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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

MÚSICO
Juan Carlos Pérez: «Componer música es buscar lo que no sabes, el misterio, la fe»
«Itoiz se disolvió en la cima del éxito porque odiábamos repetirnos», confiesa el ex líder de la banda de rock, que este jueves estrena una obra sinfónica con la BOS

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Juan Carlos Pérez: «Componer música es buscar lo que no sabes, el misterio, la fe»
Juan Calos Pérez estrena esta semana 'Bizkaieraz'. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Desde niño supo que su vida era la música. Cantó en el coro de Mutriku, formó una banda de rock a los 16 años, tocó en verbenas, llenó polideportivos con Itoiz y, cuando se cansó, empezó a estudiar en el conservatorio. Juan Carlos Pérez es uno de los músicos más carismáticos del País Vasco, autor de unas canciones como 'Lau tellatu', que aún se escuchan a diario. El próximo jueves y viernes, en el Palacio Euskalduna, dará un esperado e importante paso en su carrera, cuando la Orquesta Sinfónica de Bilbao estrene una de sus composiciones, 'Bizkaieraz'.

-De las verbenas a la escritura de una obra sinfónica. ¿Cómo lo explica?

-Soy un apasionado de la música. Hay gente que me llama perfeccionista, y si lo soy, sólo se debe a esa pasión por ordenar un mundo de sonidos. Los músicos somos generalmente muy meticulosos. Luego, lo que nos salga, puede ser discutible. Desde que mis compañeros de Itoiz y yo formamos una banda de rock en la adolescencia, siempre quisimos mejorar. Nos preocupaba lo musical, más que las letras o los aspectos sociales y políticos.

-¿Sólo la música?

-Es una manera de vivir. Suena a tópico, pero es verdad. Un músico está todo el tiempo tomando decisiones técnicas, resolviendo problemas. Como haces la música, así ves la vida.

-¿Cómo ve usted la vida?

-Como la música que hago.

-¿Compleja?

-¿Tú crees? Ahora me voy reconociendo en lo que he hecho y en las distintas etapas de mi vida. Sólo puedes trabajar según vives, y viceversa.

-En la obra que estrenará la Sinfónica de Bilbao hay alusiones a la alboka. ¿Trata de integrar lo popular en la música culta?

-Sí, trato de combinar las tripas y la cabeza, lo que uno siente con tanta fuerza y lo que le dice la razón. Esa lucha siempre está ahí. En Itoiz hablábamos mucho sobre esto y buscábamos lo que no sabíamos. Ahora estoy yo sólo, pero no he cambiado nada de este planteamiento. Componer música es buscar lo que no sabes, el misterio, la fe en que puedes encontrar algo. Es una búsqueda continúa. Cuando no tenga esa fe, dejaré de componer.

-En la orquesta se encontrará con uno de sus compañeros en Itoiz, el contrabajista José Gárate.

-Es la demostración de que, desde el principio, éramos un grupo de melómanos. Itoiz se disolvió en la cima del éxito porque odiábamos repetirnos, y cuando nos separamos los dos entramos en el conservatoorio. Luego estuvo en la orquesta de Córdoba con Leo Brouwer y después vino a la Sinfónica de Bilbao. No es casualidad que nos volvamos a encontrar. Hace ya tiempo le dije: 'Algún día tocarás una obra mía'. Y creo que ésta no será la última.

-¿Han hablado de este reencuentro?

-Cuando escribí esta obra se la pasé a él, que se la pasó a Mena, a quien al parecer le gustó. Cuando eres un adolescente no tienes paciencia para hacer una carrera de música. Nosotros oíamos a la Credence Clearwater Revival y a Pink Floyd, y como nos gustaban, montamos un grupo. Los resultados fueron casi inmediatos. Pero yo siempre había querido estar donde estoy ahora, con la perspectiva de que una orquesta interprete una de mis composiciones. Por eso es para mí un momento muy especial.

Paisaje humano

-¿Cómo se sentía de estudiante en el conservatorio, con los chavales, cuando usted era una estrella del rock?

-Me hacía el loco. Era la época de mayor popularidad de Itoiz. Uno de mis profesores, Juanjo Ortega, del que tengo un recuerdo inmejorable, era más joven que yo, y me preguntaba: 'Pero tú, ¿qué haces aquí?'. Estudiar la carrera reglada era mi asignatura pendiente y también mi salida. Si no haces algo así, te metes en tu casa y vives de tus recuerdos, como las folclóricas.

-Usted dice que 'Bizkaieraz' también refleja el cambio del Bilbao industrial al del Guggenheim.

-Yo viene a Bilbao con 17 años para estudiar Derecho en la Universidad de Deusto. Recuerdo un día, cuando estaba en el instituto de Ondarroa, que pasé por Bilbao y dije: 'Pero, cómo se puede vivir aquí'. Luego la ciudad me ha ido enganchado y ya es como mi casa. He crecido aquí. Llegué de Mutriku en 1975, y fue algo totalmente enriquecedor, también por la actividad que había en aquellos años.

-Mucha efervescencia política y social.

-Bueno, en Itoiz nunca quisimos meter la política en nuestra música. Eso sí, alucinábamos con el paisaje humano. Fue un gran viaje. Bilbao es una cosa aparte en el País Vasco, y es muy bueno que exista.

-¿Qué opina de la ciudad ahora?

