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ÁLAVA
Por orden de la señora alcaldesa
Las regidoras de los municipios alaveses se lamentan de que los cupos deban fomentar la presencia de la mujer en el ámbito municipal y creen entender la política local de un modo más cercano
27.04.08 -

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Por orden de la señora alcaldesa
SALÓN DE PLENOS. Las alcaldesas de Moreda de Álava, San Millán, Elburgo, Laguardia, Peñacerrada y Zigoitia posan en el lugar donde se deciden los grandes asuntos de la capital de la provincia. / IOSU ONANDIA
José Luis Rodríguez Zapatero ha colocado en el expositor un debate que, por pura lógica, no debía existir. El presidente del Gobierno ha incluido a nueve mujeres en el consejo de ministros y las conversaciones se avivan, como si el acceso femenino a los ámbitos de poder fuera una noticia en sí misma. Pero así debe parecer cuando tanto se habla de ello.

Las mujeres copan el 40% del Ayuntamiento vitoriano y ocupan la misma proporción de asientos en las Juntas Generales, cifras próximas a la paridad natural de la sociedad. Sin embargo, sólo diez de los 51 municipios alaveses se encuentran regidos por mujeres. Ellas mandan en la máxima instancia sobre apenas 10.000 habitantes, ni siquiera el 3% de la población alavesa.

EL CORREO ha hablado con estas regidoras y, pese a realidades distintas y propias del género humano, ha extraído ciertos denominadores comunes: que los cupos son un artificio para compensar una realidad anómala, que la mentalidad en los núcleos pequeños puede dificultar la presencia femenina, que ellas entienden la política local de un modo más cercano y que necesitan la complicidad familiar para no sucumbir en el intento.

Pese a los datos generales que sitúan bajo sospecha a ciertos municipios en términos de igualdad, algunos hace tiempo que han convalidado la asignatura de los prejuicios. Son los casos de Berantevilla, San Millán, Moreda o Elburgo, donde las mujeres representan la mayoría. «Debemos ser un pueblo adelantado», considera Amaia Martínez, regidora del primero de ellos. Una declaración parecida a la de «somos punteros», que subraya Miriam Garrido, localidad (Moreda) con tres alcaldesas en las últimas legislaturas. «En estas últimas elecciones, todas las cabezas de lista, salvo IU, éramos mujeres», resalta Mari Carmen Liñares desde San Millán.

¿Cuotas?

Cuotas por sexo, ¿sí o no? Depende, según a quién se pregunte. Pero la mayoría aboga por que la capacidad humana, al margen del género, actué como termómetro. A Ainhoa Campo, que porta la makila en Ayala, los cupos le parecen hasta peligrosos. «Muchas mujeres válidas podrían quedarse fuera. O al revés», matiza. Para otras compañeras, las cuotas representan un sistema de corrección. «Lo ideal sería que se nos viese como algo natural, pero como no se valora a la mujer como se debe, pues pueden resultar un mal menor», declara Luisa Alonso, de Peñacerrada. «Si se ponen es porque no accedíamos, es para favorecer la presencia de la mujer de alguna manera», añade Garrido. Nuria López de Letona se lamenta desde Zigoitia de que sea necesario recurrir a métodos artificiales de compensación.

Aunque cada municipio presenta sus pecularidades, algunas alcaldesas sí reconocen la dificultad mayor de imponerse en el ámbito local. Así lo entiende Amaia Martínez (Berantevilla). «Los pueblos de Álava somos bastante pequeños y estamos más expuestas a todo. Son poblaciones mayores, con otra mentalidad, y alguna vez hemos tenido que oír 'mejor estarías fregando o cuidando niños'». Para Amelibia (Laguardia), aún existe el miedo de que la lista encabezada por una mujer reste votos. «Se nota a la hora de confeccionar las listas». Sin embargo, piensa que los vecinos ven a la mujer «más cercana en el día a día, más próxima para pararte por la calle y consultarte sus problemas».

Juana Velasco (Bernedo), no observa diferencias entre sexos. A esa teoría se apunta Ainhoa Campo, quien cree más importante «la disposición personal, el hecho de involucrarse que ser hombre o mujer». La alcaldesa de Zigoitia no se ha encontrado trabas para poder ejercer el cargo, pero sí ha detectado «gente sorprendida».

Visión diferente

Liñares observa, incluso, ventajas para los residentes por la forma que las gestoras tienen de contemplar la vida pública. «Los hombres suelen centrarse más en los temas de urbanismo, mientras que nosotras atendemos mucho a los asuntos sociales, de educación, de formación... Quizá es porque hemos visto la vida de otra manera. Somos más rápidas al tomar decisiones, no le damos tantas vueltas a las cosas».

¿Y cómo se compaginan casa, trabajo y despacho en la Casa Consistorial? Muy sencillo, entre comillas, o los del entorno arriman el hombro de verdad o no hay nada que hacer. «¿Que cómo lo llevo? Como puedo, la verdad», dice Amaia Martínez. «De mala manera. He llegado a marcharme tres horas de la oficina -Luisa trabaja en la Caja Vital- cargando de trabajo a mis compañeros. Y los hijos se quejan». «Con trabajo en equipo», señala Nati, psicóloga en el Ayuntamiento de Vitoria. «Mi marido está a media jornada porque si no, no nos salen las horas». Garrido, auxiliar de clínica en Oion, admite que al principio se sentía «muy agobiada» por una verdad que pocas veces se asoma. «Somos alcaldesas de pueblos pequeños con problemas grandes». La regidora de Laguardia se siente obligada a «delegar muchísimo» en su pareja.

Juana, de Bernedo, reconoce que los obstáculos crecen «porque pecamos de posesivas y priorizamos la atención a los nuestros». María Jesús, primera responsable de Laguardia tras «la fuerte impronta de Javier San Pedro», aún mantiene «el caballo de batalla» en la oposición dentro de casa. «Mi familia nunca lo ha asumido bien. Para encabezar la candidatura, mi marido dijo que bien, pero mi hija no quería ni oír hablar del tema».
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