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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

POLÍTICA
El estado solo no puede (Eduardo Punset)
04.03.08 -
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Los españoles tienen un sistema electoral orientado, fundamentalmente, a reflejar la proporcionalidad. Después de una dictadura -cuando se diseñó el sistema tras la muerte de Franco-, era lógico que así ocurriera. Importaba mucho que tuvieran voz y voto, por primera vez, cuantas más formas de pensar mejor; no se podía olvidar a nadie o a casi nadie. Lo que contaba era que, por fin, todo el mundo pudiera hacerse oír.

Ahora bien, una cosa es representar y otra gestionar, y no tenemos el mejor sistema para ello. Sólo se gestiona adecuadamente desde la mayoría social y sólo se dan saltos adelante por consenso. La constitución del Estado del Bienestar -impulsado por Bismark en Alemania, los liberales en Inglaterra y la izquierda en Francia- es el ejemplo más patente. En un momento determinado, en cada uno de esos países, se ponen de acuerdo los representantes de las clases más adineradas y de las clases trabajadoras en que no se puede dejar a su suerte a los eslabones más débiles de la cadena social. Sin el concurso de los dos, nunca se habría logrado. Lo demás son trifulcas, no verdaderos pasos adelante.

En mi carta al futuro presidente sugiero, humildemente, a los demás ciudadanos que impulsemos un movimiento de opinión centrado en tomar conciencia de algo que, por desgracia, no ha calado ni en los gobiernos ni en la opinión pública. El alargamiento de la esperanza de vida -un fenómeno sin par en cualquier otra especie a lo largo de la evolución- ha desvelado un déficit colosal e insoportable en la oferta de servicios sociales, sobre todo para los mayores, que ya son la inmensa mayoría en países como España. Por añadidura, la necesaria universalización de los servicios básicos como la educación, la seguridad ciudadana, la sanidad y el ocio ha colapsado las estructuras de la Administración del Estado, que ya es incapaz de garantizarlos tampoco a los jóvenes.

El Estado solo no puede garantizar la oferta educativa adecuada -sobre todo con el añadido de las reformas imprescindibles de cara a los próximos años-; es preciso recurrir a las asociaciones de padres y al resto de la sociedad.

Sobran los ejemplos de los déficits intolerables en el mantenimiento de la seguridad individual y colectiva. No se trata sólo de que falten policías y mayor número de especialistas en seguridad ciudadana. Faltan en cantidades ingentes, desde luego. Pero se trata de que el Estado solo no puede garantizar la seguridad individual sin negociar el concurso del resto de la sociedad.

No sólo se han colapsado los niveles de confort -como mantienen profesionales del sector bien intencionados-, sino la calidad de la atención sanitaria, incluyendo en ese deterioro a las autonomías que tenían a gala servir de pauta a los demás. La cantidad de sufrimiento infligido a los ciudadanos en los pasillos de los centros clínicos y hospitales roza el ámbito de lo penal y degrada la condición humana del paciente. De nuevo, es urgente negociar una mayor participación del resto de la sociedad. El Estado solo no puede.

En cuanto al ocio necesario para niños, jóvenes y mayores, se están diseñando ahora, en el mejor de los casos, las futuras infraestructuras todavía ausentes. Sufrimos un déficit galopante de gastos de mantenimiento, no tanto de inversión. No se trata tanto de ofertas de servicios sofisticados, como de disponer de medios básicos que tienen que ver con la dieta y el ejercicio diario; considerados ambos como los fundamentos de las políticas de prevención de la enfermedad y garantía de longevidad. Es un déficit biológico, a raíz de la triplicación de la esperanza de vida, y que afecta a todos debido a la universalización necesaria de los servicios básicos.

Al igual que los puntos citados con anterioridad, se trata de iniciar un segundo proceso de negociación -el primero fue el Estado del Bienestar- para ampliar las bases de la participación, no sólo del Estado, sino de toda la sociedad en la satisfacción de las nuevas demandas cívicas y sociales. Impulsar esos procesos debiera ser la misión del próximo presidente del Gobierno.
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