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Los técnicos destacan el buen estado del viaducto una vez culminada la primera fase de la profunda revisión a la que se está sometiendo la infraestructura al cumplir 25 años
24.08.08 -

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«El viaducto está como un chaval de 17 años: en plenas condiciones, fuerte y resistente». Hasta el momento, el puente de Rontegi pasa «con nota» su primera gran revisión. Cumplidos 25 años desde su inauguración -mayo de 1983-, la conexión entre las dos márgenes de la ría se ha afianzado como un entramado clave en la red viaria vizcaína. Más de 135.000 vehículos lo cruzan a diario, el 8% camiones, lo que le convierte en la carretera que soporta el mayor volumen de circulación del territorio. Si llegara a quedar fuera de servicio, las calzadas alternativas rozarían el colapso.
Estos datos hablan de la importancia de los «exhaustivos» trabajos de «auscultación» que la Diputación ha iniciado en este gigante de hormigón pretensado. Una vez recolectados los planos del proyecto, varios técnicos e ingenieros de caminos -pertenecientes a las empresas Euroconsult Norte y Arenas y Asociados- someterán al puente a todo tipo de análisis durante las próximas semanas. Se trata de detectar y reparar todas aquellas anomalías que han surgido como consecuencia del tráfico, de la contaminación, del ambiente salino y, sobre todo, fruto del inexorable paso del tiempo.
La primera parte de la inspección, que ha obligado a cortar uno de los carriles del puente, terminó el pasado jueves. Colgados a unos 40 metros de altura sobre una plataforma metálica que puede llegar a alcanzar los 17 metros de largo, los especialistas han examinado «palmo a palmo» los 640 metros de longitud del viaducto en busca de fisuras, coqueras y humedades en la parte inferior del tablero.
Análisis del hormigón
Después llegará el turno de la inspección interior de los pilares y de la galería que discurre en paralelo al tablero y, más tarde, los análisis del hormigón y de las armaduras. Como ha ocurrido esta semana, los expertos deberán utilizar equipos especiales para poder revisar determinados puntos en los que no habrá luz natural y en los que predominará la falta de espacio.
Una vez realizada la 'radiografía' completa de la infraestructura, en otoño se procederá a realizar un proyecto que culmine ya en las obras de reparación precisas, que se iniciarán en verano del próximo año. La Diputación calcula que la inspección costará unos 200.000 euros y los trabajos, entre dos y tres millones.
A falta del veredicto definitivo, los técnicos y los responsables forales encargados de la inspección coinciden en destacar el buen estado en que se han encontrado el viaducto. «La sensación inicial es que el puente se encuentra perfectamente. Hemos visto cosas que habrá que arreglar, pero son problemas relacionados con la antigüedad. Explicándolo gráficamente, lo que vamos a hacer aquí es un 'lifting' más que una intervención quirúrgica», asevera el diputado foral de Obras Públicas, Iñaki Hidalgo.
Hasta el momento, los principales desperfectos hallados en la conexión viaria entre Barakaldo y Erandio son pequeñas fisuras en el hormigón, algunas barras de acero que se van oxidando en los pilares y diversas humedades en puntos que coinciden con los sumideros. Nada que preocupe en exceso a los técnicos. Según dicen, «para que el hormigón trabaje bien se tiene que fisurar».
Al margen de estas reparaciones, la institución foral ya tiene prácticamente decidido que será necesario realizar otro tipo de mejoras en el puente. Por un lado, se efectuará una «limpieza generalizada» y se sustituirán las barandillas, que tienen 25 años de vida y se encuentran bastante deterioradas. También se procederá a la sustitución del quitamiedos que protege el viaducto, que no cumple las recomendaciones actuales. En este sentido, se está barajando la posibilidad de no utilizar doble bionda. En todo caso, a partir de ahora, cada dos años se hará una revisión general y cada cinco, una exhaustiva. El puente es demasiado importante.
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