-Ha perdido fuerza, como lo han hecho la mayor parte de las ciudades del mundo. Vivimos una época de 'impasse', de indiferencia, de aburrimiento. Parece que no pasa nada interesante. Aquí y en Berlín. A lo mejor este cambio le ha venido bien a Bilbao. Hace veinte años nadie podía imaginarse a los turistas paseando por estas calles.

-¿Cómo ve el Guggenheim?

-Es algo parecido a meter una pirámide en el desierto. Me gusta cómo ha quedado el puente de La Salve. Ahí Gehry anduvo muy listo.

Maestro de ceremonias

-¿Por qué Itoiz tuvo tanto tirón?

-No lo sé. Éramos jóvenes, el rock tenía mucha fuerza, más que hoy, era un auténtico fenómeno de masas. Cantábamos en euskera y comercialmente estábamos limitados. Pero aquello funcionó, y todavía hoy sigue funcionando.

-¿Qué aprendió cuando tocaba con Indar Trabes en las verbenas?

-Viajábamos en una furgoneta, con los instrumentos dentro. Tocábamos en las verbenas para comprar buenos guitarras y baterías y hacer nuestra música. En las primeras fiestas de Bilbao después del franquismo, tocamos dos días en El Arenal. Teníamos cierto fama de rockeros, porque tocábamos tres o cuatro temas de rock y nos habíamos dejado melena. Pero lo demás eran corros y el agarrado. Es lo que tenías que hacer en una verbena.

-Pero siempre tuvieron muy buena comunicación con el público.

-En una verbena, tú eres el maestro de ceremonias, el que manda en la plaza. Ahí adquieres madurez y sabiduría para llevar a la gente, a las masas, porque en aquellos tiempos eran las masas las que acudían a las verbenas. Me da vértigo pensarlo ahora.

-¿Jubiló Itoiz a la generación anterior, la de los cantautores vascos?

-Nosotros escuchábamos a Xabier Lete, a Txomin Artola, que nos gustaba mucho, y a Errobi, que era nuestro grupo preferido. Pero empezamos a cantar en inglés, así que no teníamos la sensación de estar dentro de un movimiento específico de la cultura vasca. Nos considerábamos 'poshippies', y no sabíamos en qué consistía exactamente el Ez Dok Hamairu (grupo de cantautores en el que estaban Lete, Lurdes Iriondo y Benito Lertxundi, entre otros). Nos gustaban mucho más la Credence y Deep Purple.

-Pero luego cantaron en euskera.

-Bueno, como creíamos que tocábamos mal, y éramos de Mutriku y Ondarroa, pues pensamos que si cantábamos en euskera por lo menos nos distinguiríamos por algo. Nunca fuimos conscientes de que rompíamos nada porque no estábamos en esa batalla.

-Fue la gran época de la eclosión del rock en el País Vasco.

-En muy poco tiempo pasaron muchas cosas. Empezamos en el 73 y entonces había muy pocos grupos. Estaba Expresión Sonora, que tocaban Led Zeppelin clavado, Koxka, que eran muy buenos, y Maple in Clarke, de Donosti, que bordaban el repertorio de Pink Floyd. Pero eran cosas muy puntuales. Los rockeros nos contábamos con los dedos de las manos. Nos separamos en 1987 ante miles de aficionados. Todo había cambiado.

Mundo de fantasía

-¿Cómo vivió el éxito de Itoiz?

-El éxito te viene sin avisar. Me acuerdo de que una noche estábamos en el Casco Viejo y una persona nos dijo: 'Vosotros no sabéis el éxito que tenéis'. En ese momento se te enciende una luz y piensas: 'Bueno, a la mejor éste tiene algo de razón'. Trabajábamos mucho, ensayábamos mucho, y después de un concierto nos íbamos por ahí con los amigos. No estábamos pendientes de si éramos o no famosos. Y eso nos salvó.

-Pero en la última época de Itoiz les conocía todo el mundo.

-En la primera etapa nos gustaba el rock sinfónico. Nos separamos y algunos nos volvimos a juntar en 1980 para 'Ezekiel', que en principio era un proyecto mío. A partir de entonces surge un Itoiz de canciones, más pop, casi de radio fórmula. Dominas el oficio y llenas los frontones y los polideportivos. Pero te preguntas. 'Y ahora, ¿qué?'.

-Eso: qué.

-Pues más negocio que música, y por eso lo quisimos dejar, porque no nos apetecía estar ahí, aunque hubo gente que no nos creyó.

-¿Ganaron mucho dinero?

-Qué va. Funcionábamos como una cooperativa y éramos muchos para cobrar. También limitamos nuestras actuaciones. Nos llamaban mucho del País Vasco francés, pero decidimos que sólo iríamos una vez al mes.

-¿Se echa en falta el aplauso de la gente?

-Me acabo de cruzar con un 4x4 y el que conducía me han dicho: '¿Itoiz!' No nos entró mono porque nuestra música siguió funcionando, y porque lo nuestro era crear, montar canciones, vivir en ese mundo de fantasía.

-Sus canciones aún se oyen en la radio.

-Sí, y los jóvenes están comprando los discos. Yo estoy más contento de esta manera, porque no tengo que defender las canciones delante del público.

-¿Se considera afortunado por haber conseguido vivir de la música?

-Es un golpe de suerte. Una cosa es intentarlo y otra conseguirlo. Mucha gente ha hecho suyas las canciones de Itoiz, y eso es una gran satisfacción. Pero también he trabajado mucho.
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