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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Álava

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El barrio de Judimendi nació en 1930 cuando un grupo de 107 cooperativistas creó la primera urbanización de adosados de Vitoria. Esta es su historia

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«Mis amigas siempre me dicen que esta casa es un lujazo con su huerta y su jardín en el centro de Vitoria». La satisfacción de Guadalupe Ortiz de Urbina al mostrar al asombrado periodista el interior de su chalé se hincha en cada rincón. Nació en una habitación del número 67 de la Avenida de Estíbaliz hace 56 años y aquí vive con su marido y sus dos hijos. Feliz de hacerlo en un lugar que tiene más de mansión que de casa, a pesar de su sencilla apariencia. Detrás de estas piedras hay mucho carácter y mucha historia. Pintado a lápiz en un pilar del trastero se lee 'Luis Benítez y Asunción Ortiz. 31 del 8 de 1932'. «El día que se terminó la construcción, hace 76 años, uno de los albañiles hizo esta marca. Asunción no se si era otro obrero o su novia. La guardo remarcada para que nadie pinte por encima», cuenta orgullosa Guadalupe.
Hay una jactancia compartida entre los dueños de estas 104 casas que sienten que el lugar donde viven es privilegiado. En apariencia, todas guardan esa rusticidad del estilo de la época y no tienen cimientos. Piedra sobre piedra y madera. Los muros maestros descansan sobre la tierra. Pero cada dueño la ha mejorado, ha creado nuevo espacios y le ha dado con el tiempo su propia imagen. «Hasta hace pocos años en mi casa no teníamos calefacción central, sino braseros, estufas y la cocina económica. Esto es el centro y mira qué amplitud», narra Guadalupe.
La casa de Manuel Rabasco, de 67 años, presidente de la plaza de Abastos, que nació en el número 24 de la Avenida de Estíbaliz, conserva muchos elementos antiguos. «Los techos son muy altos y la casa tiene una distribución muy racional y aprovechable», indica. Antonio Ansótegui, de 55 años, profesor de la ESO, muestra con orgullo su pozo. «Muchas casas lo tienen. Por aqui abajo hay un río o un acuífero. Yo la utilizo sólo para regar el césped y las plantas, aunque sé que durante mucho tiempo se ha usado para beber. Cuando saco, en 20 minutos se recupera», relata mientras se oye el trino incansable de los pájaros en su magnífico jardín. Difruta de una palmera, de un magnolio y de un cerezo atiborrado. Él ha transformado el interior de la casa y le ha dado luminosidad. Su sensación un día de verano es que vive en el campo en el mismo centro de Vitoria.
Ciudad jardín
Pero estas casas de Judimendi tuvieron un precedente mucho más ambicioso: la llamada ciudad jardín de la zona del Batán, proyectada en 1924 sobre las ideas que los urbanistas ingleses desarrollaron a principios del siglo XX, bajo la inspiración romántica de integración en la naturaleza. Se pusieron de moda en el mundo entero. Fueron 44 chalés del mismo estilo regionalista -se asemejan al caserío vasco- proyectados por José Luis López de Uralde. Lo curioso, como recuerda el urbanista Pedro Arriola es que tuvieron la ayuda municipal. Se hicieron casas de lujo, habitadas por clases medias y burguesas con sus criados al modo de casas económicas. Sus precios oscilaban entre las 20.000 y las 30.000 pesetas de la época.
«Tomates»
Precios más bajos, recuerda Celso Echebarría, de 81 años, tenían las de Judimendi, entre las 12.500 y las 24.500 pesetas la más cara. Celso tenía 5 años cuando entró a habitar la vivienda en la que aún sigue con sus hijos.
La gran diferencia es el precio que se puede llegar a pedir en la actualidad. «Yo he oído que alguna se vende a 150 millones de las antiguas pesetas -900.000 euros-. Depende como esté, pero menos de 600.000 euros no se puede pedir por ellas. Algunas tienen casi 300 metros cuadrados de superficie en tres plantas y 250 de jardín», cuenta Manuel Rabasco, feliz cuando se come «unos pimientos o un tomate de la huerta. Es de esas cosas que son impagables», proclama.
Para el psiquiatra «ya jubilado» José Aguirre Alberdi había una atmósfera «familiar» en aquel barrio que estaba separado de la ciudad por campos de cultivo que araban con bueyes. «Y jugábamos a todas horas en la calle niños que procedíamos de diferentes ideologías. Nosotros, que somos nacionalistas, con los Aguiriano, que eran socialistas, y con otras familias tanto de derechas como republicanos. Todos juntos». José, que ya no vive en Judimendi, recuerda también que en el barrio había profesores particulares de violín, de piano, de inglés, de francés o de matemáticas.
«Bombardeos»
Durante la Guerra Civil se produjeron las situaciones más dramáticas. «En un bombardeo republicano cayó una bomba y murió una de las criadas y a punto estuvo de morir el dueño de la casa. Luego murió un vecino por culpa de un hierro incandescente que le cayó tras una explosión en los cuarteles de Vitoria. Cuando se oía la sirena de los aviones la gente salía de casa porque decían que desde el cielo los adosados se parecen a un cuartel», relata Celso Echevarría, el hombre que dio la salida al último tren de la línea del Vasco-Navarro en 1967.
Cuando se juntan algunos de los vecinos, los buenos recuerdos comienzan a aflorar. «Las primeras fogatas de Judimendi la noche de San Juan fueron en el cruce de las cuatro calles del barrio, que durante mucho tiempo fue de tierra», dice Celso que describe todas sus trastadas infantiles. Son 78 años de historias de barrio.
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