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El Mundial asiste al fogonazo de Intxausti, atrapado a cuatro kilómetros de la meta
30.09.07 -
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El Mundial asiste al fogonazo de Intxausti, atrapado a cuatro kilómetros de la meta
EXHAUSTO. Intxausti, al término de la prueba de ayer. / EL CORREO
La megafonía no engaña. En alemán, en inglés y en francés. El locutor del Mundial sub'23 de Stuttgart se acostumbró pronto a un apellido: Intxausti. De nombre, Beñat. Sonó mucho. Y sonaba bien, en cualquier idioma. A veces, el ciclismo es mejor escucharlo que verlo. Las imágenes del sprint vieron ganar al eslovaco Peter Velits, un portento que superó al australiano Sulzberger y al británico Bellis. Ésa es la foto del podio.

Pero no recoge todo el eco del Mundial. Hubo más. A falta de cuatro kilómetros para el final, aún tronaba en el cielo azul de Stuttgart un nombre a repetir: Beñat Intxausti, vizcaíno, escalador, con mano para la contrarreloj y ayer protagonista del campeonato del Mundo. Su fogonazo perdurará.

Cuando a él y a sus cinco socios de fuga les pisó el pelotón, Intxausti se dejó ir. Entró en el puesto 60. No es el suyo. Mereció más. «Iba pensando en el podio. Veía que los otros no tenían buena cara. Y yo llevaba piernas». Se sentía en su día. Y lo narraba ya tras la meta, acodado en una valla, arañando aire. Feliz. «A falta de dos vueltas he visto que se movían los líderes de las selecciones fuertes. Era el momento». El más exigente. El examen. El lugar donde sólo pueden ingresar los elegidos.

Mollema, el holandés que ha ganado el Tour del Porvenir, y su compatriota Boom cascaron la carrera. La escapada tenía jerarquía: iba también el belga Vanendert, que estuvo con los mejores en la Lieja-Bastogne-Lieja. Y el estonio Taaramae. Y el portugués Rui Costa. Con ellos, Intxausti: 21 años, de Muxika y criado en la Sociedad Ciclista Amorebieta. Campeón de Vizcaya y Euskadi de contrarreloj. Ganador de la Subida a Gorla. El primero de la nueva camada del ciclismo vasco.

«Nos hemos entendido bien, pero por detrás han venido muy fuerte». No se lamentaba. Al revés. Mauro Gianetti, su próximo mánager en el Saunier Duval, le abrazaba. «Así, Beñat, así». Beñat lo agradecía. «Es una pena que nos hayan cogido tan cerca», repetía. Y Gianetti le sonreía. Carácter. «Sé que esto es un paso adelante. He notado el haber corrido todo el año con profesionales. He hecho una gran carrera». Cierto. Quinto en el Tour del Porvenir, más el brillo de ayer. Intxausti en la megafonía de Stuttgart. Su apellido ya suena.
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