales que huyen del campo visual en busca de ese vehículos con ruedas como molinos.
El tractor, la atracción
Los alumnos forman un círculo bien estructurado -el comportamiento y su nivel de atención general son notables- para escalar dos veces cada uno hasta el puente de mando. Maxim avisa que «yo ya sé conducir, lo he hecho en la finca». Se refiere a Dordóniz, en Treviño. También Jokin es un experto, hijo de padre con tres tractores en su haber. Begoña, la madre de Eva, facilita a este redactor un interesante apunte sociológico. «Han venido varias veces escolares de Agurain, que conocen esto y están acostumbrados. Los de Vitoria son diferentes, y dentro de la ciudad, los hay distintos según qué zonas. Estos de hoy están naturales, pero algunos que vienen de la Avenida y por ahí no se acostumbran tanto». Impresiones que confirma Eva. «Llegan y lo primero que preguntan es '¿de dónde sacáis el dinero, cómo podéis vivir de esto'?».
Fin de fiesta, chocolate caliente con leche de vaca ordeñada la víspera. Para la ganadera y directiva de la UAGA, el momento fundamental de la visita. «Lo importante es que lleguen a casa y digan a sus padres 'hemos bebido chocolate con leche de vaca y no tiene nada que ver'». Eva está dispuesta a profundizar en la cantera, «sobre todo insistir con los chavales de Vitoria».
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