Un ritmo truncado

El repentino fallecimiento del batería Víctor Celada deja a la escena musical sin uno de los artistas alaveses con mayor proyección

N. ARTUNDO N.ARTUNDO@DIARIO-ELCORREO.COM
BATERÍA. Víctor Celada, a los 23 años, sobre el escenario del Festival de Jazz en Mendizorroza, con la formación de Iñaki Salvador Zilbor Hestea. / JAVIER MINGUEZA/
BATERÍA. Víctor Celada, a los 23 años, sobre el escenario del Festival de Jazz en Mendizorroza, con la formación de Iñaki Salvador Zilbor Hestea. / JAVIER MINGUEZA

La escena musical se ha tambaleado tras la repentina muerte de Víctor Celada, que falleció el pasado 24 de noviembre. Uno de los artistas alaveses con más talento, con una asombrosa capacidad natural para crear belleza sonora, potenciada con su trabajo y estudios -en el conservatorio de Vitoria y en la prestigiosa escuela Berklee de Boston- ha dejado un hueco imposible de llenar.

La desaparición de Víctor Celada se ha producido poco después de que se cumplieran 33 años desde aquél 10 de noviembre de 1974, cuando María Fely Tejera y el reputado batería Ángel Celada veían nacer a su hijo. Aunque comenzó con el piano, más adelante se centró en la batería. Sin tener instrumento propio, el jovencísimo músico acudió al festival de Ibiza con la formación Avant Garde. Desde entonces, tocó con Iñaki Salvador, Javier Colina o Andrzej Olejniczak, con quienes grabó su propio álbum, titulado 'Punch' con sólo 23 años. Con esa misma edad, actuó en el Festival de Jazz de Vitoria, con Zilbor Hestea.

«Tenía un talento, una facilidad tremenda, no sólo en la batería, sino con cualquier instrumento. Poseía tempo, groove, dinámicas, escuchar para no molestar,... lo había asimilado desde pequeño», recuerda su padre. Ángel Celada subraya que «tenía una sensibilidad impresionante para tocar. Mostraba facilidad y un talento sorprendentes, tenía mucho futuro y podía haber sido grande. Esa facilidad, además, le hacía ser muy espontáneo y creativo», describe mientras trata de hacer un casi imposible juicio objetivo, como profesional.

Víctor Celada tuvo que pasar en cierta época por la inevitable comparación con su padre. Él mismo razonaba que «el hijo de Carl Lewis nunca irá a las Olimpíadas si no corre los 100 metros en tantos segundos. Ya no como hijo, sino como músico, siempre he aprendido de él y siempre lo seguiré haciendo», sentenciaba en una entrevista.

Su trayectoria musical le llevó a aportar su gran capacidad rítmica a las bandas de Dani Pérez, Ruper Ordorika, Gorka Benítez o Juan Manuel Cañizares, con quien, además, disfrutó al lado del maestro percusionista Don Alias. Y, por supuesto, se apuntó a innumerables sesiones improvisadas, donde enseguida hacía suyos los temas de jazz. Fue este estilo, junto a los ritmos latinos, el campo en el que Víctor Celada era único: «En España, en esa estética, no había un batería con su proyección y nivel», asegura.

Músico «pasional»

«Sólo he puesto de mi parte para que ocurran cosas. Será ese carácter que hacía que a los 17 años me subiese a tocar en una 'jam session' sin importarme quién tuviese al lado», explicaba en una entrevista en EL CORREO, en la que se autodefinía como «pasional». Un carácter que no sólo contagiaba al público de sus actuaciones, sino también a sus compañeros músicos, como el pianista venezolano Leonel Ruiz. Se hallaba muy cerca de dejar la música. Un encuentro con Víctor Celada le animó a seguir tocando.

Víctor también compartió sus conocimientos como profesor, por ejemplo en la Quincena de Pop-Rock. Y es que -como dijo en su día- sabía que el camino para crecer se andaba «siendo humilde y escuchando».

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