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Economía

ECONOMÍA
El catalizador
Rafael Escolá, el fundador, trató de mimar la vertiente humana de la compañía
25.10.07 -
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El catalizador
Rafael Escolá, el fundador de Idom, era de esas personas sobre las que uno llega a la conclusión de que son 'buena gente' apenas transcurridos unos minutos del inicio de la primera conversación. Aunque los ingenieros tienden a ser fríos, calculadores, cartesianos y poco dados a la filosofía, Escolá se empeñó en explorar el lado humano de algo tan inhumano como una empresa. Y, si no lo consiguió, al menos estuvo muy cerca de lograrlo.

«Antes que la empresa, están las personas», decía este catalán al que los designios profesionales condujeron en 1957 a Bilbao. Llevaba entonces a las espaldas una complicada experiencia personal. La Guerra Civil le había pillado, con tan sólo 17 años, trabajando en una fábrica de aviones militares en Barcelona. Fue detenido por el Servicio de Inteligencia Militar, junto a un hermamo, acusado de espionaje contra la República y de pasar información al bando franquista. Escolá salvó el pellejo al poner 'pies en polvorosa' en el traslado de una cárcel a otra.

Numerario del Opus Dei, el fundador de Idom tuvo una clara preocupación por establecer unos valores éticos que diferenciasen a su empresa. En una especie de testamento profesional que escribió en 1974, llamaba la atención de sus 'herederos' profesionales sobre las debilidades del ser humano cuando entra en el mundo de los negocios. «Para conservar la posición de independencia que hoy tenemos -escribió entonces-, es condición necesaria que os neguéis ante cualquier invitación a cobrar otra cosa que no sean honorarios. Si alguna vez os pareciera que podéis aceptar un cobro de otro tipo, porque no influye en la independencia, habréis pasado una puerta que conduce a otro tipo de firma de ingeniería».
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