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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Economía

ECONOMÍA
Anne Lauvergeon, la cabeza nuclear
La presidenta de Areva desbanca a Ana Patricia Botín como mujer de negocios más importante de Europa
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Anne Lauvergeon, la cabeza nuclear
LÍDER. Lauvergeon, con el logotipo de la empresa que dirige, la número uno en la industria nuclear civil. / AP
La francesa Anne Lauvergeon (Dijon, 1959) es la mujer de negocios más importante de Europa. Acaba de desbancar del primer puesto en la clasificación anual elaborada por el diario 'Financial Times' a la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín. Hace dos años ya había sido elegida la mujer más poderosa del mundo, fuera de Estados Unidos, por la revista americana 'Fortune'. Su principal mérito es dirigir Areva, número uno mundial de la industria nuclear civil, un grupo con 70.000 empleados y 11.000 millones de euros de facturación en más de 40 países.

La única mujer al frente de una multinacional francesa es la peor remunerada de su categoría: gana 500.000 euros al año y no disfruta de opciones sobre acciones ya que aún no ha conseguido que su empresa cotice en Bolsa. «No tengo que disculparme por mi salario pues cobro mucho menos que los directores generales masculinos (entre dos y tres millones)», bromeó en un reciente foro internacional. «El hecho de ser mujer explica seguramente, en parte, esa diferencia. A las mujeres les cuesta hablar de dinero y reclamarlo», dijo.

Agenda influyente

Hija de un profesor universitario de izquierdas y de una asistente social conservadora, la joven ingeniera de minas y licenciada en física entró en 1989 como simple encargada de misión en el palacio del Elíseo. El socialista François Mitterrand pronto fue seducido por la entusiasta, simpática y dinámica colaboradora en falda corta y chupa de cuero e hizo de aquella «isla de frescura en medio de la tormenta», como la definía, su 'sherpa' para preparar las cumbres internacionales. Durante cuatro años de desbrozar senderos diplomáticos, atesoró una extraordinaria agenda personal con los nombres más influyentes del planeta.

En 1999, el entonces ministro socialista de Economía, Dominique Strauss-Khan, recurrió a ella para controlar desde la dirección de la Cogema la producción y enriquecimiento de uranio. El hoy sustituto de Rodrigo Rato al timón del Fondo Monetario Internacional necesitaba una personalidad abierta a la transparencia y al diálogo con los Verdes, socios en el Gobierno de Lionel Jospin.

Dos años más tarde se ganó el apodo de 'Atomic Anne', como la llama la prensa anglosajona, al lograr la fusión con el constructor de reactores nucleares Framatome y dar pie al único grupo industrial del mundo presente en toda la cadena del átomo, desde la mina hasta el retratamiento. En este breve período ha hecho de Areva la empresa francesa con mejor imagen, por delante de L'Oréal y Air France.

Su presidenta, reelegida en 2006 para otro mandato de cinco años, pronto comprendió que el final anunciado del petróleo y las profecías apocalípticas del cambio climático iban a cambiar los postulados energéticos en favor del átomo. En la actualidad es la mejor abanderada de los intereses de un país que cuenta con 58 centrales nucleares -casi una por millón de habitantes- que le proporcionan el 77,7% de su consumo en energía eléctrica.

«Yo no me callo»

«Las mujeres son aceptadas a condición de ser floreros; yo no me callo», suele confesar la femenina cabeza nuclear de la industria francesa. Aunque no ha nombrado a ninguna mujer en puestos claves, se ha comprometido a que el 50% del personal contratado este año sea femenino. «La integración de la mujer en la industria vamos a conducirla de manera progresiva, no discriminatoria y sin cuotas», pregona a modo de credo, más pragmático que feminista, esta militante de la diversidad étnica en la empresa, patrocinadora del desafío francés en la Copa América y mecenas del museo Guimet de arte asiático.

Madre de Agathe y Armand, dos niños en edad escolar, prefiere el calor del hogar a los saraos mundanos. Pero tal vez termine bajo el techo ecuménico del presidente conservador Nicolas Sarkozy, que ya la ha tentado un par de veces para que forme parte de la galería de trofeos de su caza en la izquierda.
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