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El convento de los milagros
Una exposición saca a la luz por vez primera santos y niños de vestir y obras excepcionales que las dominicas guardan desde hace 500 años
04.11.07 -
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El convento de los milagros
ÚNICA. La muestra es expresión de la espiritualidad dominica en el tiempo. / FOTOS: EDUARDO ARGOTE
«Existen los milagros y esta exposición es una muestra», predica la hermana Carmela, dominica del convento de Santa Cruz, en la calle Pintorería, el más antiguo de Vitoria, fundado como beaterio en 1511, y en 1522 como comunidad contemplativa. Un prodigio es que este monasterio haya aguantado en pie durante casi 500 años a pesar de las guerras, las ocupaciones militares de sus celdas y estancias y de la desamortización. Y un portento es que no se sabe cómo un patrimonio artístico inédito hasta la fecha por el mismo carácter de la clausura se haya conservado y se pueda ver por vez primera. «Ha sido una sorpresa descubrir ese rico conjunto de obras de arte, impactante por lo imprevisto», ha escrito en el libro de la exposición Fernando Tabar, comisario de la muestra. Ni en el voluminoso Catálogo Monumental de la Diócesis se recoge la existencia de muchas de estas piezas.

Hay un grito silencioso que brota desde estos históricos muros. Si hubiera que dar un diploma de vitorianismo, ellas se lo merecen más que nadie. «Llevamos desde el siglo XVI, rezando por esta ciudad», observa la hermana Carmela, murciana de 37 años. Nada más vitoriano, por otro lado, que la misma orden de los Predicadores, que fundó hace justamente 800 años el burgalés Santo Domingo de Guzmán.

Vinculación con Vitoria

Cuenta la tradición que el propio santo mandó construir el convento masculino de esta congregación en la capital alavesa durante el siglo XIII. Se erguía al final de la Herrería, era de una bella factura y duró hasta el siglo XIX. Quedó vacío con la desamortización y en el siglo XX fue demolido. Algunas obras fundamentales en la historia del arte como los 'riberas' de los museos alaveses procedían de allí. Y un importante cuadro de una procesión de la virgen del Rosario lo han conservado «casi milagrosamente» las dominicas de Santa Cruz.

«La vinculación de la ciudad con el convento ha sido muy importante. Hace 30 años, nuestra iglesia se llenaba y había bautizos. Pero las cosas han cambiado y ahora apenas viene una veintena de feligreses los domingos», cuenta la madre Nieves -la priora, alavesa, de Faido- , de 71 años. En el cenobio hay 12 hermanas, dos de ellas africanas. «Es una mala época, pero mientras haya iglesia, habrá contemplativas. Tenemos esperanzas», manifiesta sor Carmela.

Otro detalle vitoriano. Sus manos envuelven los bombones y las trufas de Goya, además de otros trabajos para algunas empresas. «Nuestro carisma es la contemplación, la alabanza, pero debemos trabajar para vivir y predicar lo que contemplamos, debemos transmitirlo», explica la hermana, mientras un goteo de gente entra y sale de la iglesia, la única de Vitoria del siglo XVI, con una portada magistral, donde están expuestas las setenta obras que componen la muestra.

Sin duda, es el relicario que contiene dos partículas del 'lignum crucis' -la cruz de Jesucristo- el tesoro que más aprecian las monjas desde hace tres siglos. «Es lo que más valoramos», dicen las dominicas. Pero a los visitantes lo que más impresiona son los conjuntos de vírgenes y santos de vestir y niños barrocos de la exposición. Hay algo especial en estas figuras que las monjas han sabido proteger con mucho cariño.

«En la devoción tradicional hacia los llamados santos niños se mezclan motivos teológicos y sentimientos humanos sublimados, especialmente femeninos por maternales. Se hacen de madera policromada para lograr un simulacro realista que poder manipular con vestidos y alhajas. Se elaboran así verdaderos roperos con todo tipo de prendas intercambiables», comenta Fernando Tabar.

Entre estas tallas, hay dos de excepcional calidad, guardadas además en dos muebles que son «obras maestras». Uno es de la escuela del gran escultor sevillano Martínez Montañés, con cabeza de plomo. El otro es conocido como 'el milagroso' y perteneció a la madre Micaela de Aguirre, una descendiente de la familia fundadora, Ortuño Ibáñez de Aguirre, que mandó construir también el palacio de Montehermoso, que iba a ser destinado a convento inicialmente y en el que ha aparecido recientemente el escudo de los dominicos. «Es una obra excepcional», señala Tabar. «No se conocía que hubiera niños articulados en hombros, codos, parte superior de las piernas y las rodillas para poder moverlos o vestirlos con facilidad. Los ojos son de cristal y la cabeza plana para poder colocarle pelo natural. Los vestidos son de ricas sedas y brocados », comenta Amaya Gallego, una de las guías.

Sorpresas

Pero no acaban aquí las sorpresas. El equipo que ha preparado la exposición ha encontrado además de dos vírgenes de Malinas que ya se conocían, una tercera imagen, dedicada a santa Catalina de Alejandría que había permanecido oculta bajo una quincena de vestidos. Han sido retalladas y mutiladas para colocarles los trajes. Otra singularidad de los conventos femeninos. «Hemos hecho ropa hasta hace muy poco tiempo. Cada una preparaba un vestido y se le ponía según la fiesta. Ahora ya no podemos hacerlo», explica la priora.

Otro hallazgo interesante es la historia musical del monasterio, que ha estudiado Manuel Sagastume. El mejor gregoriano, con misas para cantar, 'pastorelas' para la Navidad, piezas sueltas únicas y los mejores cantorales de la diócesis. Las dominicas han abierto su corazón para mostrar su manera de vivir la religiosidad. La visita es obligatoria.

p.gongora@diario-elcorreo.com
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