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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Álava

JOSÉ LUIS CATÓN ARQUITECTO DE LA DIPUTACIÓN

«En Vitoria no hay un proceso de creación urbanística, sino de ocupación de solares vacíos»

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«Hablar de excelencia acústica en un auditorio es mero márketing»
José Luis Catón, veterano arquitecto foral, melómano y pintor, gesticula durante la entrevista. / FOTOS: IOSU ONANDIA
Hay un buen puñado de probabilidades de caminar por Vitoria y tropezarse con José Luis Catón. Puede ser en forma de conservatorio Jesús Guridi, de sede foral de Hacienda, de Archivo del Territorio Histórico, de museo de Naipes o del Artium. Veterano arquitecto de la Diputación, melómano, pintor y académico de Bellas Artes de San Fernando, este vitoriano del 48 opina sin eufemismos de los proyectos a los que se asoma la ciudad y de los ya nunca serán.
-El Ayuntamiento saca a concurso este mes el proyecto del Palacio de Congresos, Exposiciones y de las Artes Escénicas. ¿Tiene pensando presentarse?
-No. Requiere un montaje que no tengo. Me habría encantado hacerlo. Es una obra muy interesante, pero me da la impresión de que el programa de necesidades no está muy claro.
-¿Por qué tiene esa impresión?
-Se habla de un coste de ciento y pico millones y no sé si, como contrapartida, se ha estudiado qué ingresos generará a la ciudad. Por la música, no creo que muchos.
-Se compondrá de tres volúmenes bajo un mismo techo, en la plaza Euskaltzaindia. ¿Le suena bien?
-Me parece una contradicción decir qué apariencia tendrá y, al mismo tiempo, convocar un concurso. Yo entiendo que la apariencia será consecuencia del fallo del concurso.
-¿Y la segunda parte, la del enclave?
-Para mí el sitio más propio para ese complejo era el solar de la plaza de toros. El conjunto que se levanta allí ahora no es una idea buena ni una solución. Teniendo el Buesa Arena, Vitoria no necesitaba otro multiusos. Además, cuando se supriman las vías del tren, esa plaza quedará sobre un zócalo. El encuentro entre, digamos las dos ciudades, será un problema.
-¿Quiere decir que habría prescindido de la nueva plaza de toros?
-Habría planteado una desmontable. Esa instalación interesa a las 2.500 personas que van a las corridas La Blanca. Punto. Con el Auditorio ahí, serían 2.000 personas escuchando conciertos durante medio año. ¿Qué es más importante? Ahora, si nos metemos en querellas políticas, ocasionales y hasta personales, pues no hacemos nada. Pero ésa es la verdadera historia de Vitoria.
-¿Se refiere a la historia reciente?
-No, a la historia de siempre. Acuérdese de la antigua estación de autobuses. ¡Quince años de discusiones para ver qué se hacía con ella! Vitoria siempre ha sido así.
-¿Así? ¿Cómo?
-De creer que todos los problemas los inventamos aquí y los tenemos que resolver aquí. Y en el mundo ya han sido previamente contemplados y resueltos hasta con brillantez.
-¿A qué achaca esa actitud?
-A que es una ciudad muy satisfecha. Pensamos que todo es estupendo y perfecto. Cualquier cosa que distorsione el marco se plantea como un problema. Mire, hay cuestiones del gobierno de la ciudad que son equiparables a cuestiones que son del gobierno de uno mismo.
-¿Qué quiere decir?
-Cuando uno tiene una enfermedad va al médico, no convoca una reunión de vecinos para ver cómo resuelve ese mal. Más claro. ¿Hay que resolver el trazado de unas alcantarillas con un referéndum? Pues no. Y no nos equivoquemos. Eso no es democracia. Para nada. Eso es consecuencia de ciertas actitudes demagógicas. Y cuando se producen ese tipo de injerencias, los que entienden de las cuestiones se retiran porque no quieren entrar a pelearse con quienes no pueden pelearse.
Asignatura pendiente
-Regresemos a Lakua. ¿Es importante la firma que lleve el Auditorio?
-Claro. Los edificios firmados por un arquitecto de renombre mundial tiene el atractivo de que se convierten en algo con lo que uno se puede comparar. Además, suelen aportan soluciones técnicas interesantes e innovadoras. Eso es un valor indudable. Y hay que contar con ello. También le digo que el cambio histórico más importante que se ha produce en el contexto urbanístico de Vitoria es la solución de los Arquillos y la plaza de España. De Olaguíbel. De Vitoria. Lo que no admito es que se nos venda que por ser de fulano de tal es estupendo.
