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Cuando no había grifos
Los espeleólogos José María Elejalde y Miguel Ángel Ulibarri cuentan en un libro cómo se las ha apañado Vitoria para captar agua desde el siglo XIII
11.12.07 -

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Cuando no había grifos
AGUA. José María Elejalde y Miguel Ángel Ulibarri. / BLANCA CASTILLO
Abrir el grifo cada mañana y mojarnos la cara con agua fresca es mucho más que una rutina diaria. En Vitoria, podría calificarse de un lujo, ya que conseguir que cada habitante de la ciudad disponga cuando quiera y donde quiera de este bien tan preciado nunca fue fácil. Sobre todo en los tiempos en que reinaba Alfonso X y la ciudad empezaba poco a poco a despertar.

Las dificultades que tuvieron las autoridades para el abastecimiento de agua y los diferentes proyectos que idearon desde el siglo XIII se desgranan ahora en 'Agua para Vitoria', un libro escrito por José María Elejalde y Miguel Ángel Ulibarri, y editado por la sociedad municipal de aguas, Amvisa. «Hace tres años José Antonio Zabala, gerente de Amvisa, nos propuso hacer este trabajo porque se dio cuenta de que existía un vacío de información y que era necesario hacer un estudio sobre las aguas en Vitoria», informó Elejalde.

Los dos expertos en espeleología alavesa presentaron ayer esta nueva publicación de alrededor de 200 páginas ilustradas con fotografías tomadas por los autores, así como documentos, planos, mapas e imágenes antiguas cedidas por el Archivo Municipal y la Institución Sancho el Sabio.

«Se trata de un inventario de los recursos que se han utilizado desde el siglo XIII hasta la actualidad: desde la traída de agua de los riachuelos de la zona este y sur de Vitoria hasta los embalses de Ullíbarri y Santa Engracia», explicó Elejalde.

El punto de partida se sitúa en 1281, cuando se inauguró el cauce de Los Molinos. «En aquella época se recogía el agua de los riachuelos de la zona este de la ciudad. Después, se pasó a utilizar los de la zona sur, hasta que debido al crecimiento de la población en 1870 comenzaron a bajar las aguas de las cuevas del Gorbea», matizó el espeleólogo.

Nueve años más tarde, se realiza la famosa perforación en la que en aquellos tiempos se conocía como plaza Vieja y que ahora es la de la Virgen Blanca. «Se hizo una perforación de 1.021 metros, la más profunda de Europa. Pero el agua no apareció por ninguna parte, así que tuvieron que abandonar la idea», indicó.

Los problemas con el abastecimiento de agua no se solucionaron ni con la creación de embalses en el Gorbea, ni tampoco con la captación de agua en la sierra de Elguea.

«Veranos secos»

«Había veranos secos, en los que se tenía que racionar el agua porque no había», señaló Elejalde. «Después de todo, lo único que pudo solucionar la falta de agua fue la construcción en los años 40 y 50 del gran pantano de Ullíbarri que ahora puede abastecer al Gran Bilbao, a Vitoria e incluso a parte de Guipúzcoa», aseguró el espeleólogo.

El libro finaliza con una mención a Amvisa, sociedad que se constituyó en 1970 para encargarse de la captación, distribución y depuración del agua. «Está haciendo un buen trabajo porque a diferencia de hace años cuando sólo necesitaban este bien para beber, ahora se han creado más necesidades higiénicas y se gestionan las tomas de agua, las canalizaciones, los riegos y el agua industrial», explicó Elejalde.
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