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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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VIZCAYA

La quiebra del Crédito de la Unión Minera, en febrero de 1925, provocó el pánico entre los ahorradores y supuso un duro golpe para la credibilidad de Bilbao y de Vizcaya
12.10.08 -

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El hundimiento
En este edificio estuvo hasta 1925 la sede del Crédito de la Unión Minera. / EL CORREO
El primer susto se produjo el 31 de agosto de 1914. Aquel día uno de los bancos más importantes de Bilbao, el Crédito de la Unión Minera, suspendió pagos. No quedaba más remedio que tomar esa decisión ya que, solamente en un día, se habían llegado a retirar hasta 1.600.000 pesetas, lo que supuso que la caja se redujera hasta las 500.000. La razón del descalabro se encontraba en las peligrosas operaciones ejecutadas por el Banco. Se habían realizado inversiones de alto riesgo -según parece se había comprado deuda rusa y japonesa-, pagaderas en París, un mercado que en agosto de 1914 se hundió por completo.
Una noticia de tal magnitud supuso un mazazo para la economía vizcaína al mismo tiempo que se extendió el temor de que todo derivase en una especie de histeria colectiva que golpease a otros bancos. Sin embargo, el 1 de septiembre, los bancos de Bilbao y de Vizcaya publicaron sus balances a fecha de 31 de agosto con la clara intención de demostrar que ellos sí eran totalmente solventes. Por su parte, la Cámara de Comercio emitió una nota, en euskera y en castellano para que le quedase bien claro a todo el mundo, en la que se señalaba: «Los cobardes y malos patriotas que retiren sus depósitos de las Cajas, merecerán la execración y desprecio de sus ciudadanos». De forma paralela, los consejeros de los bancos de Bilbao y de Vizcaya, para demostrar que no había nada que temer, llegaron a comprometer sus fortunas personales con el fin de garantizar los deberes adquiridos por sus entidades.
Semejante determinación tuvo los efectos deseados aunque para el Crédito de la Unión Minera las cosas no se arreglaron tan fácilmente. De hecho muchos ahorradores acudieron a las oficinas para retirar su dinero. Pero, finalmente y tras unos días de mucha tensión, los ánimos se calmaron. El sistema financiero de Bilbao era sólido y solvente. No había razón alguna para preocuparse. Para el Crédito, sin embargo, las cosas tardaron un poco más en arreglarse. El golpe había sido duro y hubo momentos en los que recuperar la confianza de los clientes se presentó como una tarea casi imposible. A pesar de todo, el 15 de marzo de 1915, el Crédito abrió de nuevo sus puertas al público.
La historia del Crédito de la Unión Minera fue, en cierto modo, la crónica de un drama lleno de luces y sombras en el que la pasión por el dinero y el riesgo ocuparon puestos de privilegio. Esta institución irrumpió en la plaza bilbaína en 1901 con una agresividad poco común. Daba la sensación de que querían que el mercado fuese en exclusiva para ellos. De hecho, el propio Banco de Bilbao en un informe interno emitido en 1903 reconocía que «por el afán de crecer y hacerse fuerte, de atraerse clientela llegó esta Sociedad a señalarse como la más valiente, como la más decidida y como la más guerrera». Mientras el resto de los bancos no daban nada por las cuentas corrientes, el Crédito llegó a abonar hasta un 2%, algo increíble por entonces. Esta audacia desmesurada fue, a juicio de muchos de los analistas de la época, la que le condujo a la suspensión de pagos. El golpe sufrido entonces fue de tal magnitud que cuando en 1915 el banco volvió a abrir sus puertas se encontraba en una situación de semi K.O. técnico a pesar de las oportunidades de negocio que se presentaron durante la guerra europea. Pero todo el engranaje que soportaba su funcionamiento estaba tan viciado que, pese a la bonanza de la etapa bélica y a la recuperación que desde los años veinte experimentó la economía vizcaína, apenas pudo salir de la cultura del fraude en la que se habían instalado.
Una gran mentira
El 10 de febrero de 1925, el Crédito suspendió pagos de forma definitiva. La noticia sacudió a todo Bilbao. Nadie entendía nada. ¿Cómo podía haber ocurrido si las memorias anuales habían mostrado durante años unos resultados magníficos? Todo había sido una gran mentira concretada en un agujero de más de 50 millones de pesetas. Un delito financiero por el cual los consejeros del banco dieron con sus huesos en la cárcel, aunque lo peor fue el tremendo daño que se había hecho a los inversores que vieron como, de la noche a la mañana, se habían quedado sin una peseta. En ese clima de catástrofe los acontecimientos adquirieron un cariz dramático con el suicidio de uno de los periodistas y escritores más afamados de Bilbao que, para su desgracia, también era agente de cambio y bolsa: Manuel Aranaz Castellanos.
¿Por qué tras la experiencia de 1914, el Crédito no cambió sus estrategias de actuación? Al parecer, las razones de aquel hundimiento se encontraban en las malas artes desplegadas por los propios consejeros de la entidad que durante los años de euforia financiera se habían dedicado a especular en Bolsa con los fondos del propio banco. Para su desgracia, el crack bursátil de 1921-22 les reportó pérdidas. Para intentar ocultarlas echaron mano de los valores de los clientes que el banco tenía en depósito. Mientras tanto, los balances señalaban unos resultados impecables. Incluso el presentado en diciembre de 1924, a menos de dos meses del desastre, marcaba unos beneficios de 11 millones de pesetas. Cuando se destapó el fraude se supo la verdad. No había beneficios sino unas pérdidas que ascendían a 252 millones cuando el capital era de 30.
La quiebra del Crédito de la Unión Minera supuso un golpe fuerte a la economía vizcaína y al prestigio de Bilbao como plaza financiera de primer orden. No quedó más remedio que movilizar a las fuerzas vivas. Era necesario recuperar la confianza cuanto antes.
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