-«Vitoria necesita un edificio emblemático, un icono, no otro Artium». ¿Ha oído el comentario?
-Francamente, no. Mire, Vitoria lleva 35 años pensando en hacer una Casa Consistorial decente. Aún no la ha hecho y estamos hablando del palacio de congresos-auditorio. Se da la circunstancia de que esta ciudad dio el paso de la Edad Media a la Modernidad a través de la Casa Consistorial que hizo Olaguíbel. Curioso, ¿no? Me pregunta si Vitoria necesita un edificio emblemático. No, necesita resolver los problemas que son reales. Y uno de ellos es hacer una Casa Consistorial que represente el ingreso de Vitoria en el siglo XXI.
-El solar ya está escogido, el del aparcamiento San Martín.
-En esta ciudad las cosas se resuelven por eliminación, buscando solares vacíos. No se diseña la ciudad con actos de creación urbanística en función de sus necesidades. Se hace un plano de distribución de parcelas y luego se mira a ver si cabe algo. Y así no se hacen las cosas.
-Apuesto a que tiene su propia idea de ese proyecto.
-Yo lo haría en Renfe. El espejo de Olaguíbel. En pleno eje de su obra. Veo una torre de cincuenta pisos. Un salto a la modernidad.
La «injusticia» del Artium
-Muy atrevido. Han pasado seis años desde que remató el Artium. ¿Cuántas veces ha vuelto?
-Muchísimas. En primer lugar, por mi interés por el arte contemporáneo. La política artística que ha seguido es de lo mejorcito que se ha hecho en España y en muchos países de Europa. Es un referente. En segundo lugar, voy a menudo porque el edificio está a mi cargo.
-¿Nota que con el paso del tiempo ha ganado o se ha diluido en la ciudad?
-Desde el punto de vista funcional, cada vez me produce más satisfacción. Responde exactamente a lo que se le pide: capacidad de adaptación y flexibilidad. Conseguir una conexión mayor entre el arte contemporáneo y la sociedad vitoriana es más difícil. Le falta inserción. Yo renuncié a hacer una arquitectura espectacular para crear un espacio urbano, una plaza. Bien es cierto que el solar que se me impuso daba poquísimo margen de maniobra y que Francia es una calle de paso.
-Empezó a trabajar en él cuando Bilbao estrenó el Guggenheim. ¿Siente que se le puso en la picota por una comparación desproporcionada e injusta?
-Sin duda.
-La crítica perdura en el tiempo. ¿Le ha dolido el comentario que le he hecho antes?
-Sí, pero es algo esperable. Es como si me dijera: ¿cómo conseguimos que la gente apoye la fuente de separación de neutrones? Pues, de ninguna manera, porque la mecánica cuántica y la física de partículas no forman parte de la vida de la gente. Tampoco el arte contemporáneo.
-Una última visita a Lakua. Más en concreto, al Auditorio y al ingeniero de sonido contratado por el Ayuntamiento para dotarle de excelencia acústica. ¿Se relame con la apuesta o se lleva las manos a la cabeza?
-Eso es una operación de mero márketing que carece por completo de valor. Cualquiera con nociones de acústica y de arquitectura sabe que eso es como decir que han traído a alguien que tiene un gusto para las cortinas...
-Explíquese.
-Mire, cuando Julio Herrero y yo hicimos el conservatorio, planteamos un aula magna con 660 butacas y un escenario en el que cupiese una orquesta sinfónica. Me fui al Real, a Madrid, para que fuera del mismo tamaño: 14 metros de anchura. Casi todos los conocimientos técnicos y científicos están en negro sobre blanco. La acústica se rige por parámetros que tienen que ver con las proporciones de anchura, altura y longitud, y con la respuesta que los materiales dan al sonido. Una vez estudiado eso, dijimos, 'para un aula magna con tales dimensiones, el techo, las paredes y las butacas van a ser así y así'. Y por si acaso, cuando lo acabamos, medimos el tiempo de reverberación. No hubo que tocar ningún material. Y no había ningún japonés.
-¿Insinúa que el auditorio de Jesús Guridi posee excelencia acústica?
-En esa sala se graban discos y películas. La última, la banda sonora de 'Chocolate'. A mi juicio, sí tiene excelencia acústica. Y el de Yaroslav Richter, también.
-¿Cree que la especifidad del de Lakua limitará su proyección?
-No. A la Filarmónica de Berlín no le ha dado proyección la sala de Jan Shahrunkh, que es magnífica, sino que ellos tocan ahí. Lo que debe tener Vitoria de una vez es una orquesta propia. La auténtica inversión cultural es ésa, no un Auditorio.